Tractatus 16

Jueves Santo. Más bien fui indiferente a procesiones, nazarenos, saetas, trompetería, lúgubres tambores, plañideras, golpes de pecho, y Cristos y Vírgenes barrocamente ataviados.

Todo esto es un misterio tremendo. Yo, antes, más descreído, más intelectual, aprovechaba estos días para estudiar y leer, por ejemplo los «Pensées philosophiques», de Diderot. Diderot abandona el catolicismo oficial; los acontecimientos religiosos de su época aceleran dicha ruptura. Los fanáticos y beatos le ocasionan más perjuicios por su fanatismo que los incrédulos por su falta de fe, ya que del fanatismo a la barbarie hay poca distancia. Hay que impregnar, aducía, la religión del espíritu de tolerancia. O estudiar las diez cartas y cuatro tratados del Pseudo-Dionisio, dependiente de Plotino y Proclo, y cuyo papel en Oriente es análogo al de Agustín en Occidente: uno y otro crearon un neoplatonismo cristiano, pero en formas diversas. La Semana Santa es tiempo propicio para leer las entrevistas de «The Paris Review», la «Naturalis Historia» de Plinio el Viejo, y novelas de Eduardo Blanco-Amor, Mendoza, Rodoreda y Carmen Martín Gaite. Tiempo de estudio de las técnicas de la lógica formal en la construcción y el desarrollo de las matemáticas y el razonamiento matemático, y conversamente, la aplicación de técnicas matemáticas a la representación y el análisis de la lógica formal.

Pero ahora leo, claro, eso siempre, estudio también, pero, ay, paso momentos in albis, contemplando, ensimismado. Observo las visiones grandiosas del cielo estrellado, de nuestro universo compartido, ese al que aplicamos palabras, anhelos, miedos, actos y deseos, como si de verdad fuéramos amados o tenidos en cuenta por él, y tiemblo. Observo la caminos reales, en sazón, de la noche, los éxtasis que se avienen a un principio de felicidad, felicidad, ese proyecto febril, esa cosa irrealizable, esa mentira perfecta, y tan humana. Y al ritmo del tambor en la procesión me abro a algo nuevo que no sé, a algo desconocido, que puede despertar en mis sentidos dormidos acaso una posesión inconfesada. Será que me hago viejo.

Tractatus 15

Consternación y dolor inmensos: muere Christian Sanz.

En lo tocante a las letras y ciencias lo curiseó todo, con una voracidad intelectual desusada, investigando al igual lo antiguo y lo moderno, enamorado ante lo clásico y exaltado ante lo nuevo.

Recuerdo su despacho de trabajo: una mesa casi funcional, uno creería que perfectamente ordenada, casi pulcra, pero de extraño aspecto más bohemio que oficinesco, con tabaco y un amplio cenicero, los ordenadores, la impresora, fotos de familiares y de escritores y de matemáticos, y, alrededor, una pila gigantesca de libros: Petrarca , Nebrija, «Assembling the lyric Self», de Olivia Holmes, un ejemplar facsímil de «Virgilianus Codex», la obra completa de Cunqueiro y Valéry, Musil, Walser, números atrasados de la «Nouevelle Revue Française», de «The Journal of Symbolic Logic», clásicos ingleses en la edición naranja de Penguin, una «History of Set Theory», volúmenes de Wiener, Emmy Noether, Gil de Biedma, Wittgenstein, Hilbert, Russsell, Poincaré, Juan Ramón Jiménez, Eugeni d´Ors, Vicente R. Gracia, Santiago Lamas, Artl, Rulfo, Marc Colell, Arcipreste de Talavera, Henry Ey, Cabaleiro…Escribió enterrado entre libros; «los libros son mi vida», decía, no sé si maníaco o feliz.

¿Sus admiraciones verdaderas? Sus propios informes no eran muy de fiar. Acaso Eurípides, Aristóteles, Tácito, Kavafis, Bernal Díaz del Castillo, Martha y William Kneale, Borges, Flaubert, Baudelaire, Manrique, José María Álvarez, Kathy Acker, Quine, Céline, Proust, Jünger, y otros de su misma altura. Ex-convicto de la poesía, conforme envejecía, tenía en menos y le cansaban en más los poetas, le parecían venales, presumidos y veleidosos, maleducados, sin fuerza intelectual consistente o real, poco leales, fantasmales, de egos narcisos y exhibicionistas.

No soportó jamás a: Embobados, Comunistas, Histéricos, Cucañistas, Aduladores, Superficiales, Rockeros, Hipócritas, Impostores, Ñoños y Cursis, Cobardes, Oportunistas y Mudachaquetas, Psicólogos, Aficionados, Mamones, Dominguillos.

Como nubes de moscas borriqueras, se propagó la especie de una locura huraña y arriscada, acaso agresiva, y de un corazón frío. Pero nunca hubo un hombre más solitario y desvalido y apacible, ni más consciente de su necesidad tanto de amor como de ternura.

Su escritura fue comparada, en el mejor de los casos, a un morado solideo de seda, o al llegar la nieve a Sierra Bermeja. No deja mujer ni hijos. Recuerden a ese pueblerino escritor antes que lo devore por completo la Nada.

***

Top de Artistas más escuchados en España según Spotify:

1. Bad Bunny

2. Quevedo

3. JC Reyes

4. Myke Towers

5. Eladio Carrión

6. Dei V

7. Rauw Alejandro

8. Beele

9. Anuel AA

10. Omar Courtz

Cierta mentalidad hamburguesa, de la forma rápida, repetitiva y anodina, hace que el mercado te acepte ¡Viva la basura! Suplicio insuperable es esta música, suplicio de Titio, Tántalo y Sísifo. Tortura si oyes a esos «artistas», como grandes piedras de fuego desgarrando tus oídos. En el infierno profundo, Lucifer, con ellos y con el propio Judas, brama sordamente.

Tractatus 14

Alimentarse del fruto del loto.

Sobre los lotófagos ver: Homero, «Odisea», IX 82-102, trad. José Manuel Pavón, Gredos, Barcelona, 2019, págs. 240-241.

También: Heródoto, «Historia», IV 177, trad. de Carlos Schrader, Gredos, Barcelona, 2020, págs. 243-244

Otras menciones las hallamos en: Plinio el Viejo, «Historia natural», Libro V 28, trad. de Encarnación del Barrio Sanz, Gredos, Madrid, 1998, pág. 193 y mapa en pág. 192.

Recuerdo, para finalizar, una cita de Polibio, XII, 2, 8.

¿Hablan tal vez del azufaifo o del almez?

Loto y barco vikingo, loto y mantel de luna, loto y trazos de luz zodiacal. Fruto del loto del tamaño del fruto del lentisco, pero que, por su dulzura, se asemaja a los dátiles. La literatura es fruta de loto, los lectores somos lotófagos.

Tractatus 13

«La biblioteca Brautigan, en Estados Unidos, en Burlington, en el estado de Vermont, la integran libros rechazados por los editores, obras abortadas, en suma, que han quedado petrificadas en ese estadio del manuscrito al cual se suma algo peor que el oprobio: el veredicto a menudo tan injusto como definitivo del fracaso. Libros, pues, que no existen […] ¿Cuántos manuscritos existen que, a pesar de fantasear con ser libros, son algo totalmente diferente, huellas impublicables por demasiado personales, demasiado nutridas de pasiones inasimilables, patinazos que no respetan las estrictas convenciones de la edición? ¿Cuántos textos hay que son verdaderas experiencias vitales, desprovistos de todo crédito artístico, y que no han sabido plegarse a los esquemas comunes de las pequeñas fruslerías narrativas que exige la industria del papel impreso? Una infinidad de la que son testigos todos los comités de lectura de las editoriales. De ahí el interés, poético, conceptual y, digamos, humano, de la biblioteca Brautigan, un fondo de manuscritos rechazados», Jouannais.

Los dandis, los malditos, los locos, los fracasados, la comunidad shandy de Vila-Matas, los que sólo escribieron cartas, o esbozos y borradores de novelas, los discretos, los ausentes… Un gran catálogo de raros, de artistas sin bibliografía detrás, que «prefirieron no hacerlo». Su obra, en la mayoría de los casos, fue el silencio: lo que pudo haber sido. Son los míos.

Christian, autor casi sin obra, o con obra de resonancia infinitesimal, cuyo límite tiende a cero. Hermano de Gilles Barbier, quien hizo “de la copia y del plagio (…) una pereza que es una forma de ironía”, y también del borgiano Gérard Collin-Thiébaut, que copió al pie de la letra «La educación sentimental». Sobran escritores, faltan lectores, cierran editoriales y librerías, y, en general, todo en el mundo se ha vuelto tecnológico y si, encima, estás obligado a alcanzar una perfección imposible dadas tus limitadas capacidades, entonces ¿para qué crear? ¿por qué escribir?

Christian nunca tuvo suerte con las mujeres, soportó con resignación una penosa esquizofrenia, sus padres murieron; un pobre solitario sin oficio ni beficio. Llena los estados de Facebook con estupideces que nadie lee. De facto, es un Bartleby. Acaba de cenar una tortilla de ajos tiernos y níscalos. En nada se diferencia de un insecto tapado en reposo por unos hemiélitros pardos, que, al saltar y planear, se despliegan con un color rojo intenso, mientras se acompaña el vuelo de un sonido «crotalino». De facto, es un Gregor Samsa. Le gusta Josep Pla y la prosa ensayística de Piers Vitebsky. Hoy soñó que volvía a Barcelona…

Tractatus 12

Soy escrictamente racional, por lo que creo que existen uniformidades, imposibilidades, improbabilidades, y por lo que creo que unas cosas se siguen de otras y otras no.

Pero creo a pies juntillas en la teoría de la inspiración poética que Platón expresa en el «Ion», donde Sócrates le dice a Ion que ensalza a Homero por un don divino, no por una técnica (“tú no estás capacitado para hablar de Homero gracias a una técnica y ciencia; porque si fueras capaz de hablar por una cierta técnica, también serías capaz de hacerlo sobre otros poetas, pues en cierta manera, la poética es un todo ¿O no?” (532 c) y complementa: “no es una técnica lo que hay en ti al hablar bien sobre Homero […] una fuerza divina es la que mueve, parecida a la que hay en la piedra que Eurípides llamó magnética […] Así también la Musa misma crea inspirados, y por medio de ellos empiezan a encadenarse otros en este entusiasmo” (533 d) Sócrates cita el caso de Tinico de Calcis, que solo escribió un poema en su vida, un peán o canto coral en honor de Apolo, y resultó un alado, y de los más hermosos, poemas líricos. Muchos siglos después, en sus «Cuadernos», Ciorán dice que los antiguos mejicanos pensaban que la poesía era «el viento de los dioses». A Tinico de Calcis le alcanzó una ráfaga de ese viento mágico y grácil. Mucha poesía rutinaria, lúdica, hermética o académica que leo, no goza ni de la sombra de la sombra de ese viento. Viento de los dioses. Caramba, no está mal la idea.

Tractatus 11

El número de lectores de buenos libros es el mismo en cualquier país del mundo sin importar el tamaño de la población: 2354 (la primera constante de Sanz -S-) Esta misteriosa propiedad hace que el número de lectores de buenos libros sea el mismo en Islandia (con 300.000 habitates) que en los Estados Unidos (con más de 300 millones)

En una encuesta de lectura realizada por El País a miles de personas, a la de hora de manifestarse sobre el escritor o escritora más relevante del siglo XXI, los más citados fueron: Arturo Pérez-Reverte, que se llevó el 20% de las menciones. A bastante distancia, le siguieron Carlos Ruiz Zafón (6%), Almudena Grandes (6%), María Dueñas (3%), Javier Castillo (2%) y Julia Navarro (2%). Santiago Posteguillo y Gómez-Jurado también aparecieron en este ranking popular de autores cumbre. Datos a los que solo podemos responder: ideas verdes incoloras duermen furiosamente, azules beben tiernamente la lontananza, pues, qué galimatías horrendo y arbitrario representan estos resultados, qué empanada mental indocta. Una filiflama alabe cundre en la lífera lilis salimba salífera. Parece indudable que la gente no tiene ni la más mínima idea comprensible acerca de lo que es la literatura. Les poseen ideas fantásticas e imaginarias. La segunda constante de Sanz, Z, es la siguiente: para cualquier país, el número de sus habitantes, P, menos la primera constante de Sanz, S, es igual a Z (P-S=Z). Z confunde a la literatura con las zanahorias.

Tractatus 10

Vibra, movido por el aire, como campanillas de esos trineos que se alejan, esa mítica Eriácea, llamada «Andromeda polifolia», nombre que procede del griego «polios», grisáceo, y del latín «folium», hoja, refiriéndose al color del envés de sus hojas. Su nombre genérico procede de la mitología griega. Andrómeda era la hija del rey de Etiopía Cefeo y de la reina Casiopea [para más datos sobre el mito consúltese: Falcón. C, et al. «Diccionario de la mitología griega», 3ª edición, Alianza, Madrid, 2013. Pag. 77] Por el espejo retrovisor de mi biblioteca, hechizado y tranquilo, encuentro que Linneo ya nominó a la «Andromeda polifolia» en su viaje a Laponia. Consultando el volumen, «Flora ornamental española», Vol III, Mundiprensa, Sevilla, 2000, pag. 134, coordinado por el botánico Lorenzo Sánchez de Cáceres, me informo que la «Andrómeda» es propia del centro y norte de Europa, además del Sur de los Alpes, este de los Cárpatos y SC. de Rusia, contando también Asia. Un pequeño arbusto de hasta 40 cm de altura, con muchos tallos ramosos tendidos; hojas lineares, con sus bordes revueltos, de color verde oscuro por el haz y glaucas por el envés. Flores en umbelas, cáliz teñido de rojo y la corola, de color blanco a rosa pálido. Florece de mayo a julio y necesita suelos turbosos, ácidos, húmedos y medio sombríos.

Centellea en mi mente el camino helado y bello de los eruditos, esos senderos de diamantes produciendo un estilo que parece deslizarse a través de la hierba y de las flores hacia la cálida piedra plana sobre la que se enroscan las palabras, los libros, el saber.

Escribo, y pienso: «Mucha literatura hay en todo esto».

Tractatus 9

Se pueden hacer muchas cosas con las palabras: prometer, asegurar, garantizar, pedir, rogar, ordenar, aconsejar, afirmar, constatar, explicar, felicitar, agradecer, complacerse, perdonar, insultar, bautizar, casar, inaugurar, bromear, contar chistes, mentir, calcular, hacer literatura, razonar, embaucar, persuadir…

Mi mente se pone en movimiento en dos direcciones, como poseída por una doble personalidad, a lo Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En mi vida ordinaria me gusta producir y evaluar argumentos, y pretender que éstos sean persuasivos, por lo tanto, sustentar mis aserciones CON BUENOS ELEMENTOS DE JUICIO. A mi ver, una opinión bien fundamentada es aquella cuyo origen tiene tres fuentes: (i) la información científica (ii) los hechos (iii) y la razón o lógica. Al contrario, una idea mal sustentada es aquella que tiene como fuentes, o bien la tradición, o la revelación, o la intuición, o el sueño, o la autoridad, o la emoción.

Pero lo que me pirra es hacer literatura en lugar de razonar. Giros del idioma, tropos y figuras de la retórica que usurpan el lugar de las verdades. Aquí es lícito exagerar, mentir, los paralogismos y sofismas, no ir al grano, buscar el patrón melódico en vez de la limpieza y claridad conceptual, ser borroso y vago y ambiguo, llamar la atención sobre la forma y despreciar el fondo, en resumen, ténicas de persuasión emocional (agradecer, retener la atención, impactar benevolentemente, mostrar compasión y gratitud y amor, y asombro y serenidad y admiración, pero también provocar, epatar, dar asco, soliviantar, injuriar…) técnicas lingüísticas con fines emotivos donde se sustituyen las pruebas y el rigor por el encanto o la electricidad estética (del latín moderno aesthetica, y este del griego [ἐπιστήμη] αἰσθητική [epistḗmē] aisthētikḗ «[conocimiento] que se adquiere por los sentidos, por la sensación») La literatura es belleza, sensibilidad ante la preciosidad de las palabras, las oraciones, y los periodos, verdad privada y sabiduría subjetiva. El razonamiento son reglas para no manchar el discurso de falacias: empirismo con propensión objetiva.

Tractatus 8

Barcelona, cajonera barricada de caoba o de cedro, islote donde cavé una fosa con diamantes.

Ahora vivo en una aldea orensana de la Galicia profunda, rica en pan, en aguas y en latín bajo sus piedras. Vivo enclaustrado, mientras recorro imaginarios palacios y ciegas galerías. Me acorrala una insumisa pulsión de soledad. Huir. Huir al país del cocotero, saborear papayas y ananás, acostarme bajo la sombra del tamarindo. Too romantic. «¡Soñar es muy cansado!», dice un personaje de un libro de Cunqueiro, y otro responderá: «Pero es lo más antiguo que hay».

«Solo, altivo y pobre, he llegado a la literatura sin enviar mis libros a esos que llaman críticos, y sin sentarme una sola vez en el corro donde a diario alientan sus vanidades las hembras y los eunucos del Arte”, escribía Valle en 1904 en la dedicatoria de la Sonata de Primavera. Yo llegué a la aldea sin las vanidades de las grandes ciudades, sin la magaña para escurrirse entre el mundillo literario. Fracaso estruendoso de mi literatura. Pero Truffaut murió cuando más lo necesitábamos.

Tractatus 7

Vargas Llosa en sus grandes novelas transfiguraba la realidad, expresaba la verdad, develaba misterios ocultos, penetraba en ese extraño «Ein sof» propio de un artista tocado por los dioses. Sus grandes novelas eran delicias devastadas, superposición de labios en las ráfagas del viento, brujas fosforescencias.

En sus artículos y ensayos, a veces (no sé), es como si se achicara el volumen de su realidad y análisis, como si abusara de tiralíneas, planillas y esquemas que carecían de la complejidad de sus novelas grandes. A veces argumentar y argüir es ceder a la cochambre sin auras del mundo.

Tuvo una vida cumplida. Yo creo que feliz. D.E.P.

***

«La cultura puede ser experimento y reflexión, pensamiento y sueño, pasión y poesía, y una revisión crítica constante y profunda de todas las certidumbres, convicciones, teorías y creencias. Pero ella no puede apartarse de la vida real, de la vida verdadera, de la vida vivida, QUE NO ES NUNCA LA DE LOS LUGARES COMUNES, LA DEL ARTIFICIO, EL SOFISMA Y EL JUEGO BANAL, sin riesgo de desintegrarse. Puedo parecer pesimista, pero mi impresión es que, con una irresponsabilidad tan grande como nuestra irreprimible vocación por el juego y la diversión, hemos hecho de la cultura uno de esos frágiles y vistosos castillos construidos sobre la arena que se deshacen al primer golpe de viento», M. Vargas Llosa.

Isabel Preysler es Trending Topic en X, las televisiones, al hablar de la muerte del peruano, insisten en su relación con la recauchutada Pompadour cortesana filipina. Cultura escabrosa, chismosa y maledicente, cultura de consumidores del morbo y el escándolo. Se alimentan las bajas pasiones. La revelación de la intimidad de la prestigiosa figura pública sustituye a la ponderación de sus méritos. Triunfa el cachondeo, el libelo, la calumnia, el infundio. Solo cuentan el amarillismo y las revistas del corazón, debe subir la audiencia de los programas de telebasura.

«¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo en que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Esa ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda […] Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía», M. Vargas Llosa, vaticinando lo que le ha ocurrido en su muerte.

La chusma, que no leyó un puto libro en su vida, se goza con «La Isla de las Tentaciones», los programas de crónica rosa, las mierdas de Tik Tok, «El Código Da Vinci», «Parque Jurásico» o la última novela de Sonsoles Onega (mal sabor de lasañas precocinadas frente a la lasaña casera) El pueblo, gañafones y trapazos, paradigma del indotado de razón, paradigma del, no mal gusto, sino incluso de la falta de una idea de gusto. El pueblo defecando pastelosos zurullos. Con ausencia de algo que se puede llamar «cortesía o delicadeza o calidad interior», de modo que siempre le producen a uno esa impresión de brutalidad y deslucimiento, algo así como atravesar un patio con madreselvas y toparse con un muro de cemento. Gentuza tuitera, zafia y energúmena, tabernaria y busca broncas. Apártenme de mí la morralla, la canalla, el populacho, la plebe, porque conocidos son los regímenes de conducta del vulgo (intereresarse por la herencia del escritor, por la reacción de la borderline Tamara Falcó etcétera), en fin, la universal patulea, turbamulta, chusmaje, pacotilla. Manada de baguales. Lo prueba la experiencia.