Diario de Aquitania 7

UN ANTIGUO VOTANTE SOCIALISTA

Cuando mi error y tu vileza veo,
contemplo, Pedro, de tu hurto,
cuán grave es la malicia del pecado,
cuán violenta la fuerza del cohecho.

A mi misma memoria apenas creo
que pudiese caber en mi cuidado
la última noticia de lo birlado,
al término final de un mal gobierno.

Yo bien quisiera, a ti tan tunante,
mi infame voto poder negarlo;
mas luego la razón justa me advierte

que sólo me remedia en cambiarlo;
porque del gran delito de sisarme
leve pena será mi cara de gil y lelo.

Diario de Aquitania 6

Pedro el Venerable escribe: «Fui pues a buscar a los especialistas en la lengua árabe que permitió que ese veneno -se refiere al Corán- infectara a más de la mitad del mundo. Los he persuadido a fuerza de ruegos y de dinero para que tradujeran del árabe al latín la historia y la doctrina del desdichado y su misma ley, a la que llaman Corán. Y para que la fidelidad de la traducción fuera completa y ningún error llegara a falsear la plenitud de nuestra comprensión, agregué a los autores cristianos uno sarraceno.He aquí los nombres de los cristianos: Robert de Chester, Hermann el Dálmata, Pedro de Toledo; el sarraceno se llamaba Mohamad».

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«No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia», Montesquieu.

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Spinoza: «Sed omnia praeclara tam difficilia quam rara sunt» («Las cosas excelentes son tan difíciles como poco frecuentes»)

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Hermanos Goncourt: “Tras tantos siglos de educación del género humano para sacarlo de su estado selvático, se vuelve a la barbarie de las cifras y al triunfo de la tontería de las masas ciegas”.

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Jünger: “La situación de animal doméstico arrastra consigo la situación de animal de matadero”.

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Stendhal: “El verdadero grito de la Civilización es: ¡Nada de arbitrariedad!”.

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Stefan Zweig: “ Europa y el mundo casi han olvidado ya que sagradas fueron antes la libertad civil y el derecho individual”.

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«La sociedad que separa a sus intelectuales de sus guerreros, hará que cobardes tomen las decisiones y tontos luchen las guerras», Tucídides.

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Amamos la belleza con sencillez y amamos el saber sin relajación.

«Discurso fúnebre» (Pericles)

Tucídides, 429 a. C.

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«Tucídides enseñándote
-cuando todos los caminos
se desvanecen en la sombra- a
desentrañar lo inexpresable de la Historia,
su fuerza ciega».

José María Álvarez

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Me inspiraré parcialmente en el pensador católico Jacques Maritain para definir “bien común”. Bien común es un entramado de bienes de utilidad pública como carreteras, ferrocarriles, hospitales, puertos, escuelas, que coadyuvan a una sana economía, una seguridad firme, tanto interna como externa, un conjunto de leyes justas, de buenas costumbres e instituciones, conciencia cívica, derecho y libertad, y una opinión pública diversa, pero trazada desde argumentos cultos y racionales (una reserva de ideas no delirantes)

Los ciudadanos dialogamos públicamente. Si sube al primer plano del escenario social, mediante arteros movimientos políticos o bien por el mecanismo implícito de las redes, ideas chuscas, conspiranoicas, extravagantes, vicios epistémicos, surrealistas, que, en cualquier sociedad siempre existieron, pero quedaron relegados al margen, entonces nuestro diálogo público se trivializa y degrada. La inteligencia tiene unas reglas: uno no puede rebajarse a debatir tú a tú con alguien que cree que el centro de la tierra está hueco y ahí viven extraterrestres, ni que nos envenenan las estelas de los aviones, ni que existe un gobierno mundial judío en la sombra, ni que la covid se cura con lejía. Estas estupideces no forman parte ni del canon racional o científico, sino de la galería de genopatías y deformidades del pensamiento.

Éticamente no puedes tolerar la intolerancia, intelectualmente no puedes tolerar la absoluta memez (sí, por cierto, a la persona que la sustenta) La inteligencia es como un juego de expectativas, y expectativas de expectativas. Si se está hablando de Van Gogh y un tertuliano afirma que conoce a ese jugador alemán de fútbol, la única salida es cambiar educadamente de tema y el silencio. Uno no puede argumentar con alguien que afirma que la covid se cura con desinfectante, igual que con van Gogh, calla y cambia de tema.

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¡Afortunados los pueblos que tienen una historia tediosa y son cultos e ilustrados!

Lo que deja muy claro la Historia de estos últimos tiempos -y no sólo de España, aunque España se lleve la palma- es que la imbecilidad y la vileza no tienen límites.

Dada esa vileza, como Ciro Bayo, me he fabricado una ermita dentro de mí mismo.

Diario de Aquitania 5

(monólogo de mono loco o el cerdo en la zahúrda)

“O mezquíno, y quanto me es agradable de mi natural la solitúd, y silencio, y escuridad!”, leemos en “Calisto y Melibea”. Solitud. Monólogo del mono loco cuyo eco se oye en un inmenso valle de luces resplandecientes… y tantos miles de hombres que deslumbran abajo.

¿Fueron entendidas mis obras? Lo que no fueron son leídas. Nadie me escuchó. Nadie quiso aprender de mi modesta ciencia. Escribo y engordo. La gordura me enfada, pero es inevitable. Meo, y mi pija, un pececillo doméstico, casi debo imaginármela.

Los vecinos se fueron de bureo. Escribo, zampo y engordo. Capón cebado, manido y con grasa amarilla; jamón en dulce, con costra de azúcar tostado; natillas, arabescos de canela; tarta con sus cimientos de almendras, sus torres de piñonate y sus cresterías de caramelo. Soy un cerdo o angelote gordo y abotagado que ya no se ve la pija al mear.

Ya saben: tres, cuatro, cinco días de ver fútbol y, luego, que si una pizza con la peli, que si unos cubatas el sábado, que si alguna palmerita de chocolate o bien donuts, y unas bravas con el aperitivo del domingo, y si tiene ataxia espinal no tome cervezas, pero un blíster de algo o un porrillo… «Que no pasa nada, que luego el lunes empezamos el régimen. Que la vida está para disfrutarla».

Vida en el subsuelo. Escribo y engordo. Cafetines de barrio obrero. Metro de madrugada. Ferino rostro de hampón. Frascos de Rivotril. Monja de clausura. Calzoncillos con manchas de lefa. No me veo la pija al mear. Tierra relente. “Torbs dorments”. Imagen de un mono loco en el sueño oscuro. Escribo y engordo. Residuos de la feria. Perros buscavidas. Mondas de fruta. Excrementos en la loza. Caligrafía que se borra. Oquedad. Engordo, engullo. Migas por la sábana. “Desorballar os prados”. Etumina 40 miligramos Comprimidos. “Politically minded”. Página todavía en blanco. Gordo como un cerdo en su pocilga.

Diario de Aquitania 4

Creo que perder la belleza es peligroso, pues con ella perdemos el sentido de la vida. Y es que no estamos hablando de un capricho, sino de una necesidad universal de los seres humanos. Sin ella, la vida es ciertamente un desierto espiritual.

La porcelana de Meissen para las arañas, el oro para las camas, las maderas finas para los hueveros, combinado, de un modo bastante desconcertante, con columnas de ladrillo similar a la piedra queriéndonos recordar todo templos de las iglesias renacentistas de Europa. Tarta de bodas de muchos pisos, donde el bizcocho se añade a la banana. Postales que evocan una puesta de sol en las islas Canarias, las Montañas Rocosas, los casinos de Las Vegas, los ceñidos vestidos rosas de Georgina.

La escuela del gusto, ay, cada vez más pichinga, gurrumina y sardesca.

Diario de Aquitania 3

“¿En qué consiste la verdadera grandeza? En cerrar tu alma a los pensamientos criminales; en elevar al cielo las manos puras, en no demandar nunca más bienes que los que se puedan obtener sin que un tercero los dé o los pierda; en contemplar los otros bienes, tan estimados por los mortales, cuando la misma suerte nos los procurase, como destinados a marcharse por donde vinieron ¿En qué consiste la verdadera grandeza? En elevarse valientemente por encima de la suerte; en no olvidar nunca que uno mismo es un hombre, con el fin de saber, cuando sea dichoso, que no lo será mucho tiempo, y, cuando sea desgraciado, que no lo será más que cuando se crea no serlo.”, Séneca, “De la ira”.

“Talibus orabat dictis arasque tenebat,
cum sic orsa loqui uates: ‘sate sanguine diuum,
Tros Anchisiade, facilis descensus Auerno:
noctes atque dies patet atri ianua Ditis;
sed reuocare gradum superasque euadere ad auras,
hoc opus, hic labor est. Pauci, quos aequus amauit
Iuppiter aut ardens euexit ad aethera uirtus,
dis geniti potuere. Tenent media omnia siluae,
Cocytusque sinu labens circumuenit atro.
Quod si tantus amor menti, si tanta cupido est
bis Stygios innare lacus, bis nigra uidere
Tartara, et insano iuuat indulgere labori,
accipe quae peragenda prius. Latet arbore opaca
aureus et foliis et lento uimine ramus,
Iunoni infernae dictus sacer; hunc tegit omnis
lucus et obscuris claudunt conuallibus umbrae”.

«Con tales palabras oraba y abrazaba los altares,
cuando así comenzó a decir la vidente: «Nacido de sangre
de dioses, troyano hijo de Anquises, fácil es el descenso al Averno:
de noche y de día está abierta la puerta del negro Dite;
pero dar marcha atrás y escapar a las auras de arriba,
esa es la empresa, ese el esfuerzo. Unos pocos, hijos de dioses,
a los que amó el justo Júpiter o su ardiente valor los sacó al éter,
lo lograron. En medio los bosques todo lo ocupan,
y el cauce del Cocito lo rodea en negra revuelta.
Pero si tu mente tiene tan gran ansia, si tan gran deseo
de surcar dos veces los lagos estigios, de dos veces ver la negrura
del Tártaro y te place emprender una fatiga insana,
escucha primero las cosas que has de hacer. En un árbol espeso
se esconde una rama de oro de hojas y tallo flexible,
según se dice consagrada a Juno infernal; todo el bosque
la oculta y la encierran las sombras en valles oscuros”, Virgilio, “Eneida”, Liber VI, 124-139

«… me ha incitado y movido a escribir esta obra… haber notado que ninguno en mis días había emprendido una historia universal… Veía yo al presente historiadores que han descrito guerras particulares y han sabido recoger varios sucesos acaecidos a un mismo tiempo; pero al mismo paso echaba de ver que ninguno, a lo menos que yo sepa, se había tomado la molestia de emprender una serie universal y coordinada de hechos, cuándo y en qué principios se habían originado y cómo habían llegado a su conocimiento», Polibio.

***

Atisbo, fisgoneo, fijo mi espíritu en el clan de los sobresalientes, escruto sus palabras pesadas con plomada y onza, me sumerjo con fervor en su lectura. Me asombro. Yo siempre perteneceré al mundo enano sin gloria ni oropeles.

Uso unos chapines blancos al leer a los clásicos. Oigo ruido del proyector de candilejas. Como un estudiante candoroso copio sus textos en las libretas. Grecia y Roma tienen algo de mercado árabe, de plaza tolosana, de feria de Bagdad. Grecia y Roma como un pope de novela rusa, como salones de plata y champaña en París a principios del siglo XX, como música de tango en las cámaras de un burdel. Séneca es un zepelín acuoso. Virgilio es el tiempo de los bosques de estatuas. Polibio es el ornamento vegetal en los muros.

Nada hay más alto que la cenizosa ventana rosa que te queda en los ojos al leerlos.

Diario de Aquitania 2

España para mí, en estas últimas décadas, no es más que una multitud de esclavos borrachos, una turba de analfabetos furiosos, que tiemblan ante las visiones de libros y de los bichos del delirium tremens, y donde una minoría empezamos a tener miedo de mostrar nuestro -limitado- saber.

Tinieblas egipcias de España, tinieblas de España iluminada por velas y lacias bujías. Las mentes de los españoles, tan huecas, no se pueden estampar en ningún elemento, y ninguna energía pudiera alimentar un gramo de agudeza dentro de ellos ¿Acaso no es la taberna la única progenie de su alma? ¿Acaso para ellos no son las bibliotecas tumbas de vano esfuerzo? ¿Acaso no sueñan con incendiar todas sus estanterías?

Para compensar esta desagradable impresión, traigo aquí unas palabras de Tritemio. Johannes Trithemius no era un mero ludita. Se preocupaba por el perjuicio de la imprenta ante el secular libro monástico. Para él escribir a mano era suprema labor espiritual que la imprenta amenazaba. Nos dijo en “De laude scriptorum manualium”, 9, III:

“En ninguna actividad de la vida del monje ésta se acerca más a la perfección que cuando hace vigilia de noche copiando letras divinas y humanas […] El monje devoto disfruta de cuatro ventajas especiales cuando escribe: el tiempo, que es precioso, se aprovecha; el entendimiento se ve iluminado cuando escribe; el corazón se orienta hacia la devoción; después de esta vida se le recompensa con un premio único”

Tritemio temía la desaparición de los monasterios. Los españoles temen con horror que cierren los bares.

Diario de Aquitania 1

Plutarco mismo escribió:

“Usando la historia como un espejo, por todos los medios que puedo, trato de mejorar mi propia vida y moldearla bajo los más altos estándares que hay en las vidas de aquellos que escribo. Como resultado siento como si hubiera conversado, y de hecho, vivido con ellos; por medio de la historia recibo sucesivamente a cada uno de ellos, con una bienvenida y entreteniéndoles como invitados, y considero su carácter y cualidades, y de sus acciones selecciono la más permisiva y la mejor, con el objeto de llegar a conocerlos mejor. ¿Qué mayor placer podría uno disfrutar que éste, o que forma más eficaz de mejorar el carácter de uno mismo?”

Comienza aquí el quinto y último volumen de mi pentalogía, “Diario de Aquitania”. Aquitania es un lugar moral, como los personajes de Plutarco, un lugar vitalista, que regala madreperlas, fresas y perfumes, y mejora el carácter. Si Antioquía es la muerte, Aquitania es la vida, la luz, mejor, el examen de la vida. Una vida que corrió, y se acumuló veloz y azarosamente, y que también, ay, me entregó lestrigones, escollos y cíclopes. Fue una cosa rara con sabor a cocuma, a veces suave y también a veces lebruna. Un ir tirando, gozando y soportando, los ojos del relámpago.

Una de las “Máximas” de La Rochefoucauld reza: “La mejor y más diestra muestra de inteligencia de los más inteligentes es saber someterse a la ajena guía de gentes más inteligentes que ellos”. Me gustaría que este volumito final se sometiera al amor de Noemí y Clara, y a la guía de los clásicos grecolatinos y de la literatura universal. Un libro con más cálculo y diseño que los anteriores, en perpetuo diálogo con los Grandes. Todos morimos y, como las aguas, nos embebemos en la tierra. Camino ya de las sombras de la muerte, nada malo temeré, porque Hesíodo, Homero, Aristóteles, Goethe, Fray Luis, Safo, Virgilio, Plauto, Virgilio, Petrarca, Musil, y sus pares, porque mamá, papá y Noemí, están conmigo.

Bajan ejércitos bárbaros e imperiales, inoportunos y nocivos. La Libertad y la Cultura yacen sepultadas. Deseo que en mis últimas horas aliente en mí la Grandeza, y rechazar estas pésimas costumbres de época. Homero, en la Ilíada, nos exhorta a ser los más preeminentes, Estobeo nos indica que solo los mejores no maltratan su alma, Plinio el Viejo nos dice que lo más noble es enseñarse sabiduría, Sócrates, con sus intensas charlas, fue partero de lo más excelso en nosotros. El sendero hacia la cumbre no es fácil, pero solo el adquirir lo magno da sentido a una buena vida.

Debemos buscar el mosaico policromado del Duomo de Siena, las líneas sabrosas de los diálogos platónicos, pasear por las campiñas soleadas de Aquitania, notar la frescura del Château de Gaujacq, conversar con Cesio Baso, y evitar el modo descerebrado del mero consumidor, ese tipo de vidas vacías que, como la cinta de Moebius, no acaban nunca. Sin la fuelle labor del consumo, merced al fulgor del pensamiento libre y montaraz, naces dos veces.

“Tal fue Samuel Johnson, un hombre cuyo talento, adquisiciones y virtudes fueron tan extraordinarios, que cuanto más se considere su carácter, más se le tendrá en estima en la época actual, y mayor será la adoración y reverencia que la posteridad le rinda”.

Bajo la égida de la difícil “areté” de estas palabras de Boswell con que concluye su “Vida de Samuel Johnson”, pretendo cobijarme. Todos sufrimos atroces tarascadas de estupideces. Pero la romereja, de la mano de los sabios, en pos de tu propia sabiduría, justifica sinsabores y da sentido a la vida vivible. Empecemos.

POSTSCRIPTUM

Doy por acabado el “Diario del zalapastrán”, penúltimo volumen de mi pentalogía (falta el “Diario de Aquitania”) No quedó muy harrado, es mi libro más hecho a impulsos, más desordenado, a imitación de la civilización zolocha que nos rodea. Toda la serie es un monólogo interior, pero disculpen el exceso de harapos y pingajos en éste. No puse -no sé- sacos de oro ni techado de la Sixtina; el libro poco se diferencia de la sombra encaminada a la sombra.

***

El alejamiento melancólico del mundanal ruido, a causa de un legítimo cansancio, es signo de nobleza. Me hago indiferente a lo que ocurre en la cabeza de las otras personas, dado el carácter superficial y fútil de sus ideas, su estrechez de miras, la mezquindad de sus opiniones y visión del mundo, la deshonrosa cantidad de errores en su mente.

La cultura agoniza. La demanda de “entertainment” convierte el arte en arqueología ¿Acaso alguien se acuerda de las alegres y ondulantes líneas del rococó, despiertan su interés la artesanía romana, saben de grecas, hojas de acanto, guirnaldas de laurel, candelabros? La biblioteca Palatina y la biblioteca Octaviana se llenan de moho y musgo. Gráficos digitales ponen en tela de juicio a la escritura alfabética. Pesadas montañas de libros son quemadas en el suelo. Bandadas de analfabetos cruzan el cielo. Nadie es ya capaz de reconocer una pequeña edición cartoné de hace medio siglo. El pensamiento imperecedero se disuelve volátil en el aire.

***

Me duele y no me es fácil reconocer esto. Mis palabras, lo admito, podrían ser más brillantes y optimistas, pero no más sinceras. No hacen falta muchas luces para notar esta extrema civilización zalapastrana. Echo de menos a mamá. Pronto le llegará la hora a mi cuerpo corruptible y mortal. Cae el atardecer, caen las hojas, viene la noche. Aunque derrotado, no sin gloria peleé.

Buenas noches. Libros, Inteligencia y Verdad.

SOLAPA INTERIOR DE “DIARIO DEL ZALAPASTRÁN”

Christian Sanz Gómez nació bajo el zodiaco dorado o lambrequín historiado de la estrella de Barcino, aunque con burelete en Minorisa. Le hubiera gustado ser científico, abogado, dentista o empresario, pero un hado cruento le impulsó a la bohemia (o sea, no dar palo al agua) y cuajó en escritor.

Pese a apreciar el ideal romano de amasar fortuna, levantar villas y ganar guerras, Dios deseó ser malevolente con él y el Día del Juicio lo destinó por sus méritos espirituales al Cielo a ver ininterrumpidamente “Pasapalabra”, y no al Infierno para discutir de Retórica y Lógica.

Decidió, tras “Diario del falso aristócrata”, no escribir más. Incumple ese halagador impulso. La funesta obsesión de escribir le condujo a una pentalogía (este es su cuarto volumen) Deja huella en los “archivos del hombre”. La posteridad -cruel- los borrará.

La inmortalidad no es muy distinta del presente.

Christian fatigó frases en ritmos plañideros, por lo que crujieron papeles y pergaminos. Fueron deseos vanos.

Buena madrugada. Amor, Lógica y Libertad.

CONTRATAPA DE “DIARIO DEL ZALAPASTRÁN”

El autor verdaderamente nació en las “bibliothecae sacrae” o “christianae”, con textos bíblicos, y más adelante escritos de los Padres de la Iglesia y libros litúrgicos. Pero debido a las persecuciones iniciadas por Diocleciano en 303, y que continúan en 2025, muchas de estas bibliotecas fueron destruidas total o parcialmente.

Entre señoritas de abolengo nació por segunda vez. Vedettes y actrices de Hollywood, púrpuras y brillantinas de Scarlett Johansson a Alexandra Daddario, le invitaron a cenas galantes. No acudió. Ahora la cena solitaria, desabrida, y fría, felizmente provocaron su yihadista, asordada soledad.

Y toda la vida estudiando para, al cabo, advertir que no sabía nada, acaso solo esa famosa añagaza de Goethe sobre el sentido último del saber humano: “Gris es toda teoría, pero verde es el árbol de la vida”.

Ya camino a Antioquía, al final del viaje, alaba los anacronismos culinarios burgueses de los “maccheroni al ragù” y los “tagliatelle alla bolognese”, así como prefiere a damas y caballeros, y universidades privadas, en lugar de mujeres y hombres «a l´engròs» o educación pública, o bien acusa a Nietzsche, Coca-Cola, Toy Story, Bollywood, Televisa, reggaetón y demás cachivaches, de apocalípticos, y los cambiaría por unos epígrafes de Henry James o Thomas Mann, redactados por amanuenses escrupulosos, en vez de los chapuceros artesanos de la imprenta.

Frente a los abismos de la estulticia y la incultura, el autor solo es un niño de sueños ingenuos fabricando su muñeco de nieve que el venidero sol derretirá.

Buen verano. Saber, Literatura y Libertad.