Tractatus 6

Me descentran las redes, el televisor, la radio; me alejan de mí mismo. No puedo perder el tiempo, la muerte ronda cerca. El silencio y la lectura funcionan como desincrustantes al ruido de la música y la tecnología modernas, que únicamente asordan. Me revienta mi particular deformación intelectual, esa propensión en la mirada llamativamente sencilla: el desengaño frente a las mutaciones sociales que ni sigo ni comprendo. Me fastidia la rapiña financiera, el lucro como fin absoluto, tanto cambio imprevisto y veloz, el que mis lecturas vivas sean clásicos muertos y remotos para la inmensa mayoría ¿La civilización ya no es lo que era? ¿no existe fuste a la busca de grandeza en las carreras literarias o artísticas? ¿debemos tratar a los jóvenes con rigor, condescendencia o con optimismo? ¿son positivas o negativas las nuevas tecnologías? ¿existe acaso un ocaso o declive cultural? No lo sé. Me posee una melancolía solipsista chirriante. No es mío, evidentemente, el esquema de peluca rizada, casaca, calzón, camisa, medias de seda y calzado con tacón, ese patrón impuesto por la corte francesa a través de Luis XIV. PERO algo -no poco- me gustaría que retuviera mi prosa del «Bello Brummel», o el estilo de La Bruyère, o la rosa de rocas de Flaubert, o el entrechocar de espadas con bengalas de la escritura de Ruskin y Pater. Solo dos certezas: pocas veces soy feliz y si el porvenir cultural quiere revitalizarse, tiene que lanzarse indefectiblemente por el sendero de una renovada cultura humanística.

El pensamiento de Schopenhauer es un edificio construido alrededor de una intuición que ni cambió ni se transformó: el mundo no es más que una obra de teatro de mal gusto, el mundo, este mundo tan real, es la nada. En la «Historia de la filosofía» de Belaval, concretamente en el tomo VIII, p. 67-94, R. Philonenko hace una glosa extraordinaria del pensamiento del filósofo alemán. Para una buena visión de conjunto recomiendo la monografía de P. Gardiner, algo anticuada, pero de exposición inigualable. Estudios de interés: Korteweg, Stieltjes, Kugler, Mollweide, Crelle, Döring, Gudermann, Hurwitz, Enneper, Guth, Senechal, Tits, Talagrand, Coquand, Pe Pereira, Bayer Isant, Chebyshov ETC…

Muy relacionado con Schopenhauer está Nietzsche. Filólogo y filósofo agresivo, callejero de guardia prusiana, montañero audaz, derelicto cubierto de pólipos abisales, autor múltiple («Pro captu lectoris habent sua fata libelli») Creía que solo el ser humano no gregario, independiente, segregado de la tribu, enfrentado a ella, era capaz de hacer progresar la ciencia, la sociedad y la vida en general. Tuvo sueños grandiosos o terribles que evocó en sus poemas, en su prosa y en su música. Algunos estudios de interés: Benz, Biser, Goedert, Grau, Henke, Heidegger, Hotteterre, Dassoucy, Lotz, Marcel, Massuh, Pfeil, Siegmund, Valadier, Wein, Welte, Lannoy, Tippett, Knussen, Vattimo ETC…

Emparedado entre libros, ningún ser humano se dirige a mí cariñosamente.

Tractatus 5

«Hala Madrid», leemos en: Bestiaires médiévaux: Nouvelles perspectives sur les manuscrits et les traditions textuelles. Actes du XVe colloque international de la Société Internationale Renardienne, Louvain-la-Neuve, 18-22 août 2003, B. Van den Abeele (ed.), Louvain-la-Neuve, 2005, p. 141.

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A Lama lo comparan con Harry «Conejo» Angstrom, pero a quien más se parece es a San Antonio de Padua, a quien se le apareció Vinicius en un partido de curling, mientras una tormenta caía alrededor de los madridistas, y él los llamó y, milagrosamente, permanecieron todos sin mojarse.

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«Em va fer gràcia comprar per 8 euros un estripat exemplar de «Centinela de Occidente», un panegíric de Franco fet pel senyor Luis de Galinsoga i que esdevingué tan famós pel seu anticatalanisme ferotge i barroer com per la seva adulació al dictador», J. Laporta.

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Diego de Torres Villarroel, ejerció mil oficios: escritor, poeta, catedrático de matemáticas, sacerdote, especialista en astrología y ocultismo, adivino, buzo, actor de pelis de serie B, ajedrecista profesional, autor de almanaques y lateral derecho de la Cultural Leonesa.

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El síndrome de Alicia en el país de las maravillas (AIWS, por sus iniciales en inglés) es un trastorno neurológico, antecedente de la micropsia, que afecta a la percepción visual. Ven penaltis por todas partes, ven goles injustamente anulados a diestro y siniestro.

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Trabajé como fabricante de vitrales emplomados. Poco después me dediqué a leer la Patrología de Migne («Patrologiae Cursus Completus, Series Graeca») Son 161 volúmenes más un índice adicional, editados entre 1857 y 1866. Un peñazo. Un truño. Prefiero un Osasuna-Español.

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La bibliotecaria de Filadelfia Susan Horn fue una importante ladrona de libros. En 1997 hallaron en su apartamento 6.000 volúmenes que había sustraído del acervo que custodiaba en su trabajo ¡Ni el Barça con Negreira!

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Artemidoro, autor del más antiguo tratado de interpretación de los sueños que se conoce, mencionó sueños donde se comen libros: «Soñar con comer un libro es bueno para personas instruidas, para sofistas y para rétores». Yo sueño con Poli vestido de lagarterana de la Finojosa.

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Gallud Jardiel llamó a devorar los libros con prisa y ansiedad, » bibliopepsia», que es una enfermedad que define asimismo como «propensión a la lectura apresurada, fragmentada y sin aprovechamiento». Así yo leí «Guerra y paz», algo sobre Rusia, si no recuerdo mal. Maldini es un «pallapépsico».

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Sir Thomas Phillips, anticuario británico, reunió la mayor colección de material manuscrito en el siglo XIX d. C., debido a su severa condición de bibliómano. Acumuló cerca de 40.000 ejemplares de libros y 60.000 manuscritos. Un as, como Messi.

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Debe identificar ese impreso «sine notis». Sufro una disposofobia libresca. El reverendo Dibdin, coadjutor en Kensington, escribió «The Bibliomania or Book Madness. Containing some account of the History, symtomns, and cure of this fatal disease». Más lindo que un gol en el último minuto.

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¡RASO AMARILLO A A CAMBIO DE MI VIDA! No me apetecen mucho los pases y regates de Mbappé; tiendo mucho más al estudio de la metodología catalográfica descriptiva propuesta por la «Library of Congress» en su «Descriptive Cataloging of Rare Books».

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Leeré el «De fide sanctae Trinitatis», de Alcuino, los trece libros de «Lo crestià», de los que parece que Eixemenis solo compuso cuatro, y a Pedro Coméstor, discípulo de Pedro Lombardo. Qué vida más ilustrada, ¡y en estos tiempos de hornillos, fogones, balones, periodistas deportivos y VAR! He estado leyendo «Lógica matemática y computacional», de Carlos Jiménez de Parga, «Time and Modality», Oxford University Press, de A. Prior (basado en sus lecturas John Locke en 1956) y «La lógica y su filosofía», de Quesada. Francamente queridos, me importa un bledo el fútbol.

Tractatus 4

Conservo mis modales bostonianos (ahí estuve estudiando en los años noventa del pasado siglo), hablo sin levantar la voz y con un asomo de sonrisa. Ni mi conversación ni mis libros son luminosos. Ni dandi ni delgado (calvo y grueso) El mundo clásico, el iniciado con la revolución romántica filosófica del s. XVIII, con la revolución científica del s. XVII, con la revolución industrial incipiente, pero clara, ya en el XVI, se ha terminado y ha aparecido otro nuevo, un mudo del que, pese a atrevidas especulaciones, todavía no sabemos nada. Lo que es evidente es que el mundo que dejamos atrás se va a quedar atrás por siempre, mientras que el nuevo no sabemos en qué va a consistir. Me gusta la filosofía, la ciencia y la política llenas de humor. Es maravilloso cómo preparan los discursos y conferencias los ingleses: siempre empiezan por una broma. Al contrario, los sureños somos tenebrosos y aburridos (yo el primero) Amable y cortés, preocupado por la precisión de mis palabras: desearía que la exactitud y la belleza formaran parte de mis argumentos e ideas. No tengo casa en París, y me aburre Nueva York. Critico la financiación y el sostén de formas de creación que podían desarrollarse y defenderse por sí mismas: la música rock, el tag, los videojuegos, el cine, el cómic… Critico que se use el castillo de Versalles como escaparate para los artilugios de “artistas” como Jeff Koons, el amado de los multimillonarios. Critico a Urtasun, que es a la cultura lo que el ministro Manuel Fernández Silvestre a la historia militar. Nunca llevé un sombrero panamá blanco a juego con el blazer. Nunca mi calzado combinó con el fular. Vivo en una aldea de diez habitantes donde no para de llover. No soy para nada machista ni misógino.

Larga la relación entre la misoginia y los libros, o entre la misoginia y el varón. No todo ha sido amor cortés o salonnieres del XVIII. Gentes de gran categoría escribieron perlas como estas: «La mujer es natural, entonces, abominable», «Para la mayor marte de las mujeres, amar a un hombre es engañar a otro», «A los treinta años una mujer debe escoger entre su culo y su cara», «Cuando se han visto un montón de mujeres alemanas, qué placer causa ver una vaca», «Un gran filósofo creyó que el alma se encontraba en la glándula pineal; ¡ay si yo os dijera dónde pondría el alma de una mujer!», «Se agazapa siempre un mono penoso en la más hermosa y angelical de las mujeres», «No, no crean que las mujeres son gatas o pajarillos; solo son mulos», «Hace dos años que no hablo con mi mujer; fue para no interrrumpirla», «La cama más confortable es la del soltero», «Copular es el acto que más se parece a un tortura o a una operación quirúrgica», «¿Sirven para la política? Bueno, como secretarias de estado del ganchillo», «Más que frágiles, son elementales y simplonas», «Estoy muy contenta de no ser un hombre, porque así no se me obliga a casarme con una mujer», «Refinadas en el rencor, charlatanas inveteradas, indotadas para la lógica, manipuladoras hasta extremos inconcebibles», «El matrimonio viene del amor como el vinagre del vino», «No te creas nunca a una mujer; incluso si dice la verdad», «Instrumentos intercambiables para un placer idéntico», «Los hombres se construyen un rostro en la vejez; las mujeres se lo destruyen», o, ya para concluir, esta cita de Eixemenis: “Els mals naturals de les dones són aquests: el primer, que segueixen de tal manera les seves passions, ja la ira, ja el plaer o allò que sigui, sense mesura; i això porta defalliment de la raó, perquè la raó no pot temperar aquells mals, perquè no n’hi ha; el segon, que parlen tant, que és una maledicció; i això els ve de la mateixa causa, perquè no tenen raó suficient per temperar els seus defectes”.

Bukowski pegaba a su pareja Linda. Modigliani y Picasso las torturaron. Homero, canto XXII, versos 700-705:

«El Pélida al momento depositó el tercer grupo de premios
para la ruda lucha, tras haberlos exhibido ante los dánaos:
para el vencedor un gran trípode para poner al fuego,
que en el precio de doce bueyes valoraban los aqueos entre sí;
y para el vencido puso en el centro una mujer
diestra en muchas labores, a quien tasaban en cuatro bueyes».

O Alfred de Vigny: «No soy amado como quiero, por eso la mujer es un ente bajo, mezquino, vil, que contrasta con la bondad y nobleza del hombre». Y Gonzalo Rojas: «Menos que meretrices, más que vacas,/ merecen un establo/ donde haya cien corridas de mujeres/ en cuatro patas, con las ubres sueltas».

Heinrich Heine, criticando y expliando su animadversión por el libro «De l’Allemagne» de Madame, Germaine, de Staël. En una parte se expresa así de las escritoras:

«¡Oh, las mujeres! […] Cuando escriben, siempre tienen un ojo puesto en el papel y el otro en algún hombre, y esto se aplica a todas las escritoras, con excepción de la condesa Hahn-Hahn, que sólo tiene un ojo. […] Las mujeres, como todas las naturalezas pasivas, rara vez saben inventar, pero tienen el talento de desfigurar los hechos existentes de una manera tan pérfida, que estas falsificaciones refinadas son más dañinas que las vulgares invenciones de los hombres. Creo que verdaderamente mi difunto amigo Balzac tenía razón cuando una vez me dijo con un tono muy afligido: la mujer es un ser peligroso».

Acaso se escandalicen (los ejemplos podrían ocupar varias enciclopedias) No debiera ser así. Es muy sencillo hacer reproches al pasado. El pasado tiene el defecto de ser anacrónico, y nosotros la virtud de no serlo y de estar equipados con una predeterminada sensibilidad moral. No lo olviden, no hay, señores y señoras, peor prejuicio que creer que podemos razonar o ver el mundo sin prejuicios.

Tractatus 3

En «El libro de Margery Kempe», Lynn Staley Editor, Teams, p. 117, leemos «El hombre es un verraco y es falso que de rabo de puerco nunca buen virote [así traduzco la expresión inglesa: «make a silk purse out of a sow’s ear»]; voraz, gordo, sucio, feo, sangriento, chillón, impuro y despreciable como un cerdo, el gruñido de ambos solo puede indicar malandanza y pésimos tiempos».

Asimismo el padre Gabriel Théry, en su magnífico «Études dionysiennes», Vrin., p.30, nos dice «Solo hay una fruta verde que madura al instante hasta el punto de pudrirse, nosotros, los humanos. Como un moho mucilaginoso de la especie «Fuligo septica», nos espera el severo juicio final. Y solo al perdonar se nos abren las puertas del cielo».

Y, por último, apuntemos que, Hans Hermes, en «In memoriam Wilhelm Ackermann 1896-1962», Notre Dame Journal of Formal Logic 8 (1967), cuenta una anécdota curiosa: «El profesor Ackermann me dijo una vez a modo de confidencia «Cada vez soy más consciente de mi ignorancia. Cuanto más estudio, más imbécil soy. O más imbécil sé que soy. Cuanto más, menos. Y el hombre, ilógicamente, cree que cuanto menos, más. No tiene remedio»

Tractatus 2

Meditabundo y solitario en la orilla de esta playa de calamidades, no veo solución a este mundo, a este «atzucat», palabra catalana intraducible que proviene del árabe y que viene a significar callejuela sin salida, «cul-de-sac», aquello que el OED define como: «1. a short road that is blocked off at one end 2. a situation that leads nowhere: 3. a street that is closed at one end», y que la RAE (creo) no incluye en su diccionario. Barbarie, pobreza, corrupción, serán las notas o cualidades del nuevo mundo. Preferiría no verlo.

Mientras, leo y observo. A idiotas políticos de populismo rancio, de una inmensa mediocridad no asumida, con sus acartonados eslóganes y su memez forrada de bobería. Las ideas se han convertido en gominolas o chuches, la estética en un desierto, el vivir en bagatelas y golpes de pandareta en vez del violín. Vamos de Burberrys al fangal, de la mejor lana inglesa a mancharnos con polvo arenoso. Qué hermoso que alguien te diga: «raso amarillo a cambio de mi vida!». Es casi lo único que yo puedo ahora tolerar. Y la autobiografía de Hume, editada por su amigo A. Smith, donde se describe a sí mismo como un hombre de disposición afable y tranquila, de temperamento suve, de humor abierto, sociable y animado, capaz de sentir afecto, pero no enemistad, y de gran moderación en todas las pasiones. Pocas cosas más tolero; «Oceanografia del tedi» de D´Ors, Lur Sotuela, Pedro Sainz Rodríguez, Donoso Cortés, Carl Schmitt, y Buffon, y Condillac, y las corbatas de seda ¡RASO AMARILLO A A CAMBIO DE MI VIDA!

Tractatus 1

Permítanme desgranar mi gusto o disgusto por esta vida a la que a veces acudo a regañadientes. Alardeo, si es que esa palabra es lícita dicha en positivo, de que ya recuerdo poco, o nada, de lo estudiado o leído, o visto en museos, pero con gana y sin desdén sigo siendo hombre con intereses letrados. Leyendo y escribiendo no me hice sabio, antes al contrario. Escapé mucho del mundanal ruido. No quise publicar cosas de general divulgación. No, no me ha interesado ese público popular. Creo que un poco me arrepiento de mis libros minoritarios en lugar de ganar unos buenos dineros con ellos. También me apena ser un «pesao», un latoso, un rasgo de personalidad imperdonable. No fui fértil en facecias, sí ligeramente malévolo (más privada que públicamente), irónico y, paradójicamente, con sentido común. Y, si tuviera que legar una idea para la posteridad, poco diferiría del lema bíblico: “Colligite quae superaverunt fragmenta, ne pereant”. Me gustan los postres, leer libros raros y la memoria perenne de mamá.

La vida es mortal. Pero acaso podamos hacer en ella un hueco para leer a Juan Clímaco, abad de la comunidad de monjes del Sinaí, autor de «Liber ad pastorem» (existe una «Vida» de Juan Clímaco, escrita por Daniel de Raitu, ciertamente pobre en informaciones precisas) La obra que dio a Clímaco celebridad duradera fue sobre todo «Scala paradisi». Siguiendo una imaginería inspirada en la escala de Jacob, describe las etapas de la ascensión espiritual en treinta escalones, que corresponden a los treinta años de la vida oculta de Jesús. Escrita con mucho sentido psicológico (descripción de la gula o de la acidia, por ejemplo), en una lengua vigorosa y a menudo llena de imágines, la «Scala paradisi» tuvo gran influencia en Oriente, donde fue comentada con frecuencia.

Y también les recomiendo la lectura de Jan van Ruysbroek, ordenado presbítero en 1317, que llegó a «vicarius» y después a «capellanus» de Santa Gúdula. Sus escritos místicos son de un valor excepcional; obras maestras literarias, monumentos de literatura, descripciones preciosas. Lean «La piedra resplandeciente», opúsculo de una belleza y sutileza pasmosa. Ruysbroek habla, como los renanos, de un más allá de las palabras y los conceptos, de la «profundidad abismal del silencio» y del «desierto» al que se llega solo por el no saber.

Nota bene: En Gerona existió un centro activo que contó con cabalistas sobresalientes: Juda ben Yaqar, Ezra ben Salomón, Azriel, Jacob ben Sheshet, Moisés ben Nahmán. Sus escritos han sido casi todos editados y traducidos. Léanlos, si les parece bien, amigos. Es tiempo muy bien empleado. Leer, leer, y no saber nada.

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«El nivel cultural y el ambiente intelectual tenían, según mis recuerdos, mucha más viveza y calidad que ahora. Es un hecho sobradamente conocido que ahora nuestros alumnos vienen a la facultad con muchos menos conocimientos generales, y no solo porque el bachillerato actual es muy inferior al de antes, sino también porque ese alumnado está muy masificado y mediatizado por una cultura más audiovisual y los adelantos tecnológicos en que invierten la mayor parte de su tiempo, y esa deficiente preparación cultural repercute en todo. Se ha volatilizado, el horizonte humanista de aquella Facultad de Letras, ya fragmentada muy significativamente en facultades de Filosofía, Historia, Filología, Pedagogía y Psicología. Este es uno de los exponentes de la creciente especialización de los estudios, que significa, ya en su principio, un empobrecimiento cultural difícil de superar. Que un estudiante de Historia ignore la Filosofía, la Literatura, la Antropología o la Teologia, y los de Pedagogía o Psicología, las Bellas Artes y todo lo demás, es algo que no solo atenta contra la tradición, sino contra la misma idea de la cultura humanista. La especialización está bien, indiscutiblemente, pero a partir de unos conocimientos generales, sin ellos, como decía Ortega, es barbarie», Carlos García Gual.

Adiós a la mente 13

Veo a mis colegas escritores como artrópodos cargantes, engolados y pomposos, como crustáceos repulidos. Percibo a mis coetáneos como valvas aburridas obsesivamente pegadas al televisor o al portátil. Al menos con mis vecinos de la aldea hablo de patatas, «leitugas», tomates y pimientos, de casamientos, defunciones, del tiempo que hace, una mitología cerrada y reducida, es verdad, pero de una eficacia sorprendente y, en líneas generales, de una alta dignidad.

Llovet: «Los medios de comunicación, la opinión pública fantasmagórica que se ha creado, aquí y en todo el mundo occidental, ha hecho que no importe nada la soberanía intelectual que debe poseer todo ciudadano en una nación o en un Estado democrático. Y sin esta soberanía individual, compartida por la vía del diálogo (dia-logos, un lenguaje, una voz, un discurso, que se pueden atravesar), las naciones pueden derivar hacia un constructo similar a las tiranías.

Es el gran problema de las democracias actuales, y diría que en todas partes: no están basadas en el acuerdo dialogante entre la ciudadanía que conforma un Parlamento, sino en una especie de logomaquia, una guerra de palabras, de frases hechas, difundidas por los partidos políticos, que han minado la posibilidad del disentimiento racional y sensato».

El polifacético Alain, escritor francés del siglo XX, aconsejaba a sus discípulos que no leyesen demasiados libros, y añadía que un centenar de volúmenes es suficiente para toda una vida «a condición de leerlos una y otra vez». También Roma acuñó una máxima que todo lector, de cualquier tiempo, debería tener en cuenta: «non multa sed multum»: no conviene leer demasiados libros, sino pocos -los mejores, si es posible- y a fondo. Al fin y al cabo, como decía Italo Calvino, lo importante de los clásicos es que su lección no se agota jamás; los autores clásicos pueden ser revisitados en todo momento.

A muy pocos interesa la cultura. A veces creo que el libro culto o excelente es un objeto extraño en nuestra sociedad. Yo leo y estudio cosas raras, y disfruto y no me aburro, como el «Polycraticus», de Juan de Salisbury, o la «Metanasiana», de Thémiseul de Saint-Hyacinthe. Y no paro de repasar artículos del «Dictionnaire» de Bayle, o de la undécima edición de la «Britannica». Leo «Mirifici Logarithmorum Canonis Descriptio» («Descripción de la maravillosa regla de los logaritmos», en español, y conocido informalmente como «Descriptio») que es un libro del terrateniente y aficionado a las matemáticas escocés John Napier, donde expone, por vez primera, el método de uso de los logaritmos, o leo el «Liber abaci» (1202), libro histórico sobre aritmética de Leonardo de Pisa, más conocido como Fibonacci. También me gusta leer novelas de ternura y hechuras novísimas, poesía del ahorita mismo, ensayos sobre tópicos del día, y, de manera obsesiva, recurrente, a los amados clásicos grecolatinos (vano, amigos, nombrar a Homero, Esquilo, Catulo, Virgilio, Plutarco, Platón, Tácito etcétera) Y no molesto a nadie, y no se envilece mi espíritu, y soy moderadamente feliz -mi salud suele sabotearme-; feliz, que es a lo más que se puede aspirar en esta solitaria, pobre, chata, desagradable, brutal y corta vida.

NOTA BENE: ¿A quién hablar de Homero, Dante, Montaigne, Flaubert, Lucrecio, Tolstói, Mann, Mozart, Musil, Boccaccio, Pascal, Stendhal, Eurípides, Cervantes, Séneca, Husserl, Wittgenstein, Hume, Descartes, Schumann? Y eso por no hablar de Orígenes, Tertuliano, Gong Sunlong, Al-Farabi, Juan Poinsot, Ernst Schrörder, Peano, Skolem, Miguel Espinosa, Carranque de Ríos, Telemann, Julio Cejado, Fonollosa, Chatterton, Borel, nombres, no muy ignotos, pero que no conoce prácticamente (o sin prácticamente) nadie. Soy un río de tiempo, nombres y citas que a nadie interesan. Jordi Évole, Roncero y Pedrerol, Carlos Latre, Isabel Pantoja, Bertín Osborne, Pedri y Yamal, las Campos, Georgina, Ayuso, Sánchez, Ábalos, Lola Lolita, Matamoros, Paula Gonu, Ibai, Verdeliss, son lo que se estila, los cerebros de guisante y peso mosca que influyen y están en el candelero. De algún modo la plebe siempre fue menor de edad y notablemente sórdida, pero resulta paradojal que, en la época del conocimiento, brille por su ausencia ese mismo conocimiento, y triunfe la más bárbara ignorancia.

Adiós a la mente 12

REPOSO DEL DÍA (BEBIENDO UN PÓSTUMO CLARO DE LUNA ENTRE LAS RUINAS)

La Gillette en la cómoda, a punto.
Unas palabras de amor para mi hermana,
y partir ahora mismo, ¿por qué no?
al firmamento cubierto de piñuelos o fucos,
en la hora poderosa coronada
de pompas de jabón, entre balsos
peñascales donde no se pone el sol.
Eso sería un buen fin.

Adiós a la mente 11

Españoles. Se alimentan de mondongo, crías de ratones conservadas en vino de arroz, orejas fritas de ternera en salsa mantecosa y sesos de gorrión. Famoso fue Valle-Inclán cuando nos ofrece una amarga reflexión sobre nuestra sociedad: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”.

La crítica social de Valle no se dirige contra individuos, clases o colectivos concretos, sino que es una QUEJA TOTAL referida a toda la vida nacional. En «Luces de bohemia» aparecen satirizados grupos de distinta índole: el mundo artístico, los políticos corruptos, los policías brutales, los periodistas al servicio del poder, los poetas fracasados, la burguesía, las prostitutas y los borrachos. En definitiva, la España que aparece en la obra es una multitud que vive a salto de mata, hundida en su miseria moral y económica: “En España el mérito no se premia; se premia el robo y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”. Un pueblo que “transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere”. Ideas absolutamente vigentes.

España es un país semianalfabeto, donde no se lee y el consumo de telebasura se dispara. Lo jóvenes -berros, necios, rucios- son cada vez más idiotas, preocupados únicamente por gilipolleces e incapaces de sentir el más mínimo interés por la cultura o el arte. Un populacho que lo poco que lee es bazofia, basura comercial para borregos, algo extensible a la música o el cine. Un pueblo inculto es un pueblo perfectamente maleable y condenado.

Ahí tenemos el ejemplo de nuestro Presidente retrasado, cuatrero, pifas, huiña, que nos está hundiendo, encumbrado al poder a base de mentiras que sus ovejas creen ciegamente, y pese a todo, aunque dichas ovejitas deben sufrir políticas demenciales, aún lo defienden. Ningún espíritu crítico, solo acatar las órdenes sin rechistar, solo servir ciegamente. Un país como un asqueroso rebaño jamás será libre.

La referencia en la comparación de España no debe ser pues Corea del Sur, sino Turquía; otro Estado de mierda con un gobierno confesional, autoritario y corrupto, donde la mayoría de la prensa, y el resto de resortes y palancas de control social, son detentadas por un poder autocrático que las usa para perpetuarse.

España, pueblo baladrón de botargas, cardizales, pueblo charrán, de lechuzos tarambanas, de zurrapas. España mesocrática, pazpuerca, país que sería un país de mierda, si al menos fuera un país.

***

Duro convivir con mi parafrenia. Lepra que se abre paso en los nervios (incapacidad del pensamiento para orientarse hacia un objeto preciso, indiferencia, disociación y regresión afeciva), pálido y tísico animal de granito (necesito sangrías, exorcismos, encantamientos, vomitivos y purgantes), invierno lleno de huecos, goteras y cascotes (tonalidad de un comportamiento raro, excéntrico y autista)

Me desprecio cuando con ustedes soy impúdico y victimista, pero les aseguro que la demencia esquizofrénica no es un asunto nada fácil de sobrellevar. Te repudian, te aíslan, eres la comidilla (para mal) del pueblo o del barrio, pierdes capacidades y desempeño.

El sol, alejándose de los ventanales, va sumiendo mi biblioteca en una penumbra ingrata. Nadie con quien hablar. La aldea lo mismo que un féretro. La esmeralda del día hiela mis ojos. Nunca debí nacer.

Adiós a la mente 10

PLATÓN

Querido Maestro,
fue un amigo que me acompañó
cuando creía que el alma era
inmortal, y el viento un bandolero
suelto. Lo leí en aquellos lejanos
días perfectos de sol, movida
mi mente joven por ponis dorados.
Pero el aroma picante de tostadas
semillas de anís, el tiempo, la vida,
ya no me permiten enlazar
lo suave fugaz con lo áspero eterno,
lo humano con lo divino,
lo terrenal con lo celeste.
¿Bienes peregrinos sus mitos?
¿Meros ladridos por siglos de memoria?
Veo su rostro tan sabio alejándose
del ágora, sus ojos, la mirada,
extraños espejos de la Verdad,
y solo puedo enorgullecerme de su brillo,
recuerdo el calor de las lecturas,
junto a un río y bajo un plátano,
y solo puedo enorgullecerme de sus palabras.