Mastines y memoria 11

Soy un escritor (si lo soy) sin fama ni reconocimiento. Joan Didion: «Solo sabía lo que no era, y me llevó años descubrir lo que sí era. Que era escritor. Con esto me refiero, no a un «buen» escritor ni a un «mal» escritor, sino simplemente a un escritor, una persona cuyas horas más absortas y apasionadas las pasa ordenando palabras en trozos de papel. Si mis credenciales hubieran estado en regla, nunca me habría convertido en escritor. Si hubiera tenido la suerte de tener un acceso, aunque fuera limitado, a mi propia mente, no habría tenido sentido escribir. Escribo únicamente para descubrir qué pienso, qué miro, qué veo y qué significa. Qué quiero y qué temo».

Yo escribo para desobedecerme a mí mismo, para despertar de esa aletargada vileza que es hoy en día ser yo mismo, para purgar la soledad y desidia de una vida tan triste como pobre en experiencias, para contarme una historia a mí mismo sobre mí mismo, desde la mejor perspectiva de mí mismo. No escribo sobre abejas, árboles, playas y hojas, no escribo sobre ciudades, drogas o neones. Escribo para recuperar mi infancia, para restaurar el orden de mi infancia (una infancia, bien lo sé, más imaginaria que real, barroca y numerosa)

El subsuelo de cada una de mis frases es un abrazo a mamá, los adjetivos se hilan a los juegos de mesa con papá, las escenas reverberan del lujo y el dinero afortunado. Debo escribir sobre aquello, y cada cita, cada giro, cada ritmo, cada momento, son cortes transversales en las sensaciones memorables y majestuosas ocurridas entre mis tres y trece años.

No sé abrirme fácilmente delante de la gente. Mis huesos pronto se disolverán y derretirán en la tierra, y a casi nadie expresé verdades del corazón. Aunque me esconda tras la suntuosa erudición (trasunto de la suntuosa riqueza de cuando niño), no dejo de ser un adulto enfermo y perdido buscando el cariño de sus padres, un adulto perdido en mitad de la multitud. Las citas son como llamadas de atención y auxilio. Los poemas son cartas abiertas dirigidas a mis muertos. Las ideas son como secretos guardadados por un niño potencialmente loco. Y escribir me mantiene cuerdo.

¿Los resultados? Pobres. Me limité a poner mi enano granito de arena, a unirme con un eslabón secundario (o a dar lustre a uno predeterminado) a una milenaria cadena, a aportar un trocito minúsculo de pintura en una bola gigantesca.

Mi infancia es privada e indivisible, única, memorable y virreinal. Con mi literatura intento hacerla pública. He sanzenizado (lo probé al menos) alfombras encantadoras, butacas, bibliotecas de caoba, lámparas de pie, escritorios de acero inoxidable, gordas enciclopedias de economía, sillas giratorias, navidades y cumpleaños; he gomezizado talladas crines de caballos de piezas de ajedrez, dimensiones incorpóreas de «su» voz leyéndome un cuento, lloviznas dentro de algún día soleado, he gomezizado el derroche de dinero en algodón de azúcar en la feria de la felicidad. Por eso escribo.

Mastines y memoria 10

«Cuando las asociaciones que vuelan por el cerebro se autoorganizan para formar una nueva idea, el resultado es creatividad. Pero si fallan al autoorganizarse, o si lo hacen de forma errónea, el resultado es psicosis” , Nancy Andreasen.

«Muchas características de la personalidad de las personas creativas las hacen más vulnerables, entre ellas la alta apertura a nuevas experiencias, la tolerancia a la ambigüedad y una forma de enfocar la vida y el mundo relativamente libre de prejuicios», Nancy Andreasen.

«El loco, el amante y el poeta están hechos de la misma imaginación», Shakespeare.

“Las grandes mentes están emparentadas con la locura; una delgada línea divide sus fronteras”, John Dryden.

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Jean Dubuffet, el creador del «art brut» (cuyo interés se dirigía especialmente hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos), insistió en disociar creatividad de enfermedad mental, «no todos los creativos son enfermos mentales, ni todos los enfermos mentales son creativos».

Sin embargo, un estudio del Dr. Simon Kyaga, del Instituto Karolinska de Suecia, publicado en septiembre de 2012 en el Journal of Psychiatric Research, demuestra que sí existe una relación entre las personas creativas y las enfermedades mentales. No sé.

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James Joyce tuvo una hija con esquizofrenia, y él mismo tenía rasgos que le situaban en lo que se llama el espectro esquizofrénico. Bertrand Russell tuvo varios familiares que padecían esquizofrenia. Einstein tuvo un hijo con esquizofrenia y mostraba algunas de las ineptitudes sociales e interpersonales que caracterizan la enfermedad. Por otro lado la lista de escritores y artistas que se han suicidado es muy larga.

La psiquiatra Nancy Andreasen trabajó estrechamente con Kurt Vonnegut. Vonnegut sufría depresiones y su madre se suicidó precisamente el día de la madre, cuando Kurt tenía 21 años. Su hijo, Mark fue diagnosticado de esquizofrenia. Pero, a la vez que mucha enfermedad mental, también hay mucha creatividad en su familia. Su padre fue un arquitecto importante, su hermano mayor un talentoso químico e inventor, su hijo Mark es escritor y las dos hijas de Kurt son artistas visuales.

Una primera conclusión que se desprende de los trabajos de Andreasen es que la alta inteligencia no predice creatividad, algo que ya fue estudiado por Terman, psicólogo de Stanford a principios del siglo pasado. Tener un cociente intelectual alto no equivale a ser muy creativo. Se propone sobre esta relación una teoría de umbral, es decir, que a partir de cierto nivel, la inteligencia no afecta a la creatividad. Un C.I. de 120 se considera suficiente para ser un genio creativo.

En cuanto a la relación entre enfermedad mental y creatividad, ¿existe realmente? Andreasen dice que sí, aunque no precisamente con la esquizofrenia, sino con los trastornos afectivos. Los diagnósticos que se encuentran en personas creativas (Andreasen ha estudiado a escritores y científicos) y sus familiares son: depresión, trastorno bipolar, ansiedad y trastorno de pánico, y alcoholismo. Sin embargo, la gente excepcionalmente creativa tiene más familiares de primer grado con esquizofrenia que los grupos de control.

Andreasen considera que creatividad es la capacidad de hacer asociaciones y conexiones y ver las cosas de una manera original, ver cosas que otra gente no ve. En estudios de neuroimagen, Andreasen ha encontrado mayor actividad en las áreas asociativas de la corteza cerebral en personas creativas.

Algo que Andreasen ha encontrado es que la gente creativa trabaja mucho más duro que la persona media, y ello se debe normalmente a que aman su trabajo. También son más perseverantes o, si preferimos decirlo así, cabezotas, en el sentido de que no se desaniman nunca y siguen adelante con sus convicciones a pesar del rechazo. Muchos de ellos son autodidactos, es decir, que se enseñan a sí mismos en lugar de recibir un conocimiento académico formal. Y también son polímatas, es decir, que están interesados en un montón de cosas, que, por ejemplo, aunque sean científicos, aman la literatura, la música, etc.

Un tema a discusión o debate es si los genios tienen más ideas o simplemente tienen mejores ideas. Y esto es interesante porque tener demasiadas ideas puede ser peligroso. Un problema de ver conexiones que otras personas no ven es que muchas de estas conexiones pueden no ser ciertas. En «A Beautiful Mind», la biografía del matemático John Nash, Sylvia Nasar cuenta la visita al hospital que le hace un compañero matemático al Hospital McLean. Este le pregunta: “¿Cómo puede ser que tú, un matemático dedicado a la razón y a la verdad lógica crea que extraterrestres te están mandando mensajes?” “¿Cómo puedes creer que aliens del espacio exterior te están reclutando para salvar el mundo?” A lo que Nash respondió: “ Porque las ideas que tenía acerca de seres sobrenaturales me vinieron de la misma manera que las ideas matemáticas. Y por eso las tomé en serio”.

Algunas personas ven cosas que otras no ven, y tienen razón, y les llamamos genios. Otras personas ven cosas que otros no ven, y se equivocan, y les llamamos enfermos mentales. Y otros, como John Nash, son ambas cosas.

Mastines y memoria 9

Buenos días. La realidad es excrementicia, fecal. Solo se puede soportar si te refugias en el arte o la ciencia: la pintura o el busto vistos en el museo, la prosa de Proust ( «Y como en ese juego con que los japoneses se entretienen metiendo en un cuenco de porcelana lleno de agua pedacitos de papel, indistintos hasta entonces, que nada más sumergirlos se desperezan, se retuercen, se colorean, se diferencian, se convierten en flores, en casas, en personajes consistentes y reconocibles, así, en ese instante, todas las flores de nuestro jardín y las del parque de M. Swann, y las ninfeas del Vivonne, y las buenas gentes del pueblo y sus moradas pequeñitas y la iglesia y todo Combray y sus aledaños, todo aquello que iba cobrando forma y solidez, salió, ciudad y jardines, de mi taza de té»), las piezas para clave de Chambonnières, la poesía, los teoremas de la lógica matemática ETCÉTERA.

«Art still has truth. Take refuge there», «El arte todavía tiene verdad. Refúgiate allí», Matthew Arnold. Ya Picasso afirmó acertadamente que el arte nos quita el polvo de la vida cotidiana.

La vida es tediosa, árida y capciosa. Las radios y canales televisivos emiten su ración de «noticias», precisamente fragmentos de «realidad» para que ignoremos hondamente la realidad.

En las Sonatas de Beethoven nunca perdemos la orientación, siempre sabemos dónde estamos. Schubert, por el contrario, nos sitúa en un estado onírico. Beethoven componía como un arquitecto; Schubert como un sonámbulo. Schubert a menudo actúa sobre nosotros como un estado, una situación, como una serie de episodios que se comunican entre sí misteriosamente. Esa es la verdadera realidad; lo otro, añagazas, fruslerías.

Buenos días, queridos. Refúgiense en el arte y la ciencia.

Mastines y memoria 8

Mis mejores momentos son aquellos de una soledad tranquila, sin angustia a la vista, leyendo o delante del ordenador, escribiendo o pensando un poco. La mayor soledad es ser ignorado por aquellos a quienes no puedes olvidar (experiencia aterradora) Acaso nuestra eterna búsqueda consista en romper la soledad. No sé. Cuando estoy en la tertulia con mis amigos, o abrazado a mi perrita, noto, advierto, percibo un raro triunfo. Pero, solo, soy como una pupa que obtiene sus alas. Gracias a la soledad aprendo (a veces) a ser amable conmigo mismo, aprendo también mis fortalezas (y debilidades) En medio de esta tierra superpoblada, recalentada, ruidosa, bulliciosa y completamente loca, una cabaña en el bosque, un bosque cerca de una minúscula aldea, pueden ser la gran utopía, la única solución.

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Artaud, encerrado en distintos hospitales psiquiátricos (los repasa en sus cartas: su detención en El Havre, después sus estancias en los hospitales psiquiátricos de Ruan, Sainte- Anne, Ville- Evrard, Rodez), en medio de la guerra mundial y la Francia ocupada por el nazismo, después de siete años, suplica por su libertad. Clama contra su soledad.

Un resultado, la soledad por el aislamiento del encierro, termina convirtiéndose en dolorosa causa de su afección: “A fuerza de enclaustramiento, de soledad, de aislamiento, había terminado entumeciéndome”: ya no podía crear: ya no hay espacio para la literatura, la poesía, el teatro. El director del hospital de Rodez, Gastón Ferdiere le autorizó a salir. “No solo me ayudó a vivir usted, me invitó a vivir cuando yo me debilitaba. Efectivamente hay que ir, volver, salir, ver gente y cosas. No es bueno permanecer perpetuamente en frente de sí mismo, en lo mental, como hacía yo desde hace seis años porque ya no tenía amigos a mi alrededor … De puro estar encerrado se acaba imaginando que el mundo exterior no existe. Y la conciencia se resiente de ello. Termina perdiendo el sentido de lo concreto, de lo objetivo, y por consiguiente de lo verdadero. Y está bajo la amenaza de fijarse desconsideradamente en falsas imágenes, falsas impresiones. Y con el tiempo creer en ellas”.

Del «Diario» de S. Plath:

“Creo que ahora sé lo que es la soledad, al menos la soledad circunstancial. Procede de un núcleo difuso del yo… como una enfermedad de la sangre que se extendiera por todo el cuerpo y cuyo origen, cuyo foco de contagio, fuera imposible identificar. Estoy de nuevo en mi habitación en Haven House, han terminado las vacaciones de Acción de Gracias. Nostalgia es la palabra que se usa para nombrar lo que siento ahora. Estoy sola en mi habitación, entre dos mundos. Abajo están las pocas compañeras que ya han regresado (ninguna estudiante de primer año, ninguna a la que conozca realmente) Podría bajar con papel de carta para justificar mi presencia, pero no lo haré todavía… todavía no. No, no intentaré escapar de mí misma refugiándome en conversaciones forzadas: «¿Han ido bien las vacaciones?». «Muy bien, sí, ¿y a ti qué tal?» Me quedaré aquí e intentaré examinar esta soledad. A duras penas consigo recordar los cuatro días de vacaciones: una imagen borrosa de mi casa, más pequeña que cuando me fui, las manchas en el papel de pared amarillo aún más evidentes, mi antigua habitación, que ya no es realmente mía, porque han desaparecido todas mis cosas, mamá, la abuelita, Clem, Warren y Bob, el paseo con los chicos antes de la reunión familiar y la cena, la charla con Bob antes de ver Las zapatillas rojas; mi pareja en la fiesta del sábado, alto, rubio y terriblemente popular, y luego el domingo, entumecida e indiferente, y justo cuando había empezado a acostumbrarme a las caras familiares tuve que regresar en coche”.

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Aristóteles: “El hombre solitario o es un dios o es una fiera”.

Epicteto: “No busquéis el bien fuera de vosotros: buscadlo dentro de vosotros mismos o nunca lo encontraréis”.

Marco Aurelio: “En ninguna parte puede encontrar el hombre un retiro más tranquilo y menos agitado que en su propia alma”.

San Agustín: “No salgas fuera de ti, vuelve a ti, en el interior del hombre habita la verdad”.

Francesco Petrarca: “He buscado siempre la vida solitaria (los ríos, los campos, los bosques lo saben) para huir de esos ingenios deformes y miopes que han perdido el camino al cielo”.

Leonardo da Vinci: “Si estás solo, serás todo tuyo, y si estás acompañado por una sola persona serás medio tuyo, y tanto menos cuanto mayor sea la indiscreción de su trato”.

Arthur Schopenhauer: “La paz de corazón verdadera y profunda y la perfecta tranquilidad del espíritu, estos bienes supremos sobre la tierra después de la salud, no se hallan sino en la soledad y, para ser permanentes, en la incomunicación absoluta”.

Friedrich Nietzsche: “En la soledad crece lo que cada cual lleva consigo, incluso la bestia interior. Así, hay que disuadir a muchos de la soledad”.

Miguel de Unamuno: “Hay que convertir en reflexión el instinto si se quiere que llegue a ser instintiva la reflexión”.

Michel de Montaigne: “En cierto modo encuentro más soportable estar siempre solo que no poder estarlo nunca”.

Lord Byron: “En la soledad es cuando estamos menos solos”.

Harry Emerson: “Todo hombre es sincero a solas: en cuanto aparece una segunda persona aparece la hipocresía”.

Gabriel Celaya: “A solas soy alguien. En la calle, nadie”.

Concepción Arenal: “La soledad se soporta tanto peor cuanto menos recursos espirituales tiene el solitario”.

H. D. Thoreau: “Jamás hallé un compañero tan sociable como la soledad”.

Mastines y memoria 7

Buenos días. Entre enero y abril de 1900, Rachmaninov se sometió a sesiones diarias de hipnoterapia con el doctor Dahl, con el fin de mejorar sus patrones de sueño, el estado de ánimo y apetito, y reavivar su deseo y ganas de componer. Ese verano, Rachmaninov sintió que nuevas ideas musicales comenzaron a agitarse y reanudó con éxito la composición entre 1900-01: La Suite para dos pianos nº 2, la primera gran obra del periodo, su Segundo Concierto para piano y la Sonata para cello y piano.

Una vida tranquila y aislada en el campo, un trabajo en el que uno espera ser de alguna utilidad; y luego, descanso, naturaleza, libros, música, moderado amor al prójimo: tal es mi idea de la felicidad. Porque todos llegamos a ese punto en la vida en el que nos enfrentamos a una encrucijada, y la forma de afrontar los dilemas fue volcarme por completo en la lectura, la escritura y la música. Porque, después de la cerveza, la música es lo mejor.

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El influjo de la voluntad constituye un capítulo importante en la historia de la medicina y las enfermedades. Si no te concedes nada bueno y te odias a ti mismo, acabarás por agravar tu mal y empeorarás. Acaso de esto se rían los psiquiatras, pero no se pueden ni imaginar remotamente la parte de la enfermedad mental relacionada con la voluntad. La voluntad genera como unos espíritus de los que descree el médico racional. Por propia experiencia, yo no desdeño, ni mucho menos, los poderes (enormes y decisivos) de la propia -mágica- voluntad.

Mastines y memoria 6

EPITAFIO

(Fama)

«Bien sea que llegue, como yo creo, fuera de mi conocimiento, bien sea que, como han pensado sapientísimos hombres, alcance a alguna parte de mi alma, ahora por lo menos me deleito con pensar en cierto modo en ella y esperarla», Cicerón.

“Convertir su obra (…) en patrimonio de la humanidad, entregándola a una posteridad que la juzgue mejor: ese es el fin que para él prevalece sobre todos los fines y por el que lleva la corona de espinas que alguna vez habrá de reverdecer en corona de laurel. En la compleción y afianzamiento de su obra se concentra su afán, tan decididamente como el del insecto en su última forma se concentra en asegurar sus huevos y tomar las precauciones en favor de una prole cuya existencia nunca conocerá: pone los huevos allá donde, según sabe con seguridad, encontrarán un día vida y alimento; y muere tranquilamente”, Schopenhauer.

Nadie lágrimas me rinda,
pues, aunque vilipendiado
y de vida oscura, oculta,
unos pocos (sueño que los mejores)
en su boca bien vivo,
y alabado y nombrado
como uno de los suyos,
me dejarán un modesto rincón
y perpetuarán mi Fama
en el Salón de los Inmortales.

Mastines y memoria 5

El primer humorista es Felipe VI. Tiene la viveza madrileña y borbónica, lleva la cornucopia con pachorra, y, al igual que el resto de los reyes de nuestra historia, es un completo esperpento.

Siempre Valle-Inclán: «Para medrar hay que ser agradador de todos los Segismundos» (doblegarse ante los poderosos), “España, en su concepción religiosa, es una tribu del Centro de África”, “Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol”, “España es una deformación grotesca de la civilización europea”, “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”, “En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero”.

Los españoles son solo un montón de campesinos guiados por un montón de curas, dijo Napoleón. Ahorita: los españoles son solo un montón de analfabetos guiados por un montón de «influencers».

Mastines y memoria 4

Con veinte años me impuse cuatro propósitos:

(i) No ser arrastrado por opiniones y estimaciones vulgares.

(ii) Poder valorar placeres y ocupaciones de naturaleza epiritual.

(iii) No exponerme a los peligros de la ociosidad, encontrando tareas altas y nobles.

(iv) Saber lo que es y acercarme a la dignidad intelectual.

Treinta años después, con desmedido orgullo, debo afirmar que, en líneas generales, esos fines no los traicioné y se cumplieron.

***

Dicen que unas de las artes de madurez es la aceptación. Más o menos, estoy contento con el tipo en que me he convertido (desde el punto de vista moral), y satisfecho con la elaboración de mi yo intelectual a lo largo de décadas (aunque, tras miles y miles de horas estudiando advierto que no sé prácticamente nada, o sin el «prácticamente», y me agobia el síndrome del impostor)

No es fácil ser Christian Sanz. Pero, acaso, no soy un completo y deleznable gilipollas.

Mastines y memoria 3

Buenos días. Triste, pues advierto que cada vez soy menos capaz de articular lógicamente mis ideas (mi pensamiento es como una papilla disgregada y líquida, donde conservo y perpetuo nociones vulgares inhábiles para alcanzar la verdad o el sentido)

Enciendo la radio y me pongo a escuchar Radio Clásica. Abreviando o simplificando: las operaciones de mi mente están copadas de esquizofrenia. No puedo leer.

¿Leer? Leí mucho. Siempre lo hice, pero durante años me atiborré de libros con una voracidad voluptuosa, casi erótica. Iba a la biblioteca y sacaba todos los que podía, y luego me encerraba en casa y leía sin parar a lo largo de semanas. Buscaba libros clásicos, cuanto más clásicos mejor: Tolstói, Poe, tragedias shakesperianas, una traducción polvorienta de Laclos o Baudeliare, Homero, Quevedo, Garcilaso, Heródoto…; leía parpadeando y deslumbrado. Todavía recuerdo aquellos ritmos, la potente fiebre fresca, pulida y cristalina. Todo eso ya acabó. Empiezo a ser incapaz de leer, siquiera sea un artículo o noticia de periódico.

Mastines y memoria 2

En la soledad, la mente gana fuerza y aprende a apoyarse en sí misma. Además, ser tú mismo en un mundo que constantemente intenta convertirte (pervertirte) en algo diferente, es el mayor logro. En la agitación, en el ojo del huracán, es difícil meditar, sentir, reflexionar. Uno debe apartarse entonces del mogollón y la tropa.

«Déjame decirte esto: si conoces a alguien solitario, digan lo que digan, no es porque disfrute de su soledad. Es porque ya intentó integrarse en el mundo y la gente sigue decepcionándolo», Christian Sanz.

“Me cuido. Cuanto más solitaria, más desprovista de amigos, más desamparada esté, más me respetaré”, Charlotte Brontë.

“Si te sientes solo cuando estás solo, estás en mala compañía”, Jean-Paul Sartre.

«Ya había descubierto que no era bueno estar solo, así que busqué compañía en lo que me rodeaba, a veces en el mismo universo y otras veces con mi propio ser insignificante; pero mis libros siempre fueron mis amigos, sin importar lo demás», Aleix Leví Carballo.

“Mi imaginación funciona mucho mejor cuando no tengo que hablar con gente”, Patricia Highsmith.

«Siempre he odiado las multitudes. Me gustan los desiertos, las cárceles y los monasterios. También he descubierto que hay menos idiotas a 3000 metros sobre el nivel del mar que debajo», Jean Giono.

“Vivir solo es una habilidad, como correr largas distancias o programar computadoras viejas. Hay que conocer parámetros, protocolos. Hay que aprenderlos tan bien que se conviertan en un lenguaje: tener siempre música para que el silencio no te abrume, realizar tu trabajo con exquisitez para que tu tiempo esté lleno. Tienes que permitir abrirte hasta alcanzar el tamaño exacto del lugar donde vives, ni más ni menos; no más, o te inquietas, tampoco menos, o te ahogas”, Noemí Chaudarcas.

“Pero para el dolor faltan palabras. Debería haber gritos, grietas, fisuras, blancura que atraviesa las mantas de cretona, interferencia con la sensación de tiempo y espacio; la sensación también de extrema fijeza en los objetos que pasan; y sonidos muy remotos y luego muy cercanos; carne desgarrada y sangre a borbotones, una articulación repentinamente retorcida; bajo todo lo cual parece algo muy importante, aunque remoto, para simplemente ser contenido en soledad”, Virginia Woolf.

“El mundo es una prisión donde lo más preferible es la soledad”, Karl Kraus.

“En serio, creo que es un grave defecto en la vida que se desperdicie tanto tiempo en asuntos sociales, porque no solo te quita tiempo cuando podrías estar haciendo cosas privadas, sino que te impide almacenar la energía psíquica que luego puede liberarse para crear arte o lo que sea. Es terrible la forma en que nos despojamos del silencio y la soledad a cada paso; es casi suicida. No veo cómo evitarlo sin ser muy rico o muy impopular, y me preocupa, porque el tiempo se me escapa. No es que se gane nada con esta frivolidad social. Es simplemente un desperdicio”, Philip Larkin.