Aquí yace Pompeyo Christian Sanctis
Pudo tener cualquier empleo en Barcino
Pero no lo hizo.
Caradura, pícaro, y empresario chusquero,
Empezó sin un chavo en el bolsillo,
Pero vendiendo mascarillas,
Deja a sus herederos cien millones
Y NUNCA JAMÁS HIZO CASO A NINGÚN FILÓSOFO.
Autor: christiansanz71
Emocionalismo
Si cultivas la memoria en lo mejor que se ha dicho y escrito y pensado, si te educas en el rigor del conocimiento y la ciencia, si te esfuerzas en controlar tus emociones y te habitúas a ser susceptible a los argumentos lógicos y al matiz, entonces no caerás en supersticiosos y populistas oscurantismos ideológicos, en dogmas ayunos de ideas y autocrítica, no te decantarás por groseras simplificaciones frente a la complejidad, ni tampoco por emocionalismos de bisutería. Esta educación y sociedad sin norte, que puso muros suicidas con las nobles lecciones del pasado, que relega las costumbres a la novedad inane de la moda, que no consiente la trascendencia de la excelencia y la virtud, que vive ciega al latido vivo del pasado, que escoge la tarjeta de crédito en lugar del pabellón de oro o la tela de Vermeer, donde no leer compensa y el gran arte es el borrascoso grafiti, no es que con sus aplausos al personal sanitario a las ocho demuestren virtudes homéricas o comunidad de eruditos, sino que convertidos en masa callejera iletrada (como también pueden ser masa digital o votante) indican el mismo infantilismo emocional igual al de esa niña pelirroja de diez años a quien le han puesto muy buena nota en la asignatura llamada Emociónate (que, pásmense, les aseguro que existen) Sin ilustración no hay pueblo sino populacho. Sin cultura, Giotto y un urinario son lo mismo, siempre que nos emocionen. Sin cultura, Operación Triunfo y Bach valen lo mismo, pues ambos a algunos emocionan. Auguro lo peor para la crisis económica de origen vírico (para la humanitaria DESEO lo mejor, obviamente) Las élites son narcisos relativistas e incompetentes con conciencias muy frágiles. Descarnados tiburones que abogan por el mal común. Ojalá toda esta nota sea una alucinosis.
Deseo de apocalipsis
DESEO DE APOCALIPSIS
De «El falso aristócrata»
El elitismo no es un privilegio, sino un deber.
En llanuras sombrías o junto a las playas turbias
se enfrentan ejércitos de ignaros:
obreros con su gorra en la mano,
burgueses jocundos en Ikea,
aristócratas salivando mortadela,
banqueros con liposucción;
ejércitos de ignorantes se enfrentan en la noche
con esa mente color negro babosa.
Vagos, filisteos y populacho
difuminando el crepúsculo de jojmá.
No existe ya la nostalgia por la grandeza pastoral,
las masas destruyen con virus la antigüedad,
nadie aspira a lo perfecto y maduro,
tampoco a la claridad de la luz propia
o al esfuerzo y la mira elevada.
Estos adolescentes perennes no advierten -nada saben-
que cultura sin tradición es destino sin historia
y que destino sin historia es cultura que no es cultura.
Sin afán de conocimiento el ego se agusana,
y eructa el Hades sobre ti,
y tu corazón es nido de huevas de ortiga.
La memoria es el camposanto de la verdad.
La vocación del intelecto es la concentración.
El silencio perpetuo es la historia de la ciencia.
Maestro y Señor del Mundo, destrúyenos con tu fuego.
Que se desintegre este falansterio democrático de inepcia.
Y residan solo evasiones de ruiseñor,
y el aire solitario sobre un mar delicado como hueso de colibrí,
o reinen verdes pinos en la quimera matinal,
o el cocuyo sea centinela de toda sensibilidad.
Pero acállanos, y no holle más nuestro pecado la tierra.
Día del padre
Una vez que me comporté muy indignamente con mi padre -prefiero no explicarlo, que todavía duele- éste me llevó a su despacho y más o menos me dijo «El afecto de un padre no es incondicional, y la rectitud pesa más que el amor, o, cuando menos, la inmoralidad deteriora el amor. Si no meditas y cambias -con dolor- te expulsaré de mi comunidad moral.» Mi padre educaba con guante de terciopelo en mano de hierro, con autoridad, rigor, y sin esas beaterías chill out o astrologías mamarrachas a lo Paulo Coelho de la pedagogía posmoderna. Sabía lo que tenía que hacer porque le sobraban convicciones y razones. Me eduqué en un ambiente que adoraba la cultura, exigente, respetuoso, honrado. Mi padre propendía a la intolerancia y una moderada falta de empatía, virtudes que compensaba mi madre (a la que sumaba una ironía inteligentísima). El esfuerzo y la diligencia para todos nosotros eran méritos casi sagrados, como cierto orgullo de clase burguesa que desdichadamente a veces se resolvía en un sarcasmo algo despreciativo por las clases subalternas. Mi vocación de escritor fue fuente -parcial- de conflictos, y mi propensión a la ociosidad y haraganería infinitamente mucho más sancionadas híspidamente. Pero su legado y forma, si pudiera transmitirlo a hijos que nunca tendré (soy hijo sin hijos), sería el mismo, excepto -seguro- el clasismo y la frialdad emocional (insistiré en algo ya dicho, mi mamá es mucho más cálida de lo que lo fue mi papá) Su memoria vive en mí mientras yo viva, una memoria que cada vez me hace más bien, una promesa de felicidad y serenidad, un aguijón de melancolía.
Intelectuales y humanistas
Aunque desde un punto de vista estricto sería forzoso llamarme impostor, y pese a que uno de los motores de mi vida es el «studium generalis», tengo tantas lagunas que solo soy un despreciable intelectual. Si el coronavirus no me mata, mi pío deseo es convertirme en un humanista, y , si llego a anciano, en un poeta humanista. Atenas, Jerusalén, Roma, Florencia, como amalgama simbólica de civilización o destino. El espíritu de Atenas, la abstracción de Jerusalén, la experiencia de Roma, la belleza de Florencia, en el quintal de un poema. Píos -y temo- imposibles deseos.
Rey emérito
PALABRAS PARA AL REY EMÉRITO. JE ACUSE.
Es usted gaseoso y consolidado en inopias. Su vida fue la fruslería y el rendirse a la fugacidad, la inmediatez, el latrocinio, la falta de exigencia, la ausencia de una corona moral, el desprecio al conocimiento y la virtud. Nació rey -el más hermoso destino- y se solazó en una astronómica -galáctica- mediocridad asumida, abajándose al lodazal de la cuadra de los cerdos. No supo aconsejar ni guiar. En algo de lo más vital de una nación, la patria, puso sus sucias manos. Se creyó más listo que nadie, inmune a sus pendencias. Creyó garantizada la eternidad y devino en charlatán crecepelos. Nunca asomaron en su liliputiense mente convicciones, ambición y rigor ético; sustituyó la virtud por una ridícula y risible ramplonería. No lega ni respeto, ni tolerancia, ni honradez, ni cultura. Despreció olímpicamente sus ventajas culturales (no así las financieras, eh pillín) Entreténgase con los balandros, los cochinillos, Tele 5 y las putas de lujo. Impío y sin piedad en el corazón, su egolatría morbosa le acusa. Fuiste un verdulero o bacaladero con suerte; espero te atufe el dolor a dinero.
Patria
Paño de suave gamuza
pero celda sin claraboya.
Espiritual y platónica
vieja España de matanzas.
Camino de la guillotina
CAMINO DE LA GUILLOTINA
De «El falso aristócrata»
¡Ay de vosotros, si todos los hombres hablan bien
de vosotros! porque así harán los padres
con sus falsos profetas. Una ascética para la felicidad
en tiempos revueltos, y cellisca, y el lujo de la mente.
Me dirijo al cadalso un día modular
sabiendo que fui de los mejores; serví al prójimo,
fui benigno con ingratos y malos y criados,
hay delicia y secreto en mi alma rosácea.
Este atardecer solitario luminoso no es el final,
supe sufrir y gozar, renunciar a la queja,
sé que vosotros -chusma- sois una panda de cretinos,
pero justicia y juicio son el cimiento de mi trono,
y subsistiré en la dulzura intemporal del cielo estrellado.
La boca cariada del injusto no produce sabiduría.
Viajaré entre grutas marinas a la otra ribera
enamorado de ti, oh mi Dios brillante y santo.
Mi corazón limpio rehusó pensar en cosas insanas y perversas
sean míos pues los arroyos blancos del invierno.
Uno arrastra el cinto de oro que ha ganado,
a diferencia del chusmerío del que brotan albañales;
como perros rabiosos si quiera tienen ganada
la entrada en la madurez. Imprudentes enanos,
estiércol lacayuno que sueña la estupidez y la bajeza.
Ya veo los ojos infinitos en los astros fúlgidos
sobre un salón inmenso con fragancia de melisas.
Ya veo mis playas cuajadas poniéndose amarillas.
Y pompas de jabón tañendo su bronce.
Lo compuesto se descompondrá, pero regresará
al bien del empíreo. Todo final es un comienzo.
Habla Puigdemont
Habla Puigdemont
De «El falso aristócrata»
La meva ressignada cara, amb els rastres d´aquell samfoniment d´un mal àpat, amb l`atàvic instint abrandat, llaminer d´aquell gust que s´assomeleix a l´abisme i la groguenca vitralla esmicolada, és que no pensa?
A fora hi ha calma. Sempre?
He de festejar el naufragi com un gaudi fort? he de festejar la cabellera musca del meu poble? Serè el President d´una Ciutat sense engruna d´ alabastre? Serà la meva historia una senyera entelada?
Sobre la triaca del orate diletante
SOBRE LA TRIACA DEL ORATE DILETANTE
De «El falso aristócrata»
El buen ciudadano es un tradicionalista respetuoso
de la ley. Que cree la libertad individual más importante
que la igualdad, tiene alergia al poder político
y está en contra de su reunión en manos de cualquiera,
especialmente del pueblo, el pueblo que anhela comprar
lavadoras, tostadoras, ordenadores personales, ollas,
polvos de talco, cremas de belleza, lápiz de labios,
laca de uñas, perfume, jabón de tocador, viajes,
vodka, cerveza, pasta dentífrica, sexo, bibelots kitchs,
crema de afeitar, desodorante, lavavajillas,
batidora y plancha eléctricas, dúplex, muebles, radio
y televisión digitales, automóvil, máquina de coser,
frigorífico, calefacción, microondas, equipo de música,
secadora de ropa, cocina vitrocerámica,
aire acondicionado, antena parabólica, Netflix,
Amazon, Movistar, arcón de congelados, Adidas,
Coca-Cola, smartphones, el pueblo enastado, hilado
al ron goteante de pútridos huesos del alba,
que es un devoto caballero de la Nada,
y cuya sigilosa lejía del siglo se mezcla
en sus convicciones como una casa de campo
no uncida a un trono, como gente que va a lo suyo
porque no sabe lo que pasa. Creo que algunas
personas -la minoría- están mejor preparadas
o son superiores a otras, y que si la religión
venera la autoridad y respeta la herencia, el pueblo
tiene un temperamento egoísta y una visión limitada.
Deseo asociarme con los muertos y no con los vivos.
Deseo el pensamiento que alimenta a los muertos
(la memoria pasada es promesa de futuro)
Y arrullar a los chopos, para por ventura poder verlo todo.
Verlo todo. Bajo el aspecto de la eternidad.
El zambullido del viento y el epitalamio de los gansos.
La revolución del gusto que ennoblece tantos libros.
El cráneo de piel de castaña de los lobos
miniando la alquimia cristalina de un huerto.
Las vulvas amodorradas en tontos bares de rubias.
Y yo solo entre la gente, con mi terno de sastrería,
entre la nieve fina, orando al ropaje de estrellas.
Ver la grandeza del azafrán opuesta a Franco en un billete.
La infértil quincallería de los periódicos.
Los hoteluchos sin gente sensata.
Las playas aberrantes con cuerpos fofos.
Y yo solo en mi gabinete entre viejos legajos, meditabundo.
La cultura de hoy no debe consistir en expandir
la civilización, sino en, decididamente,
seleccionar y descartar, destacar y repudiar.
Lo anticuado jamás es efímero.
Las cosas antiguas existen para enseñarnos
a ser jóvenes, a nacer de nuevo.
¡Make it old! Cordial decoro del invierno y la lechuza.
Amemos la tradición verdadera y no olvidemos
a nuestros antecesores. Traditio legis.
Las modas son costumbres de las que la gente
se cansa pronto; costumbres sin causa.
Al obispo de Canterbury, a Dios, y a mí,
nos molestan los trenes destruyendo la hierba ancestral
o el gasóleo de los aviones estrangulando el cielo.
Todo lo antiguo es una cuita de amor ganado.
Y también la pobreza de las palabras de este orate
son parte del planeta, del tiempo, la niebla,
de lo lleno de amor, espíritu, sentimiento y fe.
