Hoy compré, de Heinz-Dieter Ebbinghaus, «Einführung in Die Mathematische Logik», y, de George E. Andrews, «Number Theory».
Ebbinghaus sostiene que la matemática es, en última instancia, una práctica formalizable cuyos límites, estructura y validez solo se comprenden plenamente a través de la lógica de primer orden y la teoría de modelos. Andrews propone que la teoría de números no es un catálogo de resultados, sino un campo vivo que se comprende mejor a través de patrones, ejemplos y combinatoria.
Ideas platónicas, razón pura, axiomas, argumentos técnicos, demostraciones, deduccciones. Nada de pasiones y desamores, ni de la negra bilis de la melancolía, ni del buque fantasma del deseo humano; solo fórmulas y teoremas. La felicidad.
No quiero leer nada que me recuerde a lo humano. Quiero extirpar de mi cerebro aquel dístico elegíaco de Marbodo de Rennes: «Non ego divitias, non regna superba requiro: / unus amor nobis sufficit atque fames» (No busco riquezas ni reinos soberbios: un solo amor nos basta —y su hambre) y sustituir toda preocupación mental a una serie de conjuntos, números, funciones y estructuras.
