Ecce homo 46

Un ojo que no cesa de mirar atrás, a mamá y papá. Oponerse a la condena de una vida que muy pronto se torció ¿Se torció?, mejor, se transformó en lenguaje. Lenguaje: contracara del sufrimiento, frasquito y trasunto de «eros», «philia» y «ágape».

“Yo no busco evocar mi infancia, sino reconstruir el mundo que ella contenía.”, Saint-Exupéry. “Nada se ha perdido mientras pueda ser escrito”, André Gide. “Escribir es la única manera de conservar la infancia”, Rilke. Cada letra, cada palabra, cada frase, cada párrafo, son puentes plateados a un lugar de redención; idioma que custodia una rara sobre-realidad, una pugnaz inmortalidad. Y, así, además, el dolor se convierte en forma (evita la ulcerada herida), y así, encima, me mantengo cuerdo.

Mi infancia fue lujosa; mis palabras deben ser lujosas. Los perfumes, los colores, el tacto de la seda, y los sonidos se corresponden. Las aes son cuerpos sonoros que evocan el azur. Las emes son verdes oscuros cruzadas con rojos mates. Queda este color eterno: «ma-má». Las pes son velos de luz hermanos del arco iris; pronuncio, y vibra en mi paladar: «pa-pá».

Escribir: sinestesias de oros acordadas al tono armónico de una infancia indisputablemente feliz.

Ecce homo 45

Escribir no para comunicar, sino para exorcizar, para recuperar la infancia y darle forma de lenguaje a lo que fue aquel paraíso privado. Un gesto profundamente religioso, aunque sin Dios: escribo como un intento de restaurar el pasado orden perdido a través de la forma verbal. Escribir es velar a los muertos, desvelar la memoria. Padezco y exalto a la vez esa infancia, yo, flâneur altivo por las galerías de la memoria. Escribo para que, mientras existan palabras, no desaparezca aquel paraíso doméstico.

Aquellos días de Barcelona, tan lentos, tan largos, tan llenos de olores y de luz y de colores intensos, se me han quedado como piedras preciosas engastadas en el tiempo; y cuando pienso en ellos, algo del frescor y del brillo de la infancia vuelve a mí, un frescor y brillo que quiero reproducir y trasladar al tapiz que enhebra mi lenguaje.

El lujo de nuestra casa era sereno, propietario, pero sin ostentación; las habitaciones, llenas de flores y de libros; y el aire impregnado del olor del café de la mañana y de las barritas de sándalo que tanto encantaban a papá. Sentimiento de seguridad y belleza.

Puedo decir al igual que Tolstói: “Nada en la vida puede compararse con la dicha pura de aquellos años. Era yo un niño amado y feliz; las horas me transcurrían como en un sueño de verano. Todo estaba bien dispuesto, todo era armonía y alegría. Mi madre me amaba con ternura; mi padre, con orgullo. Y el sol, que se filtraba por las cortinas de mi cuarto, parecía sonreírme también.”

Porque nací en una casa grande, a las afueras de Barcelona, rodeado de jardines y bosques; y los veranos, en la casa de Orense, eternos. Mis primeras impresiones son de luz hilada como a hojas de abedules; y el sonido de la música culta, humanista, y las sábanas blancas de mi lecho, y los retratos familiares que parecían mirarnos con benevolencia. Aquella vida temprana fue una mezcla de lujo y pureza, de ternura y amor; una especie de inocencia aristocrática que después ningún placer ha sabido devolverme.

“Las cosas que yo veía en la casa de mi tía Léonie, los muebles, el reloj, el olor de las lilas del jardín, todo tenía para mí la gravedad y la dulzura de lo eterno. Me parecía que aquellas mañanas nunca acabarían y que siempre oiría el ruido de las cucharillas en las tazas de porcelana.”, Proust, “Por la parte de Swann”.

El reloj sonaba con dignidad y regularidad, el dinero lo teníamos quienes debíamos tenerlo, y el aire olía a helado apasionado de nube. Mi madre me acariciaba el cabello con manos suaves, y mi padre, siempre elegante, hablaba con voz grave y cuajada de razones. Las estanterías de nogal de la enorme biblioteca, los libros encuadernados en cuero. Todo me parecía -y parece- de una delicadeza infinita. Las tardes oliendo a madera encerada. Y la voz de mamá que me “agombolava” solo con oírla.

He conocido la dicha absoluta: tener libros y el cariño de los míos.

***

“Había en nuestra casa un orden que era casi una música. Las tazas de porcelana, los retratos en miniatura, las lámparas de gas con pantallas verdes: todo hablaba un lenguaje de refinamiento y de cariño. Nunca me sentí más seguro, más dueño del mundo, que en aquel salón donde mi madre leía y el fuego crepitaba.”, Henry James

“Mi infancia fue un jardín de cosas maravillosas, un país de juguetes nobles y de cuentos de hadas contados junto al fuego. Mis padres no eran ricos, pero el mundo que habían creado para nosotros era un reino. Todo tenía dignidad y belleza: los libros, los cuadros, los almuerzos del domingo.” Chesterton

“Fui criado en una casa espaciosa, rodeado de cuidados, entre objetos de arte y libros. El salón estaba lleno de cuadros, instrumentos y tapices; mi madre era alegre y de imaginación viva, y mi padre, severo, pero justo. Era una vida elegante, rica, y, sobre todo, ordenada.” Goethe

“El niño crecía entre cortinas de seda, tapices antiguos y la música de los relojes. Pero el verdadero lujo era el amor callado de los suyos, el sentido de una vida bien ordenada. Aquel mundo era como un poema tejido con los hilos del cariño.”, Walter Pater

Ecce homo 44

Lector insaciable, de los que leen mucho, pero sin método, al buen tuntún -algo que supo y lamentó-, y que se siente poseído por esa enfermedad del exceso de conocimiento sin dirección, y del pensamiento como calentura, nunca como claridad o lógica.

Zambombazos emotivos, lefazos en la cara, y nunca ideas ni esclarecimiento. Caos y lírica caótica. Melancolía como cansina plañidera de entierro. Estilización literaria de sus sinsabores con ecos -sobremanera pálidos- de sus maestros: Robert Burton, Thomas Browne, Pessoa, Cioran, Leopardi, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Bernhard, y, en el montaje, la gran Kathy Acker.

Castellano petrificado, dolorosamente lento ¿Algo de Jean Paul o Hölderlin en la manera de “enfermar con estilo”? No sé. Son referentes muy altos. Solo fui una pulga parasitando a esos gigantes. Visceralidad clínica con solo de trompeta en la pista ¿”Escritos del insomnio” de Unamuno, los “Diarios” de Pavese? Leo y en diez minutos no me acuerdo de nada.

Lo erudito opacando a lo humano. Patografía de poeta de Instagram. Apesta su autocomplacencia melancólica de ratón de biblioteca. Dolor –hedor, mejor- perfumado de orquídeas cruzadas con Mallarmé. Pose gongorina en fosa séptica: un niño superdotado que quiere que lo aplaudan por sufrir mejor que los demás. Mausoleo de flores disecadas.

***

Uno me leyó; dijo, algo sobre locos, libros, manicomios, muchas palabras y gong de campanas; le repugnó. El trabajo de un ocioso rascándose los pliegues del estómago con parsimonia. Plumífero bobalicón malevo, con cultura por fascículos. Tonto en los cinco continentes. Gran mamut relleno de tinta. No podía escribir ni media línea sin contar, urbi et orbi, lo mal que se encontraba. Gacetillero. Aburrido y pelmazo. Lo único que hizo fue plagiar e hilar un montón de refranes. Los psiquiatras: “un retrasado mental”.

Uno me leyó; dijo, algo sobre locos, libros, manicomios, muchas palabras y gong de campanas; le repugnó. El trabajo de un ocioso rascándose los pliegues del estómago con parsimonia. Plumífero bobalicón malevo, con cultura por fascículos. Tonto en los cinco continentes. Gran mamut relleno de tinta. No podía escribir ni media línea sin contar, urbi et orbi, lo mal que se encontraba. Gacetillero. Aburrido y pelmazo. Lo único que hizo fue plagiar e hilar un montón de refranes. Los psiquiatras: “un retrasado mental”.

Uno me leyó; dijo, algo sobre locos, libros, manicomios, muchas palabras y gong de campanas; le repugnó. El trabajo de un ocioso rascándose los pliegues del estómago con parsimonia. Plumífero bobalicón malevo, con cultura por fascículos. Tonto en los cinco continentes. Gran mamut relleno de tinta. No podía escribir ni media línea sin contar, urbi et orbi, lo mal que se encontraba. Gacetillero. Aburrido y pelmazo. Lo único que hizo fue plagiar e hilar un montón de refranes. Los psiquiatras: “un retrasado mental”.

Ecce homo 43

Mediocridad numérica, abuso de la estadística; ese favorecer lo consuetudinario y castigar lo divino, la tiranía de la ignorancia colectiva; el populacho desprecia la ceremonia de los nenúfares, nuestras ninfas de gotas de ardiente veneno en sus entrañas, el azul de Patinir de un atiborrado cielo de luces zodiacales y oxigenadas.

Así que, Antidisturbios, ¡golpeadlos! Temen y desprecian el paso cauteloso de la Luna por los naranjales, los días estivales con paroxismos de la lujuria, el Coro de la iglesia de Saint Michel de Lunebourg en donde Bach descubre la música coral polifónica. E insultan a Brummel, encarcelan a Wilde, escupen a Crisp. No son individuos, son bichos, del género Pongo.

***

“El hombre-masa ignora lo que es la cultura y desprecia a quienes la poseen. Su potencia social proviene no de su mérito sino de su número. La mediocridad, cuando se convierte en mayoría, impone su ley, y el genio queda reducido a minoría marginal”, Ortega y Gasset.

“El nivel educativo universal, cuando se pretende uniforme, produce un efecto colosal: el hombre común se vuelve mediocre, y los pocos talentos excepcionales quedan obligados a adaptarse a la mediocridad general. La vulgaridad se instala como norma”, Nietzsche.

“El hombre mediocre nunca es dueño de sí; su único deseo es no sobresalir, integrarse y reproducir el pensamiento de los demás. En la democracia moderna, donde el número sustituye al mérito, la mediocridad no solo predomina, sino que se consagra”, José Ingenieros.

***

Las riquezas del mundo no se diluyen en la multitud, sino en uno, en el alado, en el tocado y hecho por la mano de Dios, y no manufacturado en serie. Que las riquezas que yacen dispersas en llanuras kilométricas, en la planicie inmensa y hormigueante de la ciudad, se concentren en un palmo, en una sola casa. Amén. Y lejos de mí se pavoneen los negruzcos piojos de la gentuza.

Soy el artista. No puedo abandonar mi idioma natural, mi libre, rica, infinitamente dócil lengua española, desprovista de todos esos aparatos que la afean: el espejo falaz, el falso telón de terciopelo negro del teatro de barrio, las asociaciones y tradiciones implícitas en que “A” se sigue, como sombra al sol, de “B”. Soy el artista en la estirpe de los escritores del “odium saeculi”: Nietzsche, Gómez Dávila, Bernhard, el Valle-Inclán tardío, incluso Céline en lo musical de la injuria. Con mi tono monódico en “fortissimo”. Un defecto, claro, pero deseo ser sublime sin interrupción.

NOTA BENE: La cita atribuida a Nietzsche es falsa. Y, como suelo repetir, conste que aquí entra en juego mi máscara, mi yo de combate, mi yo ficcional (mi yo biográfico no insulta ni desprecia a nadie; es bonachón, circunspecto, a veces irónico, siempre ingenuo)

Entre el palimpsesto pessoano de mis voces literarias -que se contradicen-, a veces me pregunto por qué me siento tan cómoda con ésta. Es un poco como la versión bestial y en bruto de los sarcasmos aquellos de papá, como la voz de un adolescente débil y feo que sueña (fantasía compensatoria) con ser el increíble Hulk.

Ese yo de estilo barroco injurioso, como los desprecios que recibimos los moderadamente ilustrados por parte del pueblo (mejor: por un subconjunto del pueblo)

Ecce homo 42

Del habla que ya no pronuncia latín o de la barbarie sonriente o de la corbata de seda hasta Tik Tok; pero yo, Jeremías con biblioteca y copa de Borgoña, os bendigo.

Cito: “Ana Mena ha estado al lado de la música desde bien pequeña, ganando el concurso ‘My Camp Rock 2’ de Disney Channel, y participando en varias series y programas televisivos. Todo esto la ha llevado a ser la artista que es, pero no solamente en este país. En Italia, es toda una estrella, con éxitos como Mezzanotte, la versión en italiano de su tema Las 12, o Duecentomila ore, un tema con el que participó en el Festival de la Canción de San Remo. Sin duda, Ana Mena está en su mejor momento como artista, después de un año en que ha llenado el WiZink Center y ha sacado un álbum lleno de temazos”.

El putaoctubre grasilueco que puso a la biburnia de la Ana Kassis en los aysterdames no sorprenderían mucho a los etícosis de su público, ¡¡¡paramamáyparapapá!!!. El zepelín mezclado, superpuesto, exhibido sin tregua, hasta hacer el vuelo irreconocible, pantanoso, laberíntico, gaseoso y, al final, explosionado.

Más allá de este límite, del fuego, está el caos eterno. Después del fin de la palabra empieza el gran alarido orgánico. Como dice el sociólogo E. Rosenfeld: “Darle la mano a alguien fue lo que nunca el pueblo esperó […] un pueblo de alegres unidimensionales a lo largo de su vida […] Una tarea popular que vivió y cumplió la democracia desde sus tabernas, desde la simpleza de su percepción de la realidad y de la creación de mundos impropios para nunca sobrepasar la existencia, una existencia que fue tocada por la náusea, y que se pudo superar a través de embrujos que creaban náuseas superiores”, Eliyahu Rosenfeld, The Twilight of Form: Essays on Culture and Its Ruin, New York: Archangel Press, 2016, p. 47.

Esforcémonos en pensar y escribir y hablar bien; el principio de la civilización. Y no lo olvidemos. La Rochefoucauld sospechó de las virtudes públicas y constató que: “el entendimiento es siempre la víctima del corazón”. Chamfort, pesimista extremo, causa inquietud con su negrura: “Vivir es una enfermedad de la que el sueño nos alivia cada dieciséis horas. Éste es un paliativo. La muerte es el remedio”; aunque a la vez afirmó que “pensar consuela de todo”. La Bruyère, preceptor de Luis XIV, describió sin rodeos los caracteres humanos: el ambicioso, el taimado, el burlón, el adulador, y prefirió el párrafo más largo a la máxima lapidaria, aunque aportó algunas tan actuales como ésta: “Si la pobreza es la madre de los crímenes, la falta de inteligencia es el padre”.

Vauvenargues, apenas traducido al castellano, sentenció que: “La claridad es la buena fe de los filósofos”, una máxima con frecuencia olvidada por ese gremio; y también que: “los grandes pensamientos vienen del corazón». Y Joubert, aforista secreto e íntimo, lector de Platón e “inhábil para el discurso continuado”, anotó asertos tan prerrománticos como éste: “Yo debo de soñar con la belleza como otros dicen que sueñan con la felicidad”, o este otro: “Para vivir, con poca vida basta. Para amar, hace falta mucha”.

Paramamáyparapapá y paramotomamiymamimoto.

Ecce homo 41

BIBLIOTHECA SOLITUDINIS

No distingo ya entre mi yo y el del «De figuris librorum» de un supuesto -o quizá real- Arsenius de Eboracum (siglo XII), tratado de hidromancia escrito entre los pasillos de un manicomio y los pétalos de rosas de un quirófano.

Mi mente se aliena: ratas devoran el papel entre los libros. No sé discernir entre Christian Sanz y el «Tractatus de silentio legentium» de Melchior Alvarus (siglo XVII), ni de la «Summa de libris non scriptis de Giovanni Luminatus» (siglo XV). Estos sí, autores verdaderamente existentes -aunque fuera de mi realidad mental.

El mundo es hostil al espíritu: bibliotheca solitudinis. Pérdida miserable. Bancarrota absoluta del yo. Las cosas, esposadas a un río carmesí y helado de soledad, fluyen ininterrumpidamente.

Oigo voces sólidas de verbívoros mayéstaticos e incansables, de parloteadores canallas y maltratadores. Caen sobre las pálidas orillas de la playa, amontonando sus basuras de palabras, que yo -con ternura infantil- recojo, restauro y cuido. Solo me quedan esas palabras tullidas, gemelas de palabras sordas. Y poco a poco, ya no sé quién soy. Ah, esas palabras delicadas y sensibles, que llaman la atención como las rodillas sucias de una niña rumana.

***

Appendix librorum

Libros hallados en estas flores del mall: «Del caníbal, el fulano y el deyectado», «Sobre cartas de amor sin placer ni piedad» y el «Tractatus del insomnio».

Perdonen: escribo mal. No duermo hace siglos. Estoy borracho. Escribo sin el control emocional que exige la prudencia y la exposición pública. Sépanlo: preferiría ser cualquiera muerto al que soy vivo.

Perdonen: escribo mal. No duermo hace siglos. Estoy borracho. Escribo sin el control emocional que exige la prudencia y la exposición pública. Sépanlo: preferiría ser cualquiera muerto al que soy vivo.

Ecce homo 40

“Habent sua fata libelli”, «Los libros tienen su propio destino», Terenciano Mauro

“Liber est mutus magister”, «El libro es un maestro silencioso», Anónimo medieval

“Nam sine libris vita non est vita”, «Porque sin libros, la vida no es vida», Scriptorium de Cluny, s. XII.

“Los libros son los únicos amigos que siempre están despiertos”, Ernest Hemingway

“A veces, un libro abre una herida que sólo otro libro puede curar”, Clarice Lispector

“El alma que no ha leído, apenas ha vivido”, Fernando Pessoa.

***

“El libro es una de las pocas invenciones humanas que siguen funcionando a la perfección”, John Updike.

“El libro es un hogar portátil para el alma errante”, Paul Auster.

“El que destruye un libro, mata una idea; el que destruye una idea, mata una época”, Voltaire.

“Barbaries librorum est oblivio”, “La verdadera barbarie de los libros es el olvido”, Scriptorium de Fleury, c. 1200.

“No hay peor incendio que una generación sin lectores”, R. Queneau.

“La censura no destruye libros: los cubre de polvo”, Joseph Brodsky.

“Los pueblos que no leen reescriben su historia con mentiras”, Milan Kundera.

“Una biblioteca es un país sin fronteras”, Jean-Marie Gustave Le Clézio.

“La biblioteca es un cuerpo hecho de voces”, Alberto Manguel.

“Bibliotheca est arca sapientiae”, “La biblioteca es el arca de la sabiduría”, Epígrafe en la abadía de San Galo, s. IX.

“Una biblioteca es el más silencioso de los ejércitos”, Elias Canetti.

“El polvo de los libros es el polen del pensamiento”, Ramón Gómez de la Serna.

“En la biblioteca, la eternidad está encuadernada en papel”, Aforismo apócrifo atribuido a Borges.

***

“El libro es una de las pocas invenciones humanas que siguen funcionando a la perfección”, John Updike.

“El libro es un hogar portátil para el alma errante”, Paul Auster.

“El que destruye un libro, mata una idea; el que destruye una idea, mata una época”, Voltaire.

“Barbaries librorum est oblivio”, “La verdadera barbarie de los libros es el olvido”, Scriptorium de Fleury, c. 1200.

“No hay peor incendio que una generación sin lectores”, R. Queneau.

“La censura no destruye libros: los cubre de polvo”, Joseph Brodsky.

“Los pueblos que no leen reescriben su historia con mentiras”, Milan Kundera.

“Una biblioteca es un país sin fronteras”, Jean-Marie Gustave Le Clézio.

“La biblioteca es un cuerpo hecho de voces”, Alberto Manguel.

“Bibliotheca est arca sapientiae”, “La biblioteca es el arca de la sabiduría”, Epígrafe en la abadía de San Galo, s. IX.

“Una biblioteca es el más silencioso de los ejércitos”, Elias Canetti.

“El polvo de los libros es el polen del pensamiento”, Ramón Gómez de la Serna.

“En la biblioteca, la eternidad está encuadernada en papel”, Aforismo apócrifo atribuido a Borges.

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“Los libros son la única prueba visible de que la muerte puede ser desobedecida”, Umberto Eco.

“Mientras existan libros, los muertos seguirán conversando”, Italo Calvino.

“Quem libros amat, numquam senescit”, “Quien ama los libros, nunca envejece”, Inscriptio monástica, s. XIII.

“Un libro leído por dos generaciones es ya un eslabón de inmortalidad”, George Steiner.

“Los libros son la respiración de los muertos”, Marguerite Yourcenar.

“Lo que el hombre llama progreso, el libro ya lo soñó”, Víctor Hugo.

“Escribir es la forma más profunda de leer la vida”, Adolfo Bioy Casares.

“Leer es vivir muchas vidas; escribir es no resignarse a morir en una sola”, Antonio Tabucchi.

“En el principio fue la lectura. Y después, la soledad”, Christian Bobin.

“Cuando leo, dejo de ser yo; cuando escribo, me reencuentro”, María Zambrano.

“Toda lectura es una conversación interrumpida por los siglos”, Czesław Miłosz.

“La lectura transforma el tiempo muerto en eternidad activa”, Emil Cioran.

***

“El progreso de la literatura, que es una quimera inexistente, si existiese, sería como una vela que ilumina cada vez más la oscuridad, pero también revela la inmensidad de la noche”, Marc Colell.

“El acto de leer es, en esencia, un acto de amor.”, María José Vidal Prado.

“Cada nueva página escrita es una ventana cerrada y otro muerto en la casa del terror”, Javier Divisa.

“La poesía es una actividad esencialmente solitaria. El poeta vive en una celda interior, y cada poema es su confesión.”, Pedro López Lara.

“Todo gran descubrimiento nace por evitarse una paja”, Alexei Raskolnikov.

“Una biblioteca es un monasterio; la lectura, su oración”, Emil Man Martinez.

“He vivido más con los libros que con las mujeres, y ellos, aunque fríos, me han mentido infinitamente menos”, Juan Pais.

“El libro de la literatura está escrito, como la naturaleza con triángulos y cuadrados según Galileo, en el lenguaje de los trasteros habitacionales”, Becky Gijón.

“No comprendo el universo, pero siento que está escrito con una mano que tiene el polvo de una biblioteca infinita”, Manuel Rodríguez.

“Errar es humano, pero perseverar, como todos nosotros, en el error humano, es demoníaco”, Ana Vade.

“Todo Planeta equivocado enseña más que un Homero repetido”, Juan Carlos Márquez.

“Un judío es una verdad que no envejece”, Sergio Mayor.

Ecce homo 39

El «intellectus agens» es capaz de desvelar la verdad, no así la barbarie de mazas y garrotes, de insultos y odio.

La lógica y la argumentación, la discrepancia amable, el argüir razones, parecen culturalmente desacreditados. Se busca “ganar” la conversación, no comprender. La agresividad se confunde con fuerza. La calma o la reflexión se perciben como debilidad.

La lógica es el puente que convierte el ruido en logos. La palabra es la herramienta del ciudadano; el golpe, la del bárbaro. Pensar bien, y las maneras suaves, son el más noble acto de resistencia.

Pero priman primates hooligans y rottweilers.

Ecce homo 38

Una curiosidad.

Tom Cutler (a través del traductor Jofre Homedes) explica en «Azotes y caricias» (2013) que el Antiguo Testamento está repleto de alusiones sexuales en general, empezando por una de sus prohibiciones más famosas, «No cometerás adulterio» (el séptimo mandamiento). Por desgracia para un impresor de la Biblia, en 1631 el error de un cajista provocó la omisión de la palabra «no», con lo que la frase pasó a ser «Cometerás adulterio». El impresor fue multado y tuvo que reducir los libros a pulpa. En 2010 se puso a la venta por 89 500 dólares uno de los pocos ejemplares restantes de lo que muchos llaman «la Biblia viciosa».

Eso le pasó a un cajista y fue un error, pero se ve que a los traductores de la Biblia algunas cosas les daban cierto apuro y así encontramos uno de los primeros eufemismos. En el Génesis 47, 29 se dice: «Cuando los días de Israel tocaron a su fin, llamó a su hijo José y le dijo “Si he hallado gracia a tus ojos, pon tu mano debajo de mi muslo y hazme ese favor y lealtad; no me sepultes en Egipto”».

Los traductores lo habían suavizado al convertir «pene» en «muslo». En esa época existía la idea de que si alguien hacía un juramento solemne y daba falso testimonio, sus testículos corrían peligro.

***

Uno de los viejos temas de muchos autores clásicos era cómo traducir a autores griegos y latinos juzgados prácticamente de pornográficos.

En distintas ediciones decimonónicas de las “Bucólicas” de Virgilio, donde el famoso primer verso de la Bucólica II: “Formosum pastor Corydon ardebat Alexim», esto es: “El pastor Corydón ardía por el hermoso Alexis”, se convirtieron, por obra de Juan María Maury, Madrid, 1821, en: “El pastor Coridón de amor ardía por la hermosa Alexia”, o bien en: “Coridón, el pastor, amaba con locura a la hermosa Galatea” (en ediciones escolares)

Juan Valera, en su traducción de la deliciosa novelita “Dafnis y Cloe” de Longo, mutiló escenas eróticas y censuró alguna referencia homoerótica.

O Marcial. Recordemos: «Quid faciam, rogas? Non sum mentula; non possum», “¿Qué quieres que haga? No soy una polla; no puedo”. Veamos la traducción francesa, 1868 (ed. Nisard): “Que veux-tu que je fasse ? Je ne suis pas un homme de fer”, “¿Qué quieres que haga? No soy un hombre de hierro”. Ja, ja.

NOTA BENE: Véase una curiosa traducción de Marcial bastante libre en 1910 por parte del olvidado poeta Miguel Romero Martínez (que nos recuerda el erudito poeta Luis Antonio de Villena): «Tu esclavito duélese de la méntula; tú, Névolo, del trasero. No es necesario ser muy lince para adivinar tus aficiones».

***

Poema XXV de Catulo. Dos traducciones a lo largo del tiempo.

Talo invertido, más blando que el pelo del
conejo, que el tuétano del ganso, que el
lóbulo de la oreja, que el lánguido
miembro de un viejo, que la sucia
telaraña; Talo, más rapaz también que los
torbellinos de la tormenta, cuando la luna
te hace ver los empleados del vestuario
que bostezan, devuélveme el manto que
me escamoteaste, mi pañuelo de Sétabis y
mis bordados de Tinia, que exhibes ante
todos, imbécil, como un legado de tus
mayores. Suelta todo eso de tus uñas y
devuélvemelo, no sea que sobre tus
costillitas de lana y sobre tus manos
blanduchas dejen los ardientes azotes sus
huellas vergonzosas y tú te agites de un
modo insólito como frágil bote
sorprendido en la mar gruesa por un
viento impetuoso.

Traducción de Miguel Dolç, 1963.

Talo, eres maricón, eres más blando
que el pelo de conejo,
que la pluma de pato,
que un lóbulo de oreja
o que la picha floja de algún viejo,
más delicado que una telaraña
y también más ladrón
que un tornado que todo se lo lleva
porque te basta la menor rendija
en el cofre que guarda los bienes más
preciados.
Devuélveme mi toga, esa que me robaste,
mi pañuelo de Játiva,
los bordados bitinios,
que andas exhibiendo por ahí
como si los hubieras heredado,
gilipollas. Devuélvemelos ya,
despégalos ahora de tus garras,
si no quieres quedar abochornado,
y tu espaldita débil, tus manos suavecitas,
marcadas por azotes calentitos,
y acabar sacudido como nunca
igual que breve nave sorprendida
en alta mar por viento enloquecido.

Traducción de Juan Antonio González iglesias, 2006.

Ecce homo 37

En mis libros divido las ideas por saltos de pensamiento à la caballo de ajedrez (los asteriscos también cumplen con esta función de transición) Pero, para evitar la disgregación que desemboca en una ininteligibilidad hegeliana o heideggeriana, asumo cierta, e implícita, prosa de relojero.

La lógica es un instrumento del orden correcto, una relación metódica de categorías y proposiciones, un cálculo algebraico del lenguaje.

El lenguaje estético, a mi ver, admite (debe admitir y obligar a) oscilaciones entre el orden y la entropía. Mi aflojamiento mental, propio de la esquizofrenia, si se desbordara espontáneamente, daría lugar a lo que coloquialmente los psiquiatras llaman «ensalada de palabras» (una alogia formal caracterizada por: (i) fuga de ideas (ii) neologismos (iii) paragramatismos (iv) incoherencia (v) circunloquios)

El flujo de conciencia o el surrealismo verbal son vagas inpiraciones en el fondo muy diferentes. Lo más parecido que leí de este síntoma en buena literatura: cosas de Leopoldo María Panero, algunas zonas de la prosa de Woolf, Cortázar, Clarice Lispector y Joyce, o la desorganización delirante de Artaud.

La clave está en dar al lector un hilo mínimo, que sirva de ancla, aunque el texto salte de idea en idea, o de cita en cita. Me gusta mantener la libertad expresiva, pero evitar que el lector se pierda. El hilo conector, asimismo, puede ser emocional o sensorial, no solo lógico.