Tiranía de la moda

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Las nuevas categorías de pensamiento y asociación no prescriben lo alto versus lo bajo, lo refinado frente a lo romo y vulgar, la calidad en oposición a la popularidad, la alta cultura frente a la masscult o midcult.

Las anteriores son categorías victorianas, y quienes las defendemos unos dinosaurios del pleistoceno. Hoy todo gira respecto al vector de lo cool ante lo square -carroza-, lo muy hot como opuesto a lo demodé. El arte, el sexo, la política, la literatura, la moda, los productos, las estrellas del celuloide o del rock, o de la pantalla o de interné, las películas, el comercio, el debate, la poesía, el marketing, las nuevas tecnologías, todo se reordena en un campo como de celebrities donde estás in o bien out.

La sofisticación intelectual nada tiene que ver con estos nuevos modos de ambición moderna. La figura del crítico o intelectual es como la de alguien con polainas y peluca empolvada, levemente -o claramente- ridículo, y que se sustituye por el agente del entertainment.

Vivimos en el capitalismo hip, donde reina la velocidad, la notoriedad, el buzz y lo cool. La jerarquía y la clasificación son una figura arrumbada, como la economía feudal o la techumbre de paja, o los sombreros para los hombres. El futuro es Shakira y Piqué, y la decadencia es Henry James o Michelet.

El nuevo gobierno -ya muy antiguo, todo “rula” a lo bestia- de Sánchez es un inequívoco ejemplo de esta estetización espectacular de lo público y su discurso. Sobran un Saint Simon, Talleyrand, o un cardenal de Retz, pues ¿no molan más acaso los astronautas y las vaginas múltiples? La nueva literatura de las redes es otro ejemplo; ¿a qué Cernuda o Auden si Irene X o Elvira Sastre arrasan de likes en su Instagram?

Taine declaró: «Un escritor necesita quince años para aprender a escribir, no con genio, porque eso no se aprende, sino con claridad, ilación, propiedad y precisión. Y es porque se ha visto obligado a sondear y a profundizar diez o doce mil palabras y expresiones distintas, anotar los orígenes, la filiación, las relaciones entre ellas, para volver a construir, y sobre un plano original, todas sus ideas y todo su espíritu. Si no, tantea y tropieza; se embaraza en las grandes frases vagas, en los lugares comunes sonoros, en las fórmulas abstractas y rudas».

La fraseología, el tono, el vocabulario, el mundo subyacente, la ironía, sus alusiones, el rigor, lo expresado explícito e implícito en general, parecen compactamente ajenas en una época donde la inmediatez importa más que la merma expresiva que esa misma inmediatez provoca.

Yo mismo no meditaré nada este post. Lo que debo hacer es clicar «Publicar» … y voilà.

Batalla de Adrianópolis

“Hombres de un nuevo cuño asolan de decadencia la civilización; hombres

de otro cuño serán necesarios para hacerla resurgir”

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Furioso fervor de faros sin Vida.

Tenéis mujeres feas y tontas; siniestras

creencias de pacotilla que no me incumben.

Por azar cierto carecéis de juicio; ¿excelencia?

…con esas malas gotas de esperma y nula cabeza…

Templo mi pensamiento en la noche,

bebo mi vodka helado

y me amisto con la luna de ardor de azafrán.

Enderezo mi altanera soledad

y os desprecio. Con intensidad de rugiente símbolo.

Mi orgullo es saber que jamás seré como vosotros.

Paladeo lecturas nobles,

me aparto antipático y huraño

de tanta villana bobada, de la idea

estúpida, agramatical, vil y torpe.

Quien confía en los hombres, cede a la medianía.

Bárbaros, gozad de Roma y del Imperio;

en mi villa, en mitad del páramo,

me complacen las turbias y altas horas de la noche,

los quiméricos gnomos de las sombras.

Parecéis payasos con mis lujosas ropas curiales.

…..

Duermo, leo, escribo, sueño y medito.

Y no he de oír vuestro hosco ocio tabernario

absorto en el Gran Sueño de la Imbecilidad.

Diario

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Un texto mío muy juvenil donde, pese al souflé de la idea, el tono de número de la Guardia Civil, y el aliento artaudiano, exhibe una mampostería sintáctica asombrosamente culta (conste que tenía la edad que ahora tienen los analfabetos poetas de Tik Tok o Instagram) y una tiniebla profética autocumplida: me volví loco y pasé toda mi vida solo.

«Mi locura cae desde cornisas marinas a salas donde gira el tetrarca. Un claroscuro con rumor de fruto, de tufo a lagar hondo, de orquestal y escamoso calabozo. Ahí el mundo ya no descansa sobre principios, sino, y al igual que en la infancia, en fragmentos solitarios cosidos a la niebla»

Qué talento, Christian Cuento.

…..

Dos citas de Nicolás Gómez Dávila, el aforista de lujo «glacé»:

«Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos».

«Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos».

La nueva literatura española puso de moda aforismos apresurados y de chichinabo. Los escolios gómez-davilianos tiranizan la orgullosa mediocridad estadística.

El Papa pop (y popcorn)

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El nombre de Pío IV va unido a muchas obras públicas en Roma y llevó a feliz término el Concilio de Trento.

León X, hijo de Lorenzo el Magnífico, el primer Médicis en el Pontificado, tuvo una pequeña corte de literatos, hombres de ciencia y artistas; él mismo era poeta, músico, arqueólogo y filósofo, con varia cultura y con un ingenio versátil, sensible a toda forma o incitación de lo bello, pero acaso un diletante falto de profundidad. El siglo de León se llamó “áureo” gracias a su mecenismo. Promocionó y protegió a la Universidad, y por su empeño, empezó una nueva era la carrera de Rafael. Todos los poetas y humanistas debemos encomiar a este Papa mediceo.

Benedicto XIV reflexionó con superior inteligencia y extraordinaria erudición. ¡A lo mejor me reprobarán -escribió- el que haga una escapatoria por los poemas de Dante, Tasso o Ariosto; pero es que a menudo necesito recordarlos para tener una expresión más viva y mayor desenvoltura de pensamiento”. Docto, y amigo de los doctos, fue sombra benigna de los doctos. Iban a Roma a debatir y consultar con él los sabios de mayor nombre y fama de Europa. Deseaba obispos y clérigos, no solo piadosos y de costumbres ejemplares, sino también de vigorosa solidez intelectual. Monarca sin favoritos ni cortesanos -papa sin nepotismo-, y doctor sin orgullo -censor sin acrimonia. Voltaire, corifeo contra la religión, escribió un dístico a Benedicto XIV muy admirativo: «Lambertinus hic est, Romae decus et pater orbis / Qui mundum scriptis docuit, virtutibus ornat».

¿Qué se predicará del Papa Francisco? ¿Del lelo Papa pop? ¿Del peronista populista de barrio con grafiti y sórdido sótano de lavacoches industrial? Dirige la cristiandad con pósits de autoayuda. Un imprudente incorregible y chabacano. Que un Papa hable de las caricias y masajes -por ejemplo- de otro miembro de la curia es sórdido, con la ligereza inelegante de un bárbaro. Pidió en Lesbos a la UE que acoja a los inmigrantes ilegales. ¿Por qué no pide a los gobiernos corruptos, sectarios e incompetentes de los países de origen de los inmigrantes que dejen de robar, cesen sus guerras y administren de manera eficaz? Eso por nombrar algo de sus últimas y novísimas “ideas” y manifestaciones públicas. Muchos son mis pecados; espirituales -más graves- y carnales. Pero no soy Papa, caramba.

Es éticamente dudoso, estéticamente paupérrimo, intelectualmente nulo, teológicamente ignorante, políticamente indeseable, pardillo y temerario, cerebralmente mermado, conductualmente bochornoso y vergonzoso (ay esas ruedas de prensa al pie del avión, ay, ay). Sin buena voluntad, sin alma generosa o perspicaz, innoble, un talentillo débil, un calculador superficial, metepatas, divisor, sin brillo propio, polémico, monstruosamente iletrado e inculto, de maneras groseras, de bondad impostada, inmaduro y vanidoso, inútil y cacaseno.

W.B. Yeats: “Los mejores carecen de toda convicción mientras los peores/ están henchidos de apasionada intensidad”.

Este Papa es peor que una garrapata en un peluche.  

Balada del caballero bibliófilo

                                                      A mi venerado maestro J. M.  A.

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Los alumnos, al señalarme, en la calle profieren

“Ahí va el profesor”. Yo los saludo con un modesto

asentimiento y un toque delicado en mi sombrero.

Ni un crápula ni fascinantemente heterodoxo fui.

Sentí pasión de estudio e inteligencia, pero dar clases

se convirtió en un suplicio (nada saben y también

nunca nada sabrán) Pero, pese al triste no saludo

del officium, airosos mis ojos testimonian y ensueñan:

la sombra de la luna, el provechoso tiempo para

escribir, el evitar a los imbéciles, un incunable

entre los trastos del chamarilero, el encuadernado

en moaré… o el vientre moreno de una veinteañera.

“Ahí va ese señor”, dicen o piensan los niños del

pueblo si observan mi compostura anticuada (niños

que no saben y que se convertirán en padres que no

saben) Pero mi mente divaga imaginando los detallados

requisitos para pintar las curvadas hojas de acanto

que aparecen en los márgenes de los libros medievales,

y paladeo la escritura curial, y comparo a la uncial con la

longobarda, y me impresiona, igual a viento en el monte,

las Chroniques de Iherusalem abréguées de Jean Dreux.

Oh mundo de gañanes en vez de los que de verdad son.

En el silencio del gabinete mi honor es tratar ciencia

en la paz de un tranquilo retiro en vez del ruido terrenal.

Fuera de comercio y nugae, soy un viejo desengañado.

Mi patria es mi biblioteca, un reino de mar y nieve,

donde pasa solitaria la luna, donde no cesa el verano.

La soledad que hablo despunta entre legajos.

La muchedumbre, acicalada y huera, ignora

mi idioma. La multitud blasfema mis costumbres.

Amor amargo de la gente, dulce amor a mi biblioteca.

No doy ya clases. Hastiado me jubilé prematuramente.

Leo y escribo, y sin resignación espero al Hades.

No envilecí mi vida. La niebla mira a lo eterno.

Nuestro siglo no tiene forma…mejor vivir de restos.

No se escucha el aleteo de las alas de la gloria.

Solo espero pronto conversar con los difuntos.

¡Perversa Cataluña!

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Otro ejemplo de la ruin «avara povertà di Catalogna» (Canto VIII del Paraíso de Dante), se observa en las Bases para conceder el Premi d´Honor de les Lletres Catalanes. Ahí leemos literalmente :

«el premi és atorgat a una persona que per la seva obra literària o científica en llengua catalana, i per la importància i exemplaritat de la seva tasca intel·lectual, hagi contribuït de manera notable i continuada a la vida cultural dels Països Catalans».

O sea, se galardona -traduzco- «a una persona que, por su obra, literaria o científica, escrita en lengua catalana, y por la importancia y ejemplaridad de su trabajo intelectual, haya contribuido de manera notable y continuada a la vida cultural de Cataluña».

La literatura catalana en expresión castellana queda automáticamente excluida (una vez mi maestro Llovet deseó un homenaje a su mentor J.M. Blecua y, en la Facultad de Filología Catalana, se negaron con la extraterrestre -palurda y cateta- excusa de que «De aquí nunca saldrá una sola línea escrita en español») Notemos también la estrambótica mención a esa hipóstasis souflé llamada»els Països Catalans».

Pero el quid radica en el término «ejemplaridad» aludido. Esa «ejemplaridad» se cifra, de modo necesario y suficiente, de manera fenoménica y nouménica, en el servilismo lacayuno a los principios políticos del nacionalismo. O se pasa por el aro o no hay premio. Lo sustancial es la devoción y seguidismo a la Corte, menos -poco o nada- que la obra sea una medianía de vasija de estaño.

Escribió La Bruyère: «No merece la pena consagrar nobleza sin virtud». Declaró Chamfort: «En la corte todo es cortesano: el príncipe de sangre real, el capellán de semana, el cirujano de distrito, el boticario». Estos días un populacho cruzado de odio, unos ilotas de la palabra, un chusmerío bárbaro e inmoral, se baten con un pobre niño de cinco años (comparten el nivel intelectual de un mono o de esa desvalida criatura) La hipérbole infecciosa patriótica-catalana prohíbe premiar libros no ortodoxos con sus ideas, de modo exactamente igual a como el Index librorum prohibitorum vaticano anatemizó a Kant, Bergson, Gibbon, Heine, Voltaire, Stendhal, etc…

Un premio literario debe sancionar la buena o excelente literatura. En Cataluña se limita a registrar afectos del régimen. Las élites culturales expiden carnets ideológicos, y la chusma apedrea simbólicamente a un niñito. ¡Corrupta, descompuesta, perversa Cataluña!

Diario

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“Huésped, poco te digo; detente y lee atento.

Ves la no hermosa tumba de una hermosa mujer.

Con el nombre de Claudia la nombraron sus padres.

De todo corazón a su marido ha amado.

Dio la vida a dos hijos. De ellos, a uno deja

sobre la tierra, al otro bajo la tierra lleva.

Era su sangre alegre y gracioso su andar.

Cuidó la casa. Hiló la lana. He dicho. Vete”

Epitafio de Claudia. En el original latino:

HOSPES, QUOD DICO PAVLLVM EST, ASTA AC PELLEGE.

HEIC EST SEPVLCRVM HAV PVLCRUM PVLCRAI FEMINAE

NOMEN PARENTES NOMINARVNT CLAVDIAM.

SVOM MAREITVM CORDE DEILEXIT SOVO.

GNATOS DVOS CREAVIT. HORVM. HORVM ALTERVM

IN TERRA LINQVIT, ALIVM SVB TERRA LOCAT.

SERMONE LEPIDO, TVM AVTEM INCESSV COMMODO.

DOMVM SERVAVIT. LANAM FECIT. DIXI. ABEI.

( Carmina Latina Epigraphica, -CLE- 52)

…..

A mi muerte, lo más acertado será decir lo que dijeron a la muerte de Gide, «lo que se ha muerto era un cadáver».

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«Un muñeco de nieve

está tomando el sol.

Ya se arrepentirá»

J. Bonilla.

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Soy un poeta gregario, gris, incoloro, mediocre, vulgar. Pedestre, sobado, gastado, plebeyo, chabacano, ramplón, común. Hay en mis poemas poca fineza y galanura, y sí mucha garrulería. Poco refinamiento y eminencia y mucha molesta tosquedad. Mi tesis o Poética (una tesis simplista y de alma vieja) es que vivimos en un mundo lerdo, abajado, obtuso, torpe, ganso y memo, y, no resulta de ser paradojal, que ésas propiedades que yo creo definen nuestra Era de Piedra Tecnológica, se transfieran a mis poemas.

Pero -y eso hay que admitirlo- en otros poemas soy un buen poeta, poemas que me gustan y justifican, mi pequeña aportación a la Historia de la Buena Poesía (que es, insisto, más bien menguada)

Con mis escritos contribuyo indistintamente tanto a la Historia Mundial de la Mala Poesía, como a la Historia Mundial de la Buena Poesía. Curioso caso este mío.

¡Pobre Cataluña!

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A los equidistantes y tibios sobre el niño de Cataluña, héroe como Rudy Bridges, la niña que desafió el apartheid escolar en Misisipi, les recuerdo a Platón “Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos.”

Y a la turbamulta acémila y cerril, paleta y aldeana, anegada en su propia carencia abrumadora de talento, recuerdo a Jünger «Cuando no compartimos un error generalizado, se nos considera un estorbo».

El género de la invectiva contra la necedad popular y el no poder asimismo soportarla, tiene una larga historia. El vulgo espeso y municipal jamás resplandece con luz propia «Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia» decía Tulio. No hay dentro de este vasto cuerpo luz nativa con que pueda discernir lo verdadero de lo falso. Y Feijoo apuntala con la excusa de Foción «Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación». Y Flaubert acertó de lleno al observar que el pueblo siempre será un eterno menor de edad.

Encomio del pintor, duque de los montes hibernales

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«El pueblo había quedado reducido a menos de medio acre. Era como una diminuta reserva para indígenas. Desde las mugrientas ventanas los cretinos miraban babeantes los parterres de hierbajos. Los gallos cacareaban todo el día; las niñas, vestidas con batas de otra época, mascaban manzanas a medio comer, amarillentas de óxido; todos los chicos parecían tener fisura palatina. Pero aun así aquello me parecía más sano que el suburbio que lo rodeaba. ¿Quién podría cantar el esplendor de esas casas apareadas con medio jardín, las paredes ciegas empedradas con guijarros, verjas diminutas que se podían franquear de una zancada, las cursis figuritas en los jardines de miniatura? El viento penetraba a cuchillo por los intersticios entre las casas, el viento de la vieja colina sepultada en asfalto, que flagelaba como el extremo de una toalla mojada, y que revolvía un caldo gris por encima de los rojos tejados, un caldo en el que remolineaba el alfabeto de pasta de sopa de las antenas de televisión: X, Y, H, T.» A. B.

Querido, el falso color esparce su tono chillón por doquier.

Ni sorprende la verdad ni nadie confía en pintarla.

Tú, retirado en menuda aldea boscosa, gastas tus horas

en constatar el azul de una nube, el imperio de un bullicioso

silencio en ese trazo de exquisita caligrafía. Lees historiadores

y poetas en la galería acristalada, frente a una iglesia del s. XIV:

bajo la gloriosa monotonía de las estrellas sientes la mutación

de las cosas terrenales, su vanidad, pero también su plenitud;

tus semejantes nada te comprenden. Si un artista viera como

la gente ordinaria dejaría de ser artista. La Ciencia gime

en el Exilio. La Musa obedece al Poder. Todo se vuelve Noche.

El Arte se arrastra a la Gran Negligencia (me cuentan que en las

Escuelas no enseñan dibujo sino cómo emborracharse antes de

las entrevistas, no estudian a Cossa o Giotto sino la escrófula

del tintado de los tebeos o las leyes que rigen el mercado)

¿Amar solamente la pureza del arte? El camino es lodoso.

Tinieblas hediondas nos rodean. Amigo, los años de Estudio

se infantilizan, la Disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia,

las Bellas Artes y el lenguaje se abandonan, el idioma -sí- y

su retórica es gradualmente descuidado, casi abrumadora,

completamente desconocido. Las gestas del pasado no pueden

ni alimentar más de dos segundos de conversación. No está

de moda ser culto o bien inteligente. Y la escritura

se ha reducido a un acto similar al de imprimir papel moneda.

El Arte regala solo Ruinas. El Arte ofrece solo Ruinas.

Odoacro depone a Augústulo. Aquí hueste del Sultán Mehmet II.

Quédate en tu gabinete, bajo el lucernario, examinando la pipa

del esbozado bodegón. Ama el quieto ritmo saudoso de la luna.

Nadie entiende nada. Tú pintas poco porque pintas para mucho

tiempo. Amigo, honor y gloria. Tu casa arcaica legisla lo más

actual: la fuerza del mar. El pasar y peso del pájaro en la mente.

Diario

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Nadie creería -qué importa- en qué trabajé durante veinte años (esa era justo la gracia), pero les aseguro que exigía unos niveles de concentración superlativos, la lectura de miles y miles (¡ecs!) de páginas aburridas como el yoyó, el redactar innumerables informes en prosa aséptica sin transitividad ninguna y una exagerada -paranoica- discreción. Necesario el dominio de muchas lenguas (a poder ser exóticas) y una buena base matemática, y, una rareza más, piripintado venía dominar la lectura de labios. Por si acaso (glups, glups) tampoco sobraba el conocimiento de técnicas en artes marciales.

Mi primera vocación fue la poesía y la novela. Aún hoy guardo en un disquette antediluviano dos novelas talentosillas. Pero supe enseguida que muchos eran los llamados y casi ninguno el elegido, así que me busqué la vida y aparqué la funesta vocación. No debí. No, no debí hacerlo. Ahora (loco y cardiópata), de oficio rentista, pero íntimamente fracasado. Escritor de las redes, como desear ir a Samarcanda y terminar embarcado en RyanAir para Punta Cana con una mujer rancia.

Lo dramático (malgasté mi vida a cambio de pecunio, no a cambio del raso amarillo o del foulard rojo o del château adamantino) es el défecit paranormal de mis lecturas; lector con monstruosas carencias, admito que soy todo huecos gigantes y españolas limitaciones. La carrera de un escritor departe a la vez con un itinerario de lecturas. A lo mejor logra un tono y una visión personal, pero sin ahormarlos en una forma o estilo culto, trabajado, sutil, de nada sirven.

Soy tan ignorante, tan embarazosamente mediocre, como una banda de gatos silvestres mirando la televisión.

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Kerouac: «La poesía es una energía misteriosa que se identifica con la vida del universo». No debería estar permitido escribir así; indica desorganización de la vida intelectual. Parece una idea de casa estilo ranch o máxima de Martin Tupper («No te cases sin medios, porque de tal forma desafiarías a la Providencia») El mecanismo aceitado y pompier beat repite un tiernísimo «tremoli» y «glissando» de cancioncilla sentimental oriental.

Comparemos con Emerson: «Los giros de su idioma [de Jesucristo] y las figuras de su retórica usurparon el lugar de sus verdades; y las iglesias no están edificadas sobre sus principios, sino sobre sus tropos…Permitidme que os aconseje lo primero de todo que vayáis solos; que rehuséis los buenos modelos».En Kerouac hay chispas -pocas- pero no llamas. Emerson arde con el fuego divino.

El bullanguero Kerouac es una especie de Emerson para estudiantes pobres. La literatura de época son como voces que cantan desde cisternas vacías y pozos agotados. La sagacidad idiosincrásica del genio no se descompone: todo lo llena.

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Llueve. Pocas ganas de leer y de vivir. Hoy traduje, para mí, poemas de Edward Thomas. Quedaron chapuceros, manazas y poco escrupulosos, pero, en cambio, qué dulce es el ocio intelectual, el otium cum dignitate. Traducir es la mejor manera de aprender a escribir; una verdad palmaria, indisputable. Me gustaría traducir a moralistas franceses o bien a los goliardos, cuyo ocio -en contraste- era hedonísticamente tabernario. Tengo varias libretas acabadas con esbozos o primeras versiones de traducciones.

El traductor es hoy muy mal tratado por las editoriales, con sueldos de mera supervivencia y gran precariedad. Creo que es un oficio con poco futuro, elegíaco, que acabará pronto como la tejería o la alfarería o la ladrillería, cuestión que explicó con maestría Javier Calvo. Una buena traducción es un hecho cultural muy importante, un aporte muy significativo y trascendental. Viva por ellos. Viva su trabajo. Viva su artesanía.

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Sé que el uso de mi español es un mero peloteo de aprendiz frente al español de los campeones. Me quedo al fondo de la pista y me conformo con que mis golpes pasen la red. Ganar algún juego en el set figura como una titánica victoria.

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Leo un titular de un profesor: «Tengo alumnos de quince años que casi no saben leer». Están condenando a toda una generación a la misma ignorancia y falta de oportunidades que las de un obrero manchesteriano del siglo XIX. Si hablas con un universitario medio de Letras, adviertes que no sabe nada de nada.

Todos los universatarios deberían volver a bachiller, y todos los bachilleres a Primaria, y empezar una Primaria, Bachillerato y Universidad en serio; si sabes, apruebas, si no sabes, repites hasta aprender. A un ingeniero no se le puedo caer un puente; de modo similar un licenciado en una rama de humanidades con el nivel que hay hoy acabará siendo un profesor necio. Como si se derrumbaran todos los puentes.