Cornaro 70

La prosa de Proust es una gaviota groenlandesa con traje de malvís, corneta y tambor de sonido coloreado con papel de Damasco, y cejas salpicadas con polvo de plata. La prosa de Nabokov son aires de vocales afrodisíacas, a tocar del mar, el deshabillé de crespón de la China malva. Flaubert es un colegio coquetonamente ecuadernado, un cuerpecito de gimnasio rosa, tierno, almohadillado, perfecto . Henry James es un ajedrez garrapateado en una percepción fúlgida, un sistema complejo de pasarelas sutiles que atraviesan la mente. Tácito es un fisiólogo desenfrenado, el sol en los tejados y el hermoso río breve y con límites. Virginia Woolf lleva la vajilla con el té y no sabe dejar de pensar. Céline suena a disco de gramófono donde retumba la voz del mercado, voz airada y de mercader avieso y tuerto. Pla incluye un baño de caballeros muy limpio, viento ampurdanés y tabaco de picadura. Eliot tiene el timbre de un cascabel rojo, la palabra torturada de la tortuga y el cuello de diamantes. Cunqueiro es un locuelo potrillo. Cavafis, una espiga en Ítaca. Cervantes fue aquel arpegio que se hiló a la apoteosis milenaria de la literatura.

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