Diario de Aquitania 17

“Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros”, Adolfo Bioy Casares.

“…solo los ciegos y los bibliófilos recuerdan que algunas de las voces más hermosas de la palabra escrita son únicamente accesibles a través del tacto”, Stephen Spender.

“No hay disposición de ánimo a la que no pueda el hombre aplicar la medicina oportuna con sólo alcanzar de sus estantes un libro”, Arthur Balfour.

“El bibliómano que atesora está feliz de poseer sus libros, porque los ama celosamente: su biblioteca parece un serrallo, al que no entran ni los eunucos; sus placeres son discretos, silenciosos e ignorados; no permite ni a un amigo que contemple alguna de sus bien amadas, los acaricia con la mirada, los toca con satisfacción… y disfruta de su dicha en soledad”, Marià Graells.

“Pocos objetos como el libro despiertan tal sentimiento de absoluta propiedad. Una vez han caído en nuestras manos, los libros se convierten en nuestros esclavos, esclavos, sí, por ser de materia viva, pero esclavos que nadie pensaría en liberar, por ser hojas muertas”, J.V. Foix.

“Un compañero bendito es un libro, un libro que, bien elegido, es un amigo de toda la vida, …un libro que, a un toque, vierte su corazón en el nuestro”, D´Annunzio

“¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras”, Federico García Lorca.

“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”, Lorca.

“Algunos entramos un día en los libros como quien entra en una orden religiosa, en una secta, en un grupo terrorista. Peor, porque no hay apostasía imaginable: el efecto de los libros sólo se sustituye o se alivia mediante otros libros. Es la única adicción verdadera que conozco, la que no tiene cura posible”, Fernando Savater.

“Ese lugar que contiene / Mis libros, los mejores compañeros, es para mí / Un patio glorioso, donde cada hora converso / Con los viejos sabios y filósofos; / Y a veces, por variedad, consulto / Con reyes y emperadores, y pondero sus consejos; / Llamando a sus victorias, si obtenidas injustamente, / A una cuenta estricta, y, en mi fantasía, / Desfigurar sus estatuas mal colocadas”, Francis Beaumont y John Fletcher.

“…en realidad amo todos los libros de cualquier formato, en octavo o de bolsillo, de todos los grosores y dimensiones, satinados, coloridos, glaseados como los bombones para ganarse un lugar y durar en el escaparate, para atraer como prostitutas envejecidas el ojo distraído del paseante ocasional, para no deslucir junto a los juguetes y artilugios de un mundo en busca desesperada de emociones que no merece y no obtendrá”, Susana Bardón Iglesias.

“Amo todos los libros sin distinción, encuadernados con orla de oro o en humilde rústica, ricos y pobres. Son los amigos a quienes tanto debo”, conde Libri.

“Confieso sin pudor que amo los libros con un amor sensual, físico. Adoro el polvo que se insinúa en todas partes. Provoca un picor en las mucosas nasales y se desliza como un maquillaje compacto bajo las ávidas falangetas. Me encanta acariciar lentamente el papel rugoso de las viejas ediciones, granuloso, como papel de queso. Detesto el papel satinado con regusto a revista de entretenimiento para señores que aguardan sufridamente en la sala de espera del dentista”, John de Zulueta Greenebaum.

“Me acerco al libro como a un alimento exquisito. Doy vueltas a su alrededor. Lo olisqueo. Adoro cortar sus hojas Es una especie de lectura primera, furtiva, un echar ojeadas a hurtadillas, aquí y allá. La impaciencia de un placer diferido. Sé que es un placer sospechoso a los ojos de las feministas ardientes: tiene regusto de penetración, de invasión de un territorio que no es propio”, Satsuki Sheena.

“¡Cómo entiendo a los ladrones de libros! ¡Cómo los comprendo y me siento, en el fondo, su cómplice! Nunca conseguiría condenarlos. Por otro lado, también yo, y lo confieso con cierto rubor, pero sin traumas psicológicos, he sido culpable de ello. Y más de una vez, cuando todavía estaba en la verde edad de la pubertad, la bibliomanía y los escasos medios económicos, me empujaban al hurto de libros, por desgracia, debo reconocerlo, de manera bastante sistemática”, C. Nodier.

Diario de Aquitania 16

“Ésta es la belleza de la escritura: no se hunde en la materia, no sumerge el espíritu en las potencias más bajas, sino que da fuerza para levantarse de nuevo en el menor tiempo posible y precipitarse hacia el ser. En una vida así, lo que está abajo también está arriba”, Miguel de Molinos.

“Dios me salve de alguien que solo ha leído un librito”, Tomás de Aquino.

“Libros, sois vasos de oro llenos de maná; rocas que brotan miel; ubres rebosantes de leche de vida; depósitos inagotables; la cuádruple corriente del paraíso, que refresca el alma humana y moja y riega el espíritu sediento; árboles cargados de fruta, higueras que no conocen fracasos en la cosecha; lámparas encendidas, para llevar siempre en las manos”, Guillermo de Saint-Amour.

“Las bibliotecas se llenan de libros, pero las mentes se empobrecen cada vez más en educación”, G. Cardano.

“La lectura enriquece a las personas, el intercambio verbal de ideas las vuelve inteligentes. Escribir te ayuda a obtener conocimientos más precisos”, R. Grosseteste.

“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen creen que podrían haberlos escrito ellos mismos”, Pascal.

“La escritura es letra muerta que sólo la imaginación y el intelecto de la lectura pueden avivar”, Gregorius Eliberritanus.

“Man sollte alle Tage wenigstens ein kleines Lied hören, ein gutes Gedicht lesen, ein treffliches Gemälde sehen und, wenn es möglich zu machen wäre, einige vernünftige Worte sprechen”, “Debemos escuchar al menos una plácida canción todos los días, leer un buen poema, ver un cuadro excelente y, si nos es posible, decir algunas palabras sensatas”, Goethe.

“Los libros son sólo cartas gruesas para los amigos”, Helvetius.

“Los libros tienen un sentido del honor. Si los das, no volverán”, Lord Palmerston.

“La educación no pasa por leer, sino por pensar en lo que se lee”, Menéndez Pelayo.

“Escribe brevemente y lo leerán. Escribe claramente y lo entenderán. Escribe en sentido figurado y lo recordarán”, Persio.

“¿Dónde encuentro todo este tiempo para no leer tanto?”, Karl Krauss.

“Una buena novela cuenta la verdad sobre el héroe, pero una mala novela cuenta la verdad sobre el coche”, Chesterton.

“El mejor libro es aquel que hace sentir al lector su propia riqueza”, Plutarco.

“Un lector lo tiene bien: puede elegir a sus escritores”, J. Divisa.

“Incluso a los encargados de la mudanza no les gusta la gente que lee libros. Pero al menos tienen una buena razón para ello”, G. Laub.

“¡La lectura no es un valor en sí misma! Desde Gutenberg se han impreso muchas más tonterías que las que la mala televisión ha podido difundir en sus ochenta años de existencia”, H. Casciari.

“Escribir libros me conmueve, crea en mí dispares sentimientos. Pueden hacerme pasar de un estado de ánimo feliz y despreocupado a uno reflexivo, de la ansiedad a la duda, de la misma confianza a la tórrida obsesión”, M. Colell.

“A la mayoría de los libros solo les quedan citas ¿Por qué no simplemente escribir citas?”, G. Perec.

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“—Yo, señor don Quijote —respondió el hidalgo—, tengo un hijo, que, a no tenerle, quizá me juzgara por más dichoso de lo que soy, y no porque él sea malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera. Será de edad de diez y ocho años; los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas latina y griega, y cuando quise que pasase a estudiar otras ciencias, halléle tan embebido en la de la poesía (si es que se puede llamar ciencia), que no es posible hacerle arrostrar la de las leyes, que yo quisiera que estudiara, ni de la reina de todas, la teología. Quisiera yo que fuera corona de su linaje, pues vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras, porque letras sin virtud son perlas en el muladar. Todo el día se le pasa en averiguar si dijo bien o mal Homero en tal verso de la Ilíada; si Marcial anduvo deshonesto o no en tal epigrama; si se han de entender de una manera o otra tales y tales versos de Virgilio. En fin, todas sus conversaciones son con los libros de los referidos poetas, y con los de Horacio, Persio, Juvenal y Tibulo, que de los modernos romancistas no hace mucha cuenta; y con todo el mal cariño que muestra tener a la poesía de romance, le tiene agora desvanecidos los pensamientos el hacer una glosa a cuatro versos que le han enviado de Salamanca, y pienso que son de justa literaria”.

Diario de Aquitania 15

Nada ahuyenta más rápido los malos sueños que el crujido del papel impreso, porque de todos los mundos que ha creado el hombre, el de los libros es el más poderoso.

Puede parecer una metáfora risible propia de un libro infantil, pero no lo duden: aprendes a amar, reír y caminar de tus padres, pero sólo cuando entras en contacto con los libros descubres que tienes alas. Una vida sin libros es como una infancia sin cuentos de hadas, como una juventud sin amor ni sexo, es como una vejez sin paz. Los libros son alfombras voladoras hacia el reino de la imaginación. Mi librero, claro, claro, es mi mejor farmacéutico.

Los libros lucen en la biblioteca como un estallido habanaro. Los libros lucen en tus manos como las estrellas de noche en los músculos de un gondolero. Los libros lucen en tus ojos como vibra el fuego «en el crepuscle marí i fuliginós».

Libros, pasión de mi vida.

Diario de Aquitania 14

En el siglo XIII, Santo Domingo de Guzmán mandó quemar los libros heréticos albigenses con la pretensión de que si alguno de ellos era ortodoxo se salvaría de las llamas (momento admirablemente ilustrado por Pedro Berruguete en su tabla conocida como «El milagro del libro incombustible»)

La nota de humor sobre el libro la puso Julio Camba: «Los libros sirven para muchas cosas. Sirven para completar el mobiliario de las habitaciones. Sirven para realzar el asiento de una silla, cuando a la hora de cenar, alguna persona de pocos años o de escasa estatura no se encuentra en el comedor al nivel de su plato de sopa. Sirve para calzar la pata de una mesa. Sirven para obturar agujeros, y si ustedes me dicen que sirven también para leer, yo me veré obligado a responderles que, en efecto, algunas veces hasta sirven para eso, pero que si el público no comprase libros más que con el único y exclusivo objeto de leerlos, el negocio editorial daría poquísimo de sí».

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«Cardenales en llamas apopléticos cosechan tomates al borde del mar Rojo». Título de un cuadro mío: un monocromo rojo.

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(Tiara de frases que infunden o hacen nacer en el ánimo o la mente afectos, ideas, designios, etc…)

«El hábito de la perseverancia es el hábito de la victoria. Cualquier necesidad que te imponga, aguántala; todo lo que ella te ordene, hazlo. Perseverar en el deber y callar es la mejor respuesta a la calumnia», Samuel Johnson.

Como bardólatra irrefragable, acaso sirvan de consuelo estas palabras (creo que) de «La tempestad»: «Then with the losers let it sympathize, for nothing can seem foul to those that win».

«La celestina»: «Todas las cosas ser criadas a manera de contienda y batalla. Sentencia de Heráclito a mi ver digna de perpetua y recordable memoria». Frase clásica para que nos motive en lugar de las de los adefesios «influencers».

Parece una mentecatez -acaso no, seguro que no- de galletita china, pero les aseguro que es de Proust: «Il n´y a pas de réussite facile ni d´échec définitif», «No hay éxito fácil ni fracaso definitivo».

Inspírense en mi maestro Addison: «Success is the ability to go from one failure to another with no loss of enthusiasm», «El éxito es la capacidad de pasar de un fracaso a otro sin perder el entusiasmo».

Simone Weil: “Il n’y a qu’une faute: ne pas avoir la capacité de se nourrir de lumière”.

Diario de Aquitania 13

OBRA MAESTRA

¡Genios del arte y la jodienda,
espíritus sin fin de la vanguardia
que al plátano del virgen dais pesetas
y al carajo del hombre fortaleza!
Vértigos que turbáis nuestras cabezas,
plátano con cinta, te invoco y os alabo
con la conciencia limpia y sucio el nabo!
“Parvenus” del mundo en que vivimos,
esta peregrina soplapollez secreta,
y los misterios del arte contemporáneo,
es dar a la ficción y el disimulo,
a fuer de caballeros, por el culo.

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HABLA EL JAPONÉS QUE COMPRÓ EN SOTHEBY´S POR 6,2 MILLONES DE DÓLARES EL PLÁTANO SUJETO CON CINTA ADHESIVA

¿Es muy soso? ¿Te gusta?
Porque tiene poca gracia,
uno mismo en un museo
agarrarse con cinta el banano.
Es un golpe dado en vago,
es una jodienda falsa,
es fornicarse a sí mismo,
es un engaño, una farsa.
Pero hacérselo tocar
tras subasta delicada
en tu casa multimillonaria
por tu mujer nipona linda,
eso, queridos, es una pasada.

Diario de Aquitania 12

Gloucester se jacta de su capacidad para engañar a los demás personajes a través de la apariencia. Como nuestro chuzón y retrechero presidente: «Revistiendo así mi desnuda villanía con retazos viejos robados de la Santa Biblia; parezco un santo cuando más hago el diablo».

***

Acudo a mi maestro Shakespeare:

«He who commits a wrong will himself inevitably see the writing on the wall, though the world may not count him guilty».

Pronto se desvaneció la promesa de la estación vehemente. Sánchez, como sobre la escena el actor mediocre, azorado su papel olvida.

***

«Roses have thorns, and silver fountains mud;
Clouds and eclipses stain both moon and sun,
And loathsome canker lies in sweetest bud.
All men make faults» W. S.

Muchas faltas cometió Sánchez.

Tan alto es el grado de mezquindad, cutrerío y prácticas mafiosas en las filas socialistas, que he sentido el ruido del crack. El tinglado aguanta hasta que el hedor se hace insoportable.

***

«MACBETH: If good, why do I yield to that suggestion
Whose horrid image doth unfix my hair
And make my seated heart knock at my ribs
Against the use of nature? Present fears
Are less than horrible imaginings.
My thought, whose murder yet is but fantastical,
Shakes so my single state of man
That function is smothered in surmise
And nothing is but what is not».

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«Las características que más tarde identificaron al totalitarismo (presión política hacia el conformismo, represión, terrorismo de Estado contra los disidentes, policía secreta y campos de concentración) no eran las que habían hecho deseables estos regímenes. La gente había estado seducida porque tenía la sensación de ser tratada de forma igualitaria sin ser ignorada, de no deber contar solo consigo misma, sino de gozar de la protección, de la seguridad y de la solidaridad de una comunidad nacional y no dividida en clases», Wolfgang Schivelbusch.

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«El lenguaje político no fue la sencilla expresión de una posición ideológica determinada por intereses sociales y políticos subyacentes. El mismo lenguaje contribuyó a configurar la manera en que se concebían aquellos intereses, y entonces el desarrollo de las ideologías. Dicho de otra forma, el discurso político revolucionario era retórica; era un instrumento de persuasión, una manera para reconstituir el mundo social y político», J. Dodson.

***

«El único poder del hombre político se encuentra en la capacidad de producir prosélitos, seguidores e imitadores, pero para poder hacer esto debe adaptarse a los códigos de comunicación de la lengua popular. Hablar con el pueblo implica hablar como el pueblo. En este sentido la historia del lenguaje implica la historia de las sociedades», Fabrice d´Almedia.

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«El lenguaje político pierde, entonces, las características de un lenguaje cultural para transformarse en una especie de superficial barniz del alma, que invade las relaciones privadas y vacía la conversación de su esencia. Se trata, pues, del triunfo del conformismo y del miedo a equivocarse, del temor de no decir lo que se debe decir», Abraham de Moivre.

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Diario de Aquitania 11

SÁNCHEZ, RESACÓN EN LA MONCLOA

Este que ves con slip colorido,
gallito ostentando primores,
con falsas mostacillas de colores
engaña a lenones y machos fornidos.

Este que con lisonjas ha pretendido
excusar de Venezuela los horrores,
y perdonar a catalanes sus rigores
y cebar al vasco con grasa y cocido.

Este es un vano fúngico creído,
un mentiroso compulso muflido,
es un ruco cacaseno y caduco

que te roba alquería o peluco,
es repulsivo, escamoso gecónido,
es polvo, ladrón, bífido y bóvido.

¡Tufoso que ni le da jamacuco!

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LETIZIA, SUCEDIÓ UNA NOCHE

Oh reina Letizia, sutil, burlona dama,
de cuya borbónico velgajo bien mama,
pero con cuánta justicia la plebe aclama
un macho más despejado para lasciva llama.

¡Oh, con cuánta razón el mundo aclama
su virtud, pues por medio de tal panorama,
es para sus sienes cerco que no derrama
la amplísima corona de su real fama!

Pero por qué no una docta chama en la cama
del tontolnabo por conde de lefa timiama
que acreciente el empaque y luz del cinerama.

“Ay ingenuo poetilla de biberoncito y pijama.
El trueque se hizo, que afloré bígama, polígama,
la chulama, fetén sin asomo ni nervio de jindama”

***

Del Diccionario Secreto de C. J. Cela resaltar estas letrillas anónimas de finales del Siglo XVIII:

Los cojones del cura
de Almendralejo,
le pesan veinte arrobas
sin en pellejo.

Los cojones del cura
de Tarancón,
que abulta cada uno
como un melón.

Los cojones del cura
de Villalpando,
los llevan cuatro bueyes
y van sudando.

Al cura de Villarejo
de Salvanés,
le llegan los cojones
hasta los pies.

El cura de Morata de Tajuña
se rasca los cojones con la uña,
pero en cambio el de Arganda
se pisa los cojones cuando anda.
¡Rediós, y qué locuras
hacen con los cojones estos curas!

Diario de Aquitania 10

1. ¿Desde cuándo ejerces la brujería?

2. ¿Con qué íncubos tienes comercio carnal?

3. De todos los demonios, ¿cuál es tu Señor?

4. ¿Cómo preparáis el banquete del Sabbat?

5. ¿Con qué estigmas marcaron tu cuerpo?

6. ¿Cuántos animales enfermaste o mataste?

7. ¿Qué fórmula usas para preparar tus ungüentos?

8. ¿Por qué Satanás te vela mientras duermes?

9. ¿Cómo explicas que puedas volar por el aire?

10. ¿Puede limitar Satanás tus maléficas obras?

***

“Christian Sanz Gómez, fumador, ingresado en este servicio en múltiples ocasiones, acude a Urgencias conducido por la Policía Nacional. Se muestra exaltado y nada colaborativo. Dice insistentemente que es “curt de gambals”, que ha convertido su “palacio” en un “harén turco”. Afirma que pese a ser obispo de Orense solo le interesan los placeres de la caza, los juegos de azar y la cocina. Asevera sin asomo de crítica que nombró diácono a un caballo pura sangre de su caballeriza, que bebe mucho, toma cocaína, y que violó a su hermano mayor pese a que “me dan asco y mataría a todos los homosexuales”. Invoca, en un habla presionada e inconexa, a Júpiter y Venus. Dice que lo espía el Mossad y que “si ahora pronunciara determinada palabra en voz alta provocaría un terremoto”. Aspecto sucio y descuidado. Uso de una forzada lengua fracasadamente culta.

Se decide el ingreso en sala de agudos del Hospital General. Diagnóstico: brote psicótico por ingesta de tóxicos.

Fernando Niño de Guevara, Colegiado 963”.

Diario de Aquitania 9

(Monólogo del esquizofrénico paranoide crónico)

SÍNTOMAS: Angustia (Rattus praetor), agotamiento (Rattus norvegicus), falta de relación entre mi mímica facial y mis sentimientos internos (Rattus tanezumi), muecas incontroladas (Paragordius tricuspidatus), alucinaciones acústicas (desde estallidos, toques, aullidos o trinos, hasta voces dialogando), habla y pensamiento entrecortado y desorganizado (bubutes, gorgojos), imposibilidad de fijar la atención en una tarea concreta (leer o bien escribir), pierdo el hilo de ideas y frases, carencia de impulsos (carcomas, cucarrones), cansancio, ganas exageradas de dormir, disminución drástica del color e intensidad de los sentimientos (barrenillos y congorochos), nulo vigor, delirios incapacitantes, ninguna vibración o alegría rebosante, ideas suicidas (sierpe, culebra, crótalo, pitón)

Yo, alienado, insensato, débil de espíritu, trastornado, alucinado, violento, furioso, enfermo de una enfermedad compuesta de furor, debí volverme loco debido al vicio y al libertinaje, a los malos hábitos y la depravación de costumbres, al mal comportamiento y la vida escandalosa. Me internaron en una pieza minúscula, como un calabozo, con paredes desnudas y por todo mobiliario un ruin camastro de cincha con un solo colchón de cuatro dedos de espesor. Manta y sábanas sin jergón, y una silla de paja.

Herbert Wimmer escribió en el siglo XVIII que algunos nobles filósofos sostienen que todas las sensaciones se hacen en el cerebro, todavía las que imaginamos que se celebran en los sentidos. Por consiguiente, el ojo no ve, el oído no oye, ni la mano palpa. Estos ejercicios son privativos del cerebro.

Lamento mi cerebro tarado genéticamente, apoplético. Y me envenenan los ungüentos cerosos que bañan mi hígado y bazo. O los riñones ávidos de bilis negra.

***

Si huyes del esfuerzo, la fuerza huye de ti. Arrasado y deprimido, indolente, me fuerzo a escribir unas letras. Se abomban los leños en la chimenea. Hace mucho frío y viento. Advierto mi sangre tosca, sus reflujos. Como circula lentamente. Desaliento, escasa confianza en mis acciones: es que soy un esquizoide melancólico. Me gustaría relajarme con baños de malva. Un río negro serpenteando, cada vez me aprieta más fuerte el cuello. Se acumulan capas oscuras en el cielo. Nadie con quien hablar.

Mi cerebro es un hervidero, pero congelado. Las ideas parecen momias. Intento ordenarlas y clasificarlas; pensar con claridad ayuda al equilibrio mental. Confusión. Las cosas adquieren el punto de vista de un ángulo absurdo.

¿Salud? Muy deficiente ¿Dinero? Ni olerlo ¿Fama? Mala ¿Aplausos? Ni uno ¿Hogar? El manicomio. La vana sombra, el bien fingido…Mi devoró mi cabecita de bebé un neurovirus y así acabé. La tarde oscura. Mis papás sabían que no era como otros niños, no podían razonar conmigo.

Levanto la barbilla al aire de la noche, babeo, y dejo de escribir ahorita estas frases absurdas e incompletas.

Diario de Aquitania 8

(Monólogo del escritor loco)

Solo hablaba pedacitos de palabras. Barba rala, mejillas rojas; mi cráneo, sucesivamente, adquiere el tamaño de un niño; no me salen pelos en la barba, mi cuerpo se va encogiendo, ubuntu, tam-tam, tamaragua, defectuoso mecanismo de la mente, ¡bu! ARRUGAS, y perfil de protozoario.

Leo, ¿sabes? Libros polvorientos y con manchas de humedad hasta el techo: desconchada pintura en las paredes debido a la constante humedad: ventana con barrotes: la única ventilación. Junto a la cabecera de la cama una palangana que rebosa abominables mucosidades, miasmas: olor a hierro batido de herrería por toda la casa.

Urubú babia macuco y grasa chorreando. Aquí mis sandalias. Allá dos o tres cucarachas dentro de los calcetines. Mi arrogancia sufre. Yo, émulo jactancioso de Flaubert, y no me leen. Imagínate, lector, lo enfurecido que vivo. Reptiloide escurrimiento labial mi prosa. Zorritas meditadoras de proscenio mis novelas. Y no triunfo, lector, nadie me lee, DESCONO…

Yo doy muestras reiteradas de cordura y sumisión a los editores. Soy delicado, educado, discreto, piel de marfil. Me desvelo en labor penumbrosa y no triunfo.

…CEN MI TALENTO.

¿La idea de mi novela? Verdaderamente original. Lo divido en dos vastas zonas: la primera sería la gloriosa, la paradisíaca; allí Pound acoge el alma del bienaventurado; en la otra se desarrolla el episodio infernal de una emasculación y la sepultura de Torquemada. Refiero los pormenores a mis amigos, pero se muestran escépticos. No sé.