Fútbol. Fútbol. La capitulación de la conciencia individual ante la tribu. Lo que la sociedad celebra como «pasión», el aristocratismo intelectual lo diagnostica como una evidente regresión a la cueva, la anulación del don del juicio crítico y el triunfo del gregarismo.
«La característica del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera… El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes… Hoy asistimos al triunfo de una hipertrofia de lo físico, de un culto al cuerpo que es el síntoma inequívoco de la decadencia de una civilización, porque el deporte, que era higiene, se ha convertido en la ocupación central de las gentes, en una forma de embriaguez colectiva que permite al individuo evadirse de sí mismo», Ortega y Gasset.
Nietzsche identificó con precisión algebraica el peligro de la disolución del ‘yo’ en la masa, una advertencia que resuena -percíbanla- en los cánticos posesos y los movimientos de cualquier grupo ultra o afición.
Borges, cráneo privilegiado: «El fútbol es popular porque la estupidez es popular. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no me parece algo precisamente estético. Además, el fútbol despierta las peores pasiones: el nacionalismo, la xenofobia, el desprecio por el rival. Es una forma de la cursilería y, lo que es peor, una forma del odio organizado. Yo no entiendo cómo una ciudad puede volverse loca porque un club gane o pierda. Es una de las mayores supersticiones de nuestra época, una forma de fanatismo que ha reemplazado a la religión y a la razón».
Nicolás Gómez Dávila, prócer cultísimo: «El hombre moderno es el hombre que ha trocado el diálogo por el grito, la meditación por el espectáculo, y la liturgia por el partido de fútbol. El fútbol es el opio del pueblo en una época que ya ni siquiera merece tener una religión verdadera. Las multitudes no piden pan y circo; piden circo para olvidar que solo tienen pan. Nada delata más la vileza de un alma que su capacidad de conmoverse ante el triunfo de un club deportivo».
Pasar una tarde leyendo a Tácito y D´Ors, estudiando los ensayos de Bacon. Gozar de una edición de lomo con hierros dorados, cabezadas y guardas especialmente diseñadas para la edición. De tirada limitada y numerada, acompañada de colofón justificativo y presentada en elegante estuche de conservación. Gozar de Telemann y Sebastián Durón. Quien se refugia en la purpurada cultura busca elevarse por encima de las contingencias de la época; quien se entrega al fútbol se diluye en el lodo de la miasma, aceptando que su felicidad dependa de la trayectoria azarosa de una pelota. El aristócrata del espíritu se aleja de los estadios y sus rugidos de acémila, donde lo noble jamás podrá penetrar.
