Charles 20

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS
«Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero», Horacio, I, 9.

Cuando el tiempo empañe
tus ojos, como escarcha del alba
tras la fiesta, y los ya lejanos días
de la juventud parezcan esconderse
en galerías de sombras,
y tu piel se seque,
y la memoria empiece a fallar,
o el espejo te humille,
y se acabe el hechizo de los besos,
o aquel deslumbramiento del placer
sea solo un opaco eco en el abismo,
entonces recuerda
los placeres dados a un cuerpo amado,
cómo brillaban tus ojos
ante la emoción de los miembros desnudos,
y que deseaste,
y que fuiste deseado,
pero sobre todo no olvides,
nunca olvides,
la delicia y el perfume
de los inmortales amores rutinarios.

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