Tentativas 116

-Empezaré con una pregunta a bocajarro, sin medias tintas ¿Es usted un buen escritor?

-De los mejores. Y me costó mi esfuerzo. Estudié a fondo el Navarro Tomás, el Manual de fonología histórica de don Ramón, el Lapesa y aprendí a transcribir; en Sintaxis estudié el Gili Gaya. Toda esa materia la estudié en la tardoadolescencia y la tenía muy asumida cuando surgieron otras exigencias académicas. Me muevo bien en la Fonética Histórica, pero nunca me he defendido del todo con la sintaxis y la morfología: cuando en Bachillerato me explicaron los pronombres y adjetivos, me fui de viaje con mis padres a Venecia y nunca he acabado de distinguirlos… Además, estudié hasta sacarle todo el jugo la Historia de la lógica del matrimonio Kneale, tratados de teoría de conjuntos, el Manual de derecho mercantil de Garrigues, y la obra botánica de Pius Font i Quer… A ello añádase mi perfecto oído y sensibilidad lingüística para el castellano (espero no parecerle demasiado presuntuoso), y una capacidad de percepción educada en los clásicos (paladeo en ellos el temblor particular de una frase, el modo en que una imagen se enciende en la retina de la mente)

-¿Le gusta leer novelas?

-La novela de hoy, la poesía, igual que la televisión, como Internet, el cine, o la política, va toda de bajada; nada quedará de ellas, son escombros, material fungible ¿Sabe? Preferiría la nada a la existencia de algún que otro genio por siglo en la tierra. La reproducción humana es monstruosa. Nadie tiene el derecho de imponerle a quien no ha hecho daño a nadie el horror de la vida y el horror de la muerte. El planeta va directo al despeñadero; si no es por la superpoblación, lo será por una guerra nuclear.

-¿En qué momento del día lee mejor?

-En las horas que del alba serían, como insistía nuestra profesora cubana de estadística en la Universidad de Boston, la esbelta Isabel García Lladó. Una mujer muy peculiar: creía lo mismo en las ecuaciones probabilísticas que en las cartas astrales.

-¿Por qué leer?

-Leer ha sido siempre una forma de educación sentimental e intelectual inseparables. No se trata de acumular títulos como un empollón maquinal, sino de adquirir una cierta disposición del espíritu: atención, lentitud, gusto. La lectura funda una aristocracia, no basada en el dinero ni en el poder, sino en la calidad de la experiencia interior. Quien ha leído bien —y subrayo lo de bien— ha aprendido a distinguir, a desarrollar su mente, y esa facultad de distinguir es la base misma de la cultura. Sin ella, todo se vuelve vulgar. Y si cree usted que leer no ennoblece, concédame al menos que nos permite sobrevivir con un poco más de lucidez en medio de la catástrofe.

-¿Cree en el mito o idea del analfabeto sabio?

-Se habla del analfabeto sabio como de una figura admirable, pero sospecho que es una invención sentimental. Me suena a retintín alemán. La sabiduría implica memoria, y la memoria de la humanidad está -claro- en los libros. Privarse de ellos es condenarse a una forma de presente perpetuo ¿Sabe que Heidegger consideraba a los agricultores de la Selva negra casi como a pre-socráticos redivivos? Pura fantasía metafísica irracional. Tal vez haya inteligencia sin lectura, pero difícilmente habrá cultura, y sin cultura la inteligencia se vuelve estéril.

-¿Ha deseado usted alguna vez fundar una familia?

– Sencillamente me he limitado a sobrevivir. Fundar una familia, ni se me podía pasar por la cabeza. No tenía salud, y por lo tanto, tampoco ganas de pensar en estas cosas. No me quedó más alternativa que refugiarme en mi mermada capacidad de raciocinio, y tratar de sacarle algún provecho. Estaba vacío. Y así he seguido, durante años y años ¿Es eso bueno o malo? ¿Quién lo sabe? Pero es una forma de vivir. La vida puede asumir infinitas formas.

-Leyendo sus libros se tiene la impresión de que es usted cultísimo

-Poseer cultura (de la alta, se entiende) está hoy completamente desacreditado: parece una superchería y un acto de soberbia despreciable. Los que están muy acreditados y afamados son los futbolistas y los concursantes de La Isla de las Tentaciones: ya me dirá usted en medio de qué panorama estamos. Como he dicho, hoy se cierne sobre todas las capas de la sociedad una enorme sospecha acerca de lo que sea un sabio, un gran profesor o un erudito, o bien un escritor de raigambre culta. Si los privilegiados que han podido realizar estudios superiores poseen ya tan sólo una vaga y muy superficial cultura, homologable con la de las capas medias y bajas de la sociedad, entonces toda la sociedad acusa este declive y se degrada.

-¿Qué hace durante el día?

-Leer, estudiar y escribir. Vivo en un pazo (que se cae a pedazos, por cierto) del siglo XVIII en la Ribeira Sacra. Prácticamente nunca salgo de casa. Y leo. Esta tarde leí a Plutarco en la edición de Gredos. Papel crema, tipografía serif clásica, encuadernación en tapa dura. Al menos no malgasté el tiempo.

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