OÍDO EN UNA MESA DEL CAFÉ POR PARTE DE UNOS CABALLEROS MUY LÚCIDOS
En una mesa del café, algo de lo que
dijeron a mi lado atrajo mi atención:
“Nuestra alma fue sensual, prieta,
pero el tiempo transcurre inexorable,
y si contemplamos los días
que quedaron atrás, vemos noches
fulgurantes mordidas de olvido,
y el vacío en los ojos del hombre anciano”.
Nada ha cambiado. La sangre todavía
tiembla, pero la roca del tiempo nos seca.
Solo somos un negruzco cerebro hacia la nada.
Y en el fondo -dijo uno- no dejamos de ser
niños extraviados en un gran bosque.
