Apocalypse

Contra la traidora mente de un estúpido hasta Cristo lucha en vano. Son tontos todos lo que lo parecen, y no menos la mitad de los que no lo parecen. Lo primero se predica de Sánchez, lo segundo de sus votantes.

Aplauden los tertulianos chupacirios: en toda ovación hay claque.

¿Sociedad igualitaria, dicen? Todo el mundo tendría lo mismo, porque nadie tendría nada.

Sánchez tiene unas capacidades tan bajas como alta es su capacidad para sobrevalorarlas (ojalá llegue a la inteligencia que nunca aparenta).

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«Yo odio la chusma irreverente y la mantengo alejada de mí«, Horacio.

«Solo la mediocridad es socialmente plausible«, J. Pla.

El papanatismo, la oclocracia y la vulgaridad zafia son ya tan grandes, que dentro de poco las personas inteligentes y cultas tendrá miedo a opinar o razonar por no enfadar a los tantísimos necios”, L. A. de Villena.

Mi oración: Señor, frente a la ira del resentimiento, a la turbamulta del resquemor, al duro atropello brusco de la animosidad, dame la benignidad, la benevolencia y la indulgencia. Que mi corazón sea custodio de la magnanimidad, la nobleza, la generosidad y la liberalidad. Pero todavía no.

De en lo que se ha convertido la vida, pensar en lo que éramos, lo que de verdad somos, lo que éramos capaces de crear, y nuestros límites… sin duda me siento muy extraño. Es más, creo que cuanta más distancia haya entre nuestro pensamiento y la atrocidad que hoy se proclama Cultura, es la mejor muestra de salud mental y moral, y de defensa de la verdadera Libertad” J.M. Álvarez

En 1984 Winston describe así la sordidez de la comida en las cantinas: “…una sala de bajo techo, llena de gente, con las paredes sucias por el contacto de innumerables cuerpos; mesas y sillas de metal estropeadas, colocadas tan juntas entre sí que uno tenía que sentarse tocándose los codos; cucharas torcidas, bandejas abolladas, bastos cubiletes blancos; todas las superficies grasientas, sucias en todas sus grietas; y un olor amargo, mezcla de mala ginebra y mal café y de puchero metálico y vestidos sucios. Continuamente había en el estómago y en la piel de uno una especie de protesta, el sentimiento de que a uno se le había estafado algo a lo que se tenía derecho”. Si queda alguna esperanza, no está en la plebe. Los españoles son examinandos charlatanes en materias que no requieren un conocimiento exacto; no les tocan los rigores de la abstracción; granito disuelto –con efectos desastrosos- se empasta a su encéfalo. Insolentes e ignaros son presa fácil del primer demagogo o aventurero político que se toma la molestia de explotar su ignorancia, credulidad y aldeanismo.

Vienen días oscuros y tristes. El halcón ya no puede oír al halconero. Las cosas caen a pedazos. El centro no puede sostenerse. La incultura atroz se desparrama: “los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de fuerza pasional”. Somos mascotas domésticas comiendo el pienso del Poder.

***

No podemos decir lo que Shelley en Queen Mab:

Estos desiertos de arena inmensurable,

cuyos ardores reunidos por los siglos apenas permitían

vivir a un pájaro, brotar a una hoja de hierba…,

ahora rebosan de brillantes riachuelos y de umbrosos bosques.

Se aproxima el último hombre. Nos amoldamos más (describe mejor el ahora mismo), Byron en Darkness (1816):

El mundo estaba vacío,

lo poblado y poderoso era un montón,

sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida;

un montón de muerte, un caos de puro barro.

Thomas Campbell escribió un poema con este título en 1823. Empírico retrato de nuestro siglo:

¡El ojo del sol tenía un brillo enfermizo;

la Tierra, anciana, estaba pálida;

los esqueletos de las naciones estaban

alrededor de aquel hombre solitario!

¡Algunos habían expirado en la lucha,

en plagas y hambrunas otros!

En las ciudades no había sonidos ni pasos,

los barcos iban a la deriva con los muertos

hasta las costas donde todo estaba mudo.

Señor de los Cielos y los Infiernos, líbrame de vivir el futuro con analfabetos ricos corporativos, cantores y cómicos de la televisión y las redes, o políticos victoriosos de mente nula. Y líbrame de mis semejantes.


Sánchez

Dijo Lord Acton (lo cita Álvarez en «Sieg Heil!»): se malogró nuestra sublime oportunidad porque la pasión por la igualdad hizo vana la esperanza de la Libertad.

España a manos de nacionalistas y socialistas, mutatis mutandis, como Alemania en los años treinta.

Releí esta tarde «Sieg Heil!». A mi mente acudió una esclarecida frase de Cicerón: «El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes». El derecho positivo, en lugar de la ius naturae, identifica ley con sanción popular. Una puerta de entrada al peor totalitarismo. Podría escribir un artículo entre los paralelismos de la España actual con la Alemania que narra en su libro Álvarez. En la editorial Nausícaä editaron el tomito -también de Álvarez- «La insoportable levedad de la libertad», una conferencia que dictó en El Escorial en 2003. Veinte años después su diagnóstico se revela como profético. Ambos libros se comunican por corrientes subterráneas. Léanlos. No les defraudarán.

Pensando en el quincallero de Sánchez, gobernante de cayena, ácida pimienta y mentiras obsesivas, viene a mi memoria la certera observación de Eliot: «La mitad del daño que se hace en este mundo se debe a personas que quieren sentirse importantes». Y no se les olvide ante nuestro infausto futuro tras las elecciones: «Por ignorancia pereció mi pueblo», Oseas (4:6). Sánchez el tahúr, Sánchez el bocachanclas, Sánchez el trilero. Cicerón nos puso en alerta: «Los pueblos que ya no tienen solución, que viven ya a la desesperada, suelen tener estos epílogos letales: se rehabilita en todos sus derechos a los condenados, se libera a los presidiarios, se hace regresar a los exiliados, se invalidan las sentencias judiciales. Cuando esto sucede, no hay nadie que no comprenda que eso es el colapso total del tal Estado; donde esto acontece, nadie hay que confíe en esperanza alguna de salvación», «Contra Verres», II, 5, 12. ¿Otra vez frente al pueblo? ¿Otra vez su demagogia y trucos de vendepatrias y buscavidas de saloon? Habla un griego: «…y al frente del pueblo Cleón, hijo de Kleainetos, que se cree fue quien más dañó al pueblo con sus impulsos apasionados, y fue el primero que vociferó y dio gritos en la tribuna y profirió insultos, y hablo ceñido, siendo así que todos los demás habían hablado con decoro.»

Exhortación a los soldados antes de entrar en batalla; ¡POBRE ESPAÑA!: «Cum proelium inibitis (moneo vos ut) vos divitias, decus, gloriam, praterea LIBERTATEM atque PATRIAM in dextris vestris portare», Salustio, Bello Catilanarium, 58.

Y siempre Burke:»Spain, a great whale stranded on the shores of Europe». Desdichadamente la ballena continúa varada.

Oigo a Sánchez; es impertinente, interrumpe o incluso aniquila mis pensamientos. Pero él ni se extraña ni incomoda: en su mente no hay nada que interrumpir.

«Es más probable que más daño y miseria lo causasen hombres determinados a acabar con un mal moral, que por hombres intentando hacer el mal», Hayek, en el clásico «The constitution of liberty». «Lo único que falta para el mal triunfe es que los buenos no hagan nada», señaló Edmund Burke. También estas lúcidas palabras de Revel que se amoldan al hoy como anillo al dedo y que debiéramos grabarlas a fuego en nuestro espíritu: “Un grupo humano se transforma en multitud manipulable cuando se vuelve sensible al carisma y no a la competencia, a la imagen y no a la idea, a la afirmación y no a la prueba, a la repetición y no a la argumentación, a la sugestión y no al razonamiento”.

Como aconseja Chateaubriand: “hay ciertas épocas en que no debe uno derrochar el desprecio, dado el considerable número de necesitados”.

España no es un bellísimo kimono de seda tintado con colores naturales, que alguien aprieta en una mano y lo lanza al aire hasta caer sobre una bruñida mesa de caoba sobre la que se desliza hasta el suelo en la oscuridad iluminada por la Luna. España es tosca y carece de esa elegancia. España es a la elegancia lo que una peluca sucia a una cabellera rubia resplandeciente de adolescente. En España no tiran la basura, la convierten en gobierno. El demonio es optimista si cree que puede hacer peor el voto de los españoles.

La democracia degeneró ya en oclocracia.

«En un barco no debería decidir el más popular, ni las creencias populares, pues no por ser mayoría conocerán el camino», comentó un sofocrático o epistocrático o noocrático Platón. Porque la meritocracia cumple dos funciones: la primera, reconocer el mérito y la segunda -la más importante-, provocarlo (y conoce el camino)

Elecciones

Recuerdo al que leyere que la vox populi (esencia de la democracia) no es por ciencia mágica y automática vox dei (voz de Dios) petrificada y definitiva, que la democracia no procesa la información ni maximiza el acierto de modo infalible y perfecto, aunque tiene dos enormísimas virtudes: permite el cambio de gobierno sin derramar una gota de sangre y representa a la pluralidad. Muchas elecciones han sido contraproducentes para el pueblo. Obvio observar que los pueblos en política no pocas veces se equivocan. Ningún gobierno puede hacerte más rico o más feliz o más libre, pero muchos pueden volverte más pobre o más infeliz o más esclavo.

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“La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”, dijo acerado Voltaire, acaso pensando en nuestras recientes elecciones.

“Quien empieza creyendo en la política es un ingenuo, quien continúa creyendo en ella es un cómico”, afirmó perspicaz el ingenioso escritor homosexual inglés Quentin Crisp.

El Teorema de Arrow, del economista Kenneth Arrow, es un teorema de imposibilidad (como las leyes de la termodinámica, la teoría de la relatividad y el principio de incertidumbre en física, como el teorema de Gödel en matemáticas, el de Arrow es un teorema de imposibilidad y limitación en política). Arrow demostró que la votación democrática perfecta es imposible. Arrow demostró de modo incontrovertible que lo único que podemos hacer es elegir entre unos sistemas de votación imperfectos y malos en un sentido y otros malos en otro sentido.

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Ayer voté. Por la recuperación de derechos y libertades, soñando en el advenimiento de una patria alta. Por la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, sin distinción de sexo, raza, religión o lugar de residencia. Por la presunción de inocencia, la no inversión de la carga de la prueba, la protección de la infancia y la juventud, por hombres y mujeres libres e iguales. Por la aplicación de la Constitución y las leyes en todas las partes de España, sin ninguna excepción. Por la cultura, tanto cultura elitista como la cultura popular, sin cancelaciones ni prohibiciones ni censuras, y por el derecho a la libre investigación y creación artística, por el fomento de la ciencia y en contra del analfabetismo científico. Por una educación de calidad, indiferentemente que sea privada o pública (mejor así, pues entonces pueden competir) que vuelva al rigor, a la exigencia y a los contenidos, voté por una educación cuya raíz radicara en el conocimiento y no en el desarrollo de vagas habilidades afectivas o empáticas. Por el no a una economía bloqueada y estéril, intervencionista, dirigista, que te trata como un menor de edad, subsidiada y basada en el déficit y la deuda, y el sí a una economía competitiva, abierta, eficaz, moderna, y no confiscatoria de modo abusivo mediante impuestos innecesarios y a todos luces hipertróficos. Porque el Estado permita que yo elabore mi vida y no que mi vida sea elaborada por el Estado. Porque pueda desarrollarme con mi talento y mi esfuerzo, aunque siempre penda la incertidumbre del fracaso, y no porque mi vida sea tutelada desde la cuna a la tumba. Porque todos tengamos igualdad de oportunidades, pero sabiendo que es imposible asimismo también que tengamos igualdad de resultados. Por una patria libre, culta, despejada y feliz. Por una nación no cainita, sin la influencia en ella de aquellos que la quieren destruir, tolerante, profundísimamente autónoma. Donde crear una empresa sea cuestión de horas y no de meses, donde no se demonice al rico, donde se castigue severamente la inmoralidad y la corrupción, donde el mérito y el esfuerzo y no el atajo y la chapuza sean los objetivos a buscar y la manera de conducirse. Donde los políticos sean los mejores, y que no nos mientan compulsivamente, y que sean a la vez honestos y capaces. Donde no se incentive ni la vagancia ni el vandalismo. Donde el éxito no sea vilipendiado. Donde el fracaso no sea estigma. Voté por un Estado pequeño, y porque la iniciativa privada guie nuestros asuntos. Por sacar al Estado de nuestras cocinas, de nuestras camas, de nuestras conciencias. Por una civilización donde se fomente el orden, la ley y sobre todo la propiedad privada (la máxima expresión de la civilización). Por estas y otras muchas razones voté ayer (y no dejé de ser algo escéptico al votar debo confesarles). Vistos los resultados me siento ahora todavía más escéptico y mucho más deprimido. España. Demasiados retrocesos.

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Como escritor uno de mis temas o tópicos es la defenestración de España. Acaso aquí se encuentra la influencia del poeta y loco Leopoldo María Panero. El ciscarse en España suele ser una tradición de cierta izquierda reaccionaria; no se vea ahí la razón de mis dicterios e improperios. Más bien eso se deduce de una suerte de intensa alucinosis o paranoidismo. Juzgo a cada español no por su ideario político, religión, color de piel, orientación sexual, capacidad intelectual, nivel cultural etcétera sino exclusivamente por el contenido de su carácter, por la presencia o ausencia de bondad en su corazón, por su calidad moral. Y no tengo, hechas las sumas y restas, nada en contra de ellos. Mi crítica apacigua la camarilla de mis pesadillas. Véase como desaguadero de mi soledad y dolor. En fin.

Contra España

Entretanto anocheció, y con la penumbra viene el fresco. A estas horas a ningún español le caen borlas de seda sobre la frente, sino que se les marcan abultadas apófosis gangrenadas en las extremidades.

Imposible una charla civilizada con ellos. Hablan disputando y altercando obstinadamente, con torpe y pasmón entendimiento, como si fuese imposible que salieran de su ratonera tabernaria y su populachería. Desprecian los foulards, las rosas, las tacitas de té; sus ideas son una rancia cepa, un pastelón de garbanzo, garbanceo y garbancillo.

En España no surgen aloes, ni murmura el agua, ni fulgen los arbustos. Es un albañal, una excrecencia parasitaria con latas de Coca-Cola, un yermo rastrero con compresas y neveras desvencijadas. Sus siglos trasegaron borborigmos y floripondios ridículos por su literatura, guardias civiles taimados, sanguinaria inquisición, haraganes hidalgos y basura de reyes. España no es un jardín sino una poza o cloaca para que hocen los puercos.

Tierra garduña, gargajosa, garrotera y garrapata. De pacotilla, barriga gorda y mujeracas bigotudas. De torta perruna. Apostato. Me avergüenza vuestra historia choricera.

¡Adiós España!  Adéu Espanya!

Notas para la presentación de mi libro

El próximo día 27 de junio se presenta en el bar El cercano mi libro Diario de un esquizofrénico. Acaso improvise algo –no lo sé- pero, por si acaso, aquí está un guion de algunas cosas que me gustaría decir.

  • Gracias al Dr. Gracia por su profunda y rigurosa presentación (además de por el magnífico Epílogo al libro), como asimismo debo agradecer a Lamas su generoso y tampoco de mera conveniencia Prólogo. Gracias también al editor por incluirme en su colección, colección repleta de selectos autores, y gracias a todos ustedes por venir, ustedes que, en lugar de pasear por una avenida de tilos aspirando jazmín o bien quedarse en casa viendo fotos del torso de Pablo Iglesias Turrión, son tan generosos que decidieron acudir a esta presentación.
  • El Título del libro es algo falsario. Strictu sensu acaso el libro no sea ni un diario ni yo un diagnosticado oficial ni oficioso de esquizofrenia, pero, pese a lo engañoso, tiene una sordina sensacionalista y escabrosa que se amolda muy bien a los tiempos. ¿Qué es el libro? Un cajón de sastre desordenado, una silva de varia lección con centenares de citas, un retrato de la pasión erudita, un ajuste y acomodo y crítica con el mundo, una breve colección de poemas, algo entretenido y compilatorio como lo fue el Banquete de los Eruditos de Ateneo de Naucratis o la Varia Historia de Claudio Eliano, un popurrí con mis obsesiones, una exhibición de mis aparentes convicciones.

Sobre la abundancia de citas dos cosas. Primero, toda sucesión de citas en un orden determinado conlleva un determinado texto implícito, y, segundo, existen antologías de citas que al mismo tiempo son autobiografías sui géneris, por ejemplo, el cuaderno privado de Stevens Sur Plusieurs Beaux Sujects, o el cuaderno de trabajo de Hofmannsthal El libro de los amigos, y el de Auden, Certain World. Ambas cosas son al caso. Internet ha sido una herramienta fundamental para la búsqueda de no pocas citas.

  • Un escritor, a mi juicio, o un poeta, deben expresar una opinión fuerte sobre el mundo, un punto de vista original o radical, sin contemplaciones ni matices innecesarios. Un escritor busca la persuasión emotiva aureolada con algunos significados cognitivos. Un ensayo, novela, obra de teatro o poema no son un tratado científico. Son ondoyants como la vida, no parábolas de parámetros matemáticos. Admito que mi mirada apocalíptica es susceptible de refutación y que empleé algunas falacias en mi argumentación: sesgos múltiples, hacer de lo complejo simple, incapacidad de percibir muestras representativas, reducir fenómenos complejos a una sola causa, etcétera, etcétera. No digo aquello que creo que es falso, simplemente no me tomé la molestia de aducir y argumentar con la finezza y rigor metodológico de un tratado sino con la razón sensitiva (aunque en parte racional) de la literatura. Algo es verdadero si está adecuadamente justificado, lo creemos y además es verdadero. Digamos que los elementos de juicio que sustentan las tesis que expreso en el libro son algo perfectibles, pero, sinceramente, juraría que no son falsas.
  • Si me permiten acabo ya leyéndoles dos poemas y uno o dos breves fragmentos de prosa para que tengan una notificación o insinuación empírica de la materialidad del libro. Gracias.

Diario de una soledad 17

Guerra y paz es la novela típica en que te dices a ti mismo: «voy a dedicarle las próximas ocho horas en silencio y soledad«.

Acaso eso sea una reliquia o efecto secundario de vivir en un entorno en que no se tenía acceso a casi nada. Casi un recordatorio -leer estos novelones- a la época feudal, donde existían en la cotidianeidad espacios de ocio sin interferencias, sin despistes ni distracciones compulsivas.

Anne Todd es una escritora de veinticinco años -creo, no lo comprobé en Google. La típica chica americana. Vulgar, tonta, adicta al móvil. Con prosa máximamente tecleada y mínimamente elaborada. Pero no nos precipitemos en prejuicios solemnes sobre la literaturiedad o la excluyamos sin más de la República de las Letras. Su novela o saga After (una nulidad desde el punto de vista estético) es en muchos aspectos una cristalización del fenómeno y la fantasía juvenil Wattpad. ¿Una mamarrachada? Bueno, para mí sí; su libro no se distingue de una sesión o hilo de wasaps y su imaginación de un batiburrillo de fanfic y series de Netflix tardoadolescentes. Pero cuajó en el imaginario de la lectura y gustos colectivistas. Y acaso indique su caso un nuevo rumbo.

¿Las historias de los escritores en la Era de Internet se han vuelto interactivas?, ¿la lectura y la escritura subsiguientes responden a estímulos sociales constantes?. ¿La lectura será social y no solitaria?. ¿La escritura será social y no solitaria?. Parece el paradigma con que apuntan las maneras de las nuevas generaciones.

¿Leer Guerra y paz? ¿Middlemarch? ¿A Sterne o Thomas Mann? Algo de carrozas y dinosaurios extintos como la prensa de papel o el sombrero de nuestros abuelos, algo pasado indefectiblemente de moda igual que las galochas y el techado de paja y los serenos y el yugo de carreta. ¡Make it old!, se niegan a exclamar los nuevos escritores.

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La sociedad lectora se divide en dos clases o conjuntos, los lectores tradicionales o clásicos, de libros de papel especialmente, capaces de convertir la información en conocimiento (pues adquirieron el don de discernir, saben dirimir y procesar, pueden criticar y evaluar la información), y los «nuevos lectores», casi todos jóvenes o muy jóvenes, fascinados por las nuevas tecnologías, que leen y se informan en Internet, que se comunican ampliamente gracias a las redes sociales.

Este es un tipo de lector que lee muy pocos libros o ninguno (y, si los lee, son de pésima calidad), y que también en muchas ocasiones tiene dificultad para discriminar los mensajes, o, incluso, no entiende alguno de ellos.

Para los escolásticos el «trivium» consistía en el estudio de la gramática, la lógica, y la retórica. Una persona bien educada domina la gramática (entender), la lógica (analizar) y la retórica (opinar) En las civilizaciones con ingredientes de barbarie (como la nuestra), abunda la retórica sin lógica, e incluso la retórica sin gramática.

Cada vez tengo menos esperanzas en mis antiguos ideales ilustrados. El colegio hace mucho que no enseña gramática, en la enseñanza media la lógica es un desastre sin paliativos, y los universitarios son meros retóricos a la violeta.

Otro lenguaje (como ese tan degradado que empieza a ser tan frecuente) implica otro mundo y otros sentimientos de la vida. Prefiero, lo confieso, mi autismo monástico. Lo contemporáneo y juvenil me derrotó.

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«Cualquier talento se echa a perder cuando los temas que plasma carecen de valor. El arte de nuestro tiempo cojea tanto precisamente porque nuestros artistas más recientes carecen de unos temas dignos. Es algo que nos afecta a todos; tampoco yo he sido capaz de negar mi propia modernidad» Goethe, en Conversaciones con Goethe, de Eckermann.

Diario de una soledad 16

Usamos el idioma como unos pelagatos comiendo gofres en un barucho yanqui. Nuestro panteón son las redes sociales. Nos dicen que vender es muy importante; comprar es más importante aún. El kitsch facilón se predica en los púlpitos (nos gusta más un David de Miguel Ángel de azófar que contemplarlo en la Galería de la Accademia). ¿Fue un coup de foudre esos cuadros donde representan ligueros y medias negras al más puro modo Pornhub?

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Oigo hablar (en la radio y la televisión, por la calle) en un estilo inflado de eufemismos, jerga, desgarbado, hipócrita y repleto de giros gastados.

Los vocablos griegos nôus, diánoia y lógos se tradujeron al latín por ratio, y ratio a su vez al español por “razón”. Un torbellino en el cielo indica que viene un tornado. La razón que se usa ya no indica inteligencia. Podemos considerar a las nubes las causas de las lluvias. La razón que se usa ya no causa inteligencia. La razón que oigo usar, transparentada en el idioma, no es ya ni efecto, ni intención, ni explicación, ni finalidad, ni implicación, ni significación de lucidez. El tedio somnoliento y vagabundo ocupa la testa de mis congéneres.

Triunfan conjeturas implausibles, contradictorias, sin comprobación, un ideario ideológico cutre e infantil frente a la comprensión, la verdad y la belleza. A veces creo que incluso no se es capaz de intuir los datos sensibles (debido a la inmersión en el oscuro Internet) Me comunico en el bar con camareros y parroquianos, en la plaza con transeúntes, y no me entienden y me contestan (no los entiendo) en un lenguaje rupestre.

La razón ilustrada devino en Disneylandia, la fe en alargamientos de pene para los obispos, los crepúsculos en operaciones de cirugía estética, las palabras en la mirada enrejada y sucia de los viudos.

El científico cartografía sucesivamente mejor el territorio con sus mapas. El escritor y el artista son unos rompe-pelotas poniendo bombas en la ópera. Una vocecilla muy íntima me dice que ellos son por lo único que vale la pena vivir.

Pero paseo sin rumbo por mi pensamiento y me invade, como una alucinación monstruosa, la rutina y sordidez de cada día. Y mis semejantes no pueden colorear la grisura que me rodea. Abro la luz de mi biblioteca en busca de ciencia. Al calor de la inteligencia el aliento de las palabras es más intenso. Las conversaciones de zombis con reptantes palabras-oruga, palabras-babosa, palabras-serpiente, me fatigan. Soledad: ¡Adormecerse! ¡Tranquilizarse! Y cultivar el desprecio como crepitante leña de chimenea.

Convalezco en la cama dando grandes sorbos a esta primavera fuerte. Solo y callado, vulnerable, alejado de todos.

Diario de una soledad 15

El Sr. Sánchez, en el momento del flechazo con Otegui, llevaba una levita abrochada y unos rampantes pantalones de seda carmesíes. Aires de marcialidad y suma atención al divino bulto en la entrepierna del vascongado. Larguirucho, de ojos grandes, boca «petonera» de fresón, más que chulesco, o antipático, era guapo y vacío, colosalmente vacío. Pese a haberse acostumbrado a la comodidad de la familia y de María Begoña, le rebullía el estómago de maripositas al pensar en Arnaldo, y dibujaba corazones al objeto grande y marmitako de su amor en cuadernos Moleskine. En su habitación, entre gráficos de cosechas de patatas y dígitos sobre la energía eléctrica gastada por los españoles en las horas valles, entre informes del C.N.I. sobre Ucrania y un montón de recortes de periódico, esbozaba poemas de pasión y deseo como un quinceañero.

Otegui era seboso, moralmente muy seboso, arcaicamente peludo, feo, ateo y sentimental. No le gustaba nada cuando todos alabábamos su brusquedad de pasamontañas y su recién impostada bonhomía. Desde jovencito empezó a odiar a lo español. No se lo prohibía el cura, ni los vecinos del villorrio donde triscaba entre ovejas, así que Arnaldo peroraba largas disquisiciones sobre el maligno toro de Osborne y el venenoso gazpacho de Belén Esteban. Y hubiera cambiado cien años encarcelado por poder vivir en su patria como vive un zulú en Zimbabue.

Alforfones, grajos y el Gugenheim se estremecían al saberlos tan enamorados. Los campos de centeno brillaban más. El sexo, el abrazo, más que necesario, era inevitable, como la cerveza del alcohólico. Solo un rufián podría oponerse a sus fornicios, cópulas de luz que a ambos sacaban del abismo.

¿Qué importaba la maledicencia, los antiguos yernos y suegros, las ventanas de los cuarteles tapadas con celosías?

Oponerse a esa historia de amor puro y santo era propio de crueles muchedumbres sin corazón ni cabeza. Amor vincit omnia.

Románticamente cenan ahora en la Tratttoria della Bruna. ¿Durará el affaire?. No lo sé; aquellos que se obsesionan con un misterio no son los más adecuados para resolverlo.

Horacio durante un tiempo frecuentó la escuela epicúrea de Sirón en Nápoles. Allí -presumiblemente- conoció a Virgilio, «la mitad de mi alma«. Esas dos almas al fin se han encontrado y fundido en una.

Un vasto mar separa a Ilión de Roma. Un vasto océano no separará jamás a Sánchez de Arnaldo.

Diario de una soledad 14

El medio más seguro para llegar a ser un imbécil escritor, es pretender ser muy escritor. O tener ideas y visión enanas subidas a la tarima privada de un cerebro que se comparten negligentemente en la tribuna pública.

Me encanta esta observación de Wilde sobre George Meredith: «Como escritor es un maestro consumado en todo menos en el lenguaje: como novelista puede hacer cualquier cosa menos contar una historia: como artista puede ser todo menos articulado«.

Leyendo mucha novela de mis coetáneos, diría que su principal carencia es no saber armar una historia, ignorancia para resolver elementales problemas técnicos y también la manía de copiar un modelo de prosa periodístico, liofilizado, nada dinámico, legible para párvulos, podado, mineral, homogéneo, monótono, común.

Es una prosa que sirve eficazmente para vender, pero da una impresión de rudimentos u obrador paupérrimos. Sin cabrilleo ni estremecimiento, de tono apagado, mate. Sin ese efecto poético singular que provoca la precisión irónica. Sin el cosquilleo del pensamiento encima de la verdad o bien debajo de la emoción.

Abunda así la prosa unicelular. Semillas que nutren plantas raquíticas y monocolores, anabolizantes didácticos que provocan una musculación rutinaria.

Este modelo de ficción pobre es el equivalente a la globalización económica. A la cultura embotada del analfabeto secundario. Parecería que debemos escribir todos como quien devora palomitas en el cine, se pone una peluca naranja al acudir al fútbol, se extasía con el pus televisivo, conversa sobre la última vicetiple famosa o comenta a Piqué en el Tik Tok.

No voy a nombrar a nadie. Allá cada uno si trabaja en un oficio del que solo sabe hacer mesas que cojean. Allá cada novelista con su organillo de juguete y su adoración de lectores difícilmente instruidos.

¿Es posible una literatura que ya no pacte de un modo definitivo con el entretenimiento y la banalidad?

¿Son posibles novelistas que no sufran alguna genopatía asociada al cromosoma X?

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En la mente popular acecha la idea que, bajo cualquier humano, se encuentra una creatividad artística deslumbrante.

Los dones para registrar emociones en prosa, bailar coordinadamente, cantar con propiedad, componer un aceptable poema, ejecutar filigranas con el pensamiento o bonitos artefactos con las manos, están ampliamente distribuidos en nuestra especie.

Pero una creación, un artista, el arte, eso, debiera predicarse de aquellos objetos salidos de una mente fuera de lo común, absolutamente extraordinaria, con una voluntad férrea y astral (fáustica) al servicio de un punto de vista singular y grande sobre la vida y el mundo. Y esto sí que escasea alarmantemente entre nuestros congéneres.

Un tipo con labia y desparpajo que se sale con la suya, una suerte de bohemio que desea vivir fuera de la rutina burguesa y anhela una suerte de vida desembridada (o sea, no dar un palo al agua), un mero imitador de formas ya establecidas como de brasero de mesa camilla, es el pseudo-talento que hoy abunda pero que nada se aviene con el genio creador.

Todo quisque desea que sus expresiones se enjuicien como artísticas, pero de ello resulta un abaratamiento y descenso del nivel medio. Cualquiera puede tener creatividad, pero casi todos carecen de creatividad en el sentido fuerte que estipulé. No, el arte no es solo expresarse.

Si los escritores no saben alcanzar la virtud, al menos que no caigan en el vicio. Un libro potable no es tan difícil como demostrar un teorema o aprender Cálculo, pero tampoco tan fácil como respirar.

Me asombra la cantidad de mala literatura que orbita en el ecosistema literario.