Deseo de apocalipsis

DESEO DE APOCALIPSIS
De «El falso aristócrata»

 

 
El elitismo no es un privilegio, sino un deber.
En llanuras sombrías o junto a las playas turbias
se enfrentan ejércitos de ignaros:
obreros con su gorra en la mano,
burgueses jocundos en Ikea,
aristócratas salivando mortadela,
banqueros con liposucción;
ejércitos de ignorantes se enfrentan en la noche
con esa mente color negro babosa.
Vagos, filisteos y populacho
difuminando el crepúsculo de jojmá.
No existe ya la nostalgia por la grandeza pastoral,
las masas destruyen con virus la antigüedad,
nadie aspira a lo perfecto y maduro,
tampoco a la claridad de la luz propia
o al esfuerzo y la mira elevada.
Estos adolescentes perennes no advierten -nada saben-
que cultura sin tradición es destino sin historia
y que destino sin historia es cultura que no es cultura.
Sin afán de conocimiento el ego se agusana,
y eructa el Hades sobre ti,
y tu corazón es nido de huevas de ortiga.
La memoria es el camposanto de la verdad.
La vocación del intelecto es la concentración.
El silencio perpetuo es la historia de la ciencia.
Maestro y Señor del Mundo, destrúyenos con tu fuego.
Que se desintegre este falansterio democrático de inepcia.
Y residan solo evasiones de ruiseñor,
y el aire solitario sobre un mar delicado como hueso de colibrí,
o reinen verdes pinos en la quimera matinal,
o el cocuyo sea centinela de toda sensibilidad.
Pero acállanos, y no holle más nuestro pecado la tierra.

Día del padre

Una vez que me comporté muy indignamente con mi padre -prefiero no explicarlo, que todavía duele- éste me llevó a su despacho y más o menos me dijo «El afecto de un padre no es incondicional, y la rectitud pesa más que el amor, o, cuando menos, la inmoralidad deteriora el amor. Si no meditas y cambias -con dolor- te expulsaré de mi comunidad moral.» Mi padre educaba con guante de terciopelo en mano de hierro, con autoridad, rigor, y sin esas beaterías chill out o astrologías mamarrachas a lo Paulo Coelho de la pedagogía posmoderna. Sabía lo que tenía que hacer porque le sobraban convicciones y razones. Me eduqué en un ambiente que adoraba la cultura, exigente, respetuoso, honrado. Mi padre propendía a la intolerancia y una moderada falta de empatía, virtudes que compensaba mi madre (a la que sumaba una ironía inteligentísima). El esfuerzo y la diligencia para todos nosotros eran méritos casi sagrados, como cierto orgullo de clase burguesa que desdichadamente a veces se resolvía en un sarcasmo algo despreciativo por las clases subalternas. Mi vocación de escritor fue fuente -parcial- de conflictos, y mi propensión a la ociosidad y haraganería infinitamente mucho más sancionadas híspidamente. Pero su legado y forma, si pudiera transmitirlo a hijos que nunca tendré (soy hijo sin hijos), sería el mismo, excepto -seguro- el clasismo y la frialdad emocional (insistiré en algo ya dicho, mi mamá es mucho más cálida de lo que lo fue mi papá) Su memoria vive en mí mientras yo viva, una memoria que cada vez me hace más bien, una promesa de felicidad y serenidad, un aguijón de melancolía.

Respetarnos y disciplina

Polibio, historiador griego que vivió en Roma, asegura que también era el respeto una recompensa para que tuvieran tanto afán de lucha y superación las legiones. Luchemos por el bien de la patria para que sea imposible no sentarnos en la cima del honor y el deber; ganemos el trono con cascabel de oro que corona el laurel de los que se han merecido la memoria y la inmortalidad, Concluyo con una cita de la Reina Valera «El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombro docto» (Pr. 24:5) La disciplina es una fuerza motriz más poderosa que la electricidad.

Ironía

Debido a mis problemas cardiovasculares, e incentivado acaso cariñosa pero también algo engañosamente por mi amada hermana Noemí, tuve que dejar mi chateau o dacha en una minúscula aldea orensana y venirme a la lacaniana Cataluña. Llevo tres noches seguidas soñando con aquella lejana biblioteca privada de mi Ítaca galaica con alrededor de veinte mil libros. Mi paraíso y mi patrimonio, mi alegría inevitable. Me enclaustraría entre libros a la busca de una educación plena (enkyklos paideía, que decían los griegos; enciclopedia que decimos nosotros) Me viene a las mientes una célebre cuarteta borgiana -de rosácea melancolía- «Que nadie rebaje a lágrima o reproche/esta declaración de la maestría/de Dios que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche».

Disciplina social

Leo en Burke: «Las mentes fuertes se caracterizan por la obediencia a la voluntad del Soberano del Mundo, la confianza en sus declaraciones y la imitación de sus perfecciones» Ese Soberano del Mundo» era el Dios de su religión anglicana. Trasponiendo la cita, ese soberano , en estos días aciagos, debe ser el Estado. Debemos confiar en sus designios, acatar sus órdenes, cumplir un papel de ciudadanos sumisos. La desunión es mezquindad. La rebeldía es mezquina. En griego usaban el sustantivo «areté», traducido generalmente y quizá de forma engañosa como «virtud». En tiempos de Homero el hombre que cumple la función o papel que le ha sido asignado tiene areté. La areté de un rey residía en su habilidad para mandar, la de un guerrero en su valentía, la de una esposa en su fidelidad, etc…En estos días de zozobra nuestra areté es la obediencia, nuestra areté es la disciplina, nuestra areté es suspender la crítica. Demostremos en nuestra vida cotidiana la grandeza de un Aquiles. Feliz confinamiento amigos.

Sin salir de casa

«Sin salir de la puerta se conoce el mundo / Sin mirar por la ventana se ven los caminos del cielo. / Cuanto más lejos se sale, menos se aprende» Lao Tsé.

 

 
Hagamos de la necesidad virtud y leamos «Viajes alrededor de mi cuarto» de Xavier de Maistre, instructivo y sabio. Múltiples ediciones y en pdf también.