Tentativas 122

(Mis maestros)

Querido Borges, agradezco su álgebra especulativa, su imaginación geométrica, el rigor verbal como una máquina analítica, el que huyera de las miasmas de la exploración psicológica profunda. El mundo abstracto y mental compensa mi vida de furia sentimental morbosa. Prefiero un símbolo a la miseria de la carne, un espejo y un concepto al temblor de la vida. La parábola y la metafísica son mejores que la sangre. Pero la vida duele, y eso aquí no está.

Querido maestro Álvarez, agradezco el don del estilo, la aristocracia, la máscara, la cultura. La emoción no en bruto, sino ligada, subordinada a referencias de la pintura, de la literatura, del cine. La estilización de hoteles, viajes, lecturas, cuerpos y decadencias. El refinamiento cosmopolita y el crepúsculo en Estambul. La realidad ya presenta en sí misma resistencias y conflictos; gracias, maestro, por el afecto y el arte puro. Le quise mucho. Me ayudó generosamente. Es usted el mejor aroma en los jardines del sueño.

Lamas, me ofreces, más que la experiencia, la sustitución de la experiencia en discurso. Por una retórica de tan alta exigencia. Por una voluntad de estilo que no admite concesiones. Por la concepción aristocrática de la cultura. Por los griegos y Shakespeare y Cunqueiro. Lamas Crego escribe como si la literatura no debiera nada a la vida; y ahí reside, a la vez, su grandeza y su límite, el más hermoso y fatal límite. Lamas, ardiente inteligencia asentada en el aire, paraíso sin tapias salpicado de espejos.

Dr. Rodríguez Gracia, científico humanista con propensión a la tradición premoderna: la del naturalista que observa, anota y describe con minuciosidad casi obsesiva. Hojas, nervaduras, élitros y antenas, mezclados con Cervantes, Bakunin, Teresa de Jesús y Gil de Biedma. Sus páginas están atravesadas por una prosa rica, a veces incluso suntuosa, que transforma al insecto o a la planta en objeto de contemplación literaria. Pero esta operación, aunque seductora, introduce una ambigüedad de fondo: ¿estamos ante ciencia o ante literatura? La precisión conceptual parece ceder ante el placer de la frase. Es usted Vicente un panel de oro que la naturaleza no puede agotar.

Gracias, profesor Llovet, por el catalán novecentista y las ideas. Participo como un indigno discípulo de su clasicismo exigente, su elitismo cultural y su tono desengañado. En ese gesto hay una nobleza indiscutible, pero también el riesgo de convertir la cultura en un patrimonio de minorías, inaccesible para quienes no han sido formados en sus códigos. Percibo una nostalgia persistente por un mundo intelectual desaparecido: el de la autoridad crítica, la universidad exigente, el lector formado. A mi juicio este diagnóstico es verdadero y brillante. Su prosa posee una claridad y una autoridad poco frecuentes en la crítica actual. Y aun así, profesor, algo se ha perdido que ya no sabremos nombrar.

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