Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Aquí yo, infeliz, sufrí muerte civil por obra de médicos y yazgo sin que nadie me llore. Que la fatiga de mis miembros a un pozo de suciedad les condene. *** En el bosque murió quien os escribe, el poeta, que amaba los epigramas. Honrad su tumba, oh paseantes; fue rimero a quien nadie igualó, aunque desconocido por vivos y dioses. *** La bella Edesia al amanecer se cubría con sábanas. Me devolvió el espejo de su sexo con mi imagen. *** Muérdeme los labios, tú, que recuerdo que eras primavera rizada de rosas. Apriétame fuerte. ¿Por qué no deseas que termine su vida de goces y poner en la tumba ambulante el laurel de su aliento? *** Amor, corónate de yedra. El eterno acabar. Cómo dura la temerosa noche no demasiado cálida.
Unos días (crecientes) de tribulación melancólica. Las cosas viejas pasan, todan son hechas nuevas. Aceptar y soportar. Te apartas del mundo para sufrir menos, pero eso es una espada con doble filo. Todo se nubla y disgrega de tristeza. A veces me inunda un exceso de emotividad (eufórica o abatida), otras me atenaza algo así como «un corazón de piedra». Nulas esperanzas. Ningún sistema social de apoyo -debo sacarme yo solito las castañas del fuego-, soledad histérica. En líneas generales: desasimiento, inhibición, aislamiento, insomnio, falta de higiene, bajo nivel de activación mental, pérdida absoluta de las pasiones sexuales, angustia, apatía, indolencia, desidia.
Acudo a la Cultura (extraña covachuela) para ver expresados algunos de mis síntomas. A veces, no pocas veces, leyendo las páginas más tristes, y por un proceso de opuesta identificación, me siento como en la Sala de lectura de la Biblioteca Folger Shakespeare con una copia de sus ochenta y dos primeras ediciones (First Folio) a la vista. Me acoge el esplendor isabelino de la sala que contrasta con el art déco neoclásico del exterior del edificio. O veo ese retrato firmado por Parmigianino en que el modelo tiene entre las manos un lujoso libro encuadernado, símbolo tanto de su riqueza como de su ambición intelectual.
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Pero hacía allá me vuelvo, a la feliz, inexpresable noche, toda misterio… Allá queda tendido el mundo, ¡qué olvidado en su honda fosa, qué desiertos y solos sus lugares! Profunda tristeza tiembla en las cuerdas del pecho. Lejanías del recuerdo, deseos de la juventud, sueños de la infancia, cortas alegrías de toda la larga vida, y vanas esperanzas, acuden con vestiduras grises como nieblas de la tarde a la caída del sol. (…) ¡Qué pobre y pueril se me aparece la luz con sus pintarrajeadas cosas; qué gozosa y bendita la ausencia del día!
Novalis, Himnos a la noche
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Un príncipe que heredero es de Israel, cuyo heroico valor resistir debiera constante, osado y brioso los ceños de la fortuna y del hado los oprobios, ¿tanto a una pasión se rinde, tanto a una pena que absorto, confuso, triste, afligido, no les permite a sus ojos la luz del día, negando la entrada a sus rayos de oro?
Calderón de la Barca
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“Yo no pretendo que la Alegría no pueda asociarse con la Belleza, pero digo que la Alegría es uno de sus ornamentos más vulgares, mientras que la Melancolía es, por decirlo así́, su ilustre compañera, llegando hasta el extremo de no concebir (¿será́ mi cerebro un espejo embrujado?) un tipo de Belleza donde no haya Dolor” Baudelaire, Journaux 20
El spleen, el ennui, el «taedium vitae» es el temple fundamental de la poesía de Baudelaire. Se trata, pues, de un temple doliente: el temple en el que la vida ya solo se siente a sí misma bajo la condición del dolor de vivir.
Lo expresó Benjamin: “Lo que inspira a Baudelaire es estar abocado al abismo”.
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EL ABISMO
Pascal tenía su abismo, que se movía con él. -Todo es pozo sin fondo, ay, acción, deseo, sueño, palabra! y a menudo, rozando mis pelos erizados, he sentido pasar el viento del Miedo. Arriba, abajo, en todas partes, lo profundo, lo inhóspito, el silencio, el espacio horroroso y cautivador… Sobre el fondo de mis noches, Dios, con su dedo sabio, dibuja una pesadilla multiforme y sin tregua. Tengo miedo del sueño como se teme un gran túnel, repleto de vago terror, camino hacia quién sabe dónde; no veo más que infinito por todas las ventanas, y mi espíritu, siempre acosado por el vértigo, envidia la insensibilidad de la nada. -¡Ah, no poder nunca evadirse de los Números y los Seres!
Baudeliare
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ESTOY CANSADO
Estar cansado tiene plumas, tiene plumas graciosas como un loro, plumas que desde luego nunca vuelan, mas balbucean igual que loro. Estoy cansado de las casas, prontamente en ruinas sin un gesto; estoy cansado de las cosas, con un latir de seda vueltas luego de espaldas. Estoy cansado de estar vivo, aunque más cansado sería el estar muerto; estoy cansado del estar cansado entre plumas ligeras sagazmente, plumas del loro aquel tan familiar o triste, el loro aquel del siempre estar cansado.
Luis Cernuda
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En fin, lo podría ejemplar con miles de pruebas. La Melancolía es un tema recurrente y universal en el arte. La Cultura es como la Fortuna (y la fortuna) de una floreciente catedral. Que nunca se apague del todo en mí.
Noche. Trinchera, oda bárbara y pájaro obsceno. Dado el frío engendrado en el estómago por la melancolía la concocción y la digestión no se corresponden con el apetito. Fluye el espesor y la viscosidad del jugo melancólico. Se desploma la bóveda del cielo. El temperamento lento y silencioso se corresponde con ese humor, enrarecido por el calor. A los depresivos nos posee una sustancia terrosa, tosca, fría y seca. Inmoderado corazón sin forma ni proporciones.
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El médico sirio-cristiano Mesué o ibn Masawaih afirmó que la constitución física expresa asimismo la psíquica, de ahí la necesidad del consejo médico (la tristeza exige medicación por la palabra o por la droga) Su “Antidotarium”, aparecido en Venecia en 1562, fue muy manejado.
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Me recomiendan una dieta rica en comino, galanga, endibia, y alcaparra, purgadores de residuos sanguinolentos y espasmos.
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En los antiguos griegos hubo vacilaciones entre asociar los ensueños con la religión. Al principio se hablaba de visiones y apariciones de la divinidad; con la crítica de Hipócrates y Aristóteles se tendió a la visión racional y empírica. Mis sueños -apocalípticos- son proféticos.
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Simplicio recoge en su “Física” (también aparece en Cardano) la fundamental idea de Anaxágoras: “Todas las cosas estaban juntas, luego, sobrevino la mente y las ordenó”. Mi mente se desordena con ímpetu de turbina.
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Noche, obscena ave prófuga, alarido de cielo andaluz, dame una tregua. Vivo como si estuviera muerto ya. Noche, aleja tus pólipos y tráeme un camino que cruce un huerto de manzanos. Así sea (amanece en la aldea)
De pronto la súbita pudrición de Alejandría, llagas donde queman gotas de sal, viento de piel de asno en la tierra, y el “Sé feliz” o maldiciones similares en las calles mientras se bambolean las voces en mi cabeza: corren mis lágrimas por los dedos. Durante veinte años -dislocados fémures- no hay día que no pensara en suicidarme. A todos os diré la verdad: todo lo odio. Manchas de esperma en la colcha, el cenicero a rebosar, soledad y manicomios. Los libros son un montón de mierda que en lugar de juicio, largueza, mérito y valor, me dieron desiertos inmóviles. El hombre es una rata. Nada encuentro grato sino el fin.
Esto dibujé en un muro con un trozo de carbón, con un cielo digno de nuestro Dios sereno: “Se me apodera y me vence la tristeza, al divulgar la muerte de mi madre; difícilmente hay amor sin temor ni luto. Acaso la calidad del poema falte a aquella que amé, no debiera osar escribir más palabras; aunque la pena me asedia, mi vida junto a ella fue gran victoria contra la rusticidad”. Esto dibujé en un muro, mientras rodaba una estrella oculta por el cielo y florecía el limonero. A quince de junio de mil doscientos veinte cuatro, en verano.
LA POESÍA, UN RAYO IMPREVISTO EN MITAD DEL PICNIC. HOMENAJE A MI MAESTRO ÁLVAREZ
Bebo mi vodka al claro de Luna en mitad de las ruinas de esta papuda civilización, un vodka fresco como relente de la noche en mi pueblo gallego. Levanto mi copa por usted, Maestro, romano culto en la torre abolida, poeta ilustre en el palacio de invierno, por lo que alimentó mi burguesía hacendada entre tantas piedras y cascotes. Brindo, amparado en la noche, levanto ónice y nácar, tafetán claro, por la memoria feliz que agradezco leyendo y releyendo su obra, esa memorable nube sensual.
El sol se pone, comienza algo tierno, grande y misterioso. Todo parece ido hacia una gran Soledad como cuando llora un hombre fuerte y maduro ¡Pero el culantrillo tras su limpio espejo! Callan los pájaros: envés de plata y haz verde. Bullendo y rebullendo el agua de la Luna.
NOTA: La inspiración, muy directa, es el poema XXIX de “Bebiendo al claro de luna sobre las ruinas”, Renacimiento, tomito alto y delicado como el temblor de abril. Gracias, poeta.
Muy cerca, a unos pocos kilómetros de Orense, en el jardín de su pazo enterramos al poeta Christian. Lugar muy adecuado. Bajo la Luna, junto a una iglesia románica, a dos pasos de su biblioteca enorme: miles de libros de historia y ciencia, novela y poesía, filología, escolios, facsímiles y editio princeps. De origen catalán, la égida del cielo gallego le protege. Aunque escaló muy pocos peldaños en la escalera de la poesía, se alejó de lo vulgar. A menudo comentan los aldeanos que les espantaba su soledad, los ojos agrisados, su ensimismarse tras la ventana mirando la lluvia, que casi no hablara. Caminante, siente la noche, y piensa algo en él este duro invierno. Saluda a ese pobre poeta: melancólico, amó lo que es mortal sin retenerlo.
Amargo el calor del sol, amargo el sabor de la naranja, los ojos con rímel y las hojas que ablandan el espíritu, las pulseras de oro, los balcones historiados, amargo el lustre de las perlas, el trino del colibrí, los foulards rosas de seda, el milagroso mar iluminado, los pájaros, las islas donde hay música y poemas, el mirto de los rizos, los barcos en el muelle, la madera del violín, el alma lunar adolescente, amargo el malva de las lomas de los montes, la tarde de agua, amargos, el sándalo, el cine, el fuego, la soledad.
TUMBADO EN LA HAMACA DEL JARDÍN EN UN PAZO DE LOS VALLES DEL MIÑO
(James Wright)
Abejas y mariposas de hierro libando las plantas. Al fondo, ladridos de perros en celo. A mi derecha, en un campo de sol, vacas midiendo la distancia de la tarde. Excrementos de mulas y caballos brillando como limones ensangrentados. Avanza la noche. Cenaste lechuga y huevo duro. Sumados, años en los manicomios. ¿Estuve en París con Marta con llamas en los ojos cenando Vol au vent de marisco y setas, y Coulant au chocolat? Repaso el catálogo facsímil de Beughem: “Incunabula Typographiae”. Me abate la Luna. Un polluelo de halcón busca su nido. He desperdiciado mi vida.