“El rasgo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera. Como en Norteamérica, decir ‘ser diferente’ equivale a incurrir en indecencia. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese ‘todo el mundo’ no es ‘todo el mundo’. ‘Todo el mundo’ era normalmente la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora ‘todo el mundo’ es sólo la masa”, Ortega y Gasset.
“La prensa ha tomado el lugar de la realidad. Ya no informa sobre el mundo: lo produce. El periodista no describe los hechos: los sustituye por su versión de ellos, y esta versión se convierte en el único mundo accesible. Así, lo insignificante adquiere proporciones gigantescas, y lo esencial desaparece sin dejar rastro. Cuando el sol de la cultura está bajo, hasta los enanos proyectan grandes sombras; y en ese crepúsculo, la palabra se vuelve ruido y el pensamiento, un estorbo”, Karl Kraus.
“Vivimos en una cultura en la que la palabra ha sido devaluada por el exceso de uso. Las palabras ya no cargan con el peso de la experiencia; se han vuelto intercambiables, ligeras, disponibles para cualquier propósito. El resultado es una inflación verbal que empobrece el pensamiento. Cuando todo puede decirse con facilidad, nada se dice con verdadera intensidad”, Steiner.
