Dunces

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«¡Siete llaves al sepulcro del Cid!» J.C.

«El divino literato se ha retirado. Masscult y Midcult han invadido el planeta hasta tal punto que la esperanza de Whitman en una cultura democrática, plasmada por una clase sacerdotal, tan sublime como popular, nos parece ahora compactamente absurda» D. M.

Una época como una especie de bilioso moho del espíritu,

una negra larga vigilia. Alevosa me resulta esta estupidez:

groseros que ni hablan mi lengua, mentes que descorren

su forro de fácil buhonería. Patinan los errores, la corrupta -írrita-

democracia, y una enérgica carencia de gusto, intolerante y obtusa,

y la chispa de astros ocres y escuálidos. Multitudo non sequitur.

Pienso en las delicadas melodías y la seléucida luna,

en la madrugada ardiendo en el pecho, en el zaguán de

aquella mi casa de pueblo y mar; cenizas de mélancolie inevitable.

No soy uno de vosotros. No es mía vuestra danza de polvo

y moscas. Ah Babel de monotonía y ruido. Seguid con esos

garabatos repulsivos. Todo es noche. Caos se ha restaurado.

El meteoro se desploma y en su relámpago expira.

Reíd campechanos por Grub Street y que la pandereta que toca

el reguetón junto a sanglots longs des violins acompañen

a vuestras canciones roñosas; el público lo acepta todo.

Y huye pequeña, acolchada alma, al palazzo del gatopardo.

Corrige después este poema. Hazlo suave y sutil. Escamonda y pule.

En tu gabinete muy despacio medita el ritmo. Se debe escribir

poco a poco para que el escrito acaso perdure. Insiste en un efecto:

demuestra que nunca fuiste como ellos. Sobradamente

quede en él patente que un griego jamás honra a un bárbaro.

Epitafio de Christian, Señor de las Legiones Lunares

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Cuando volvió, desolada, abatida, del funeral,

la madre del burgués y ocioso oso apacible,

del aburridísimo Christian, rey boscoso

de los lobos, deseó para él un epitafio.

Y el poeta de provincias Maxiliano,

amigo común de Samael y del difunto

lo esbozó compungido siguiendo con escrúpulo

los informes e inclinaciones de la verdad sin mentira

y serio envió después el epitafio, una primera redacción,

a aquella elegante y demasiado enferma dama.

«De Cristian el alunado o aldeano rey

honrad dignamente, gentes de la Ribeira Sacra,

su clara, concreta, minuciosa y efímera memoria.

Loco (aunque fingió) y de noble corazón

fue arbitrario de gusto, justo de estilo y sabio de mente.

Entregó a los solícitos libros su diligencia,

y altivo en el hondón de su corazón

algún pensamiento sin reposo amaneció bello y esclarecido.

No esquivó el dolor, pero en su fracaso

miserable nunca se sintió pobre. Honrad a ese lobo

de pelambre canela. Queda aquí, en la tiniebla, bajo estas letras,

su vagabunda alma. Ese árbol, ese jardín, y la conventual piedra,

comparten con las estrellas su fe y símbolos.

Pero fue fue todavía más que todo eso, muchísimo más:

el Gran Solitario. Temen los hombres una propiedad tan atribulada:

no la hubo más noble y alta entre los incendios de sus días»

De un noble del Seizième francés

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Tener casa propia, limpia y agradable, afable,

un jardín tapissé de flores y abejas en verano,

pocos o ningún hijo, acaso mujer fiel, ningún tumulto;

que vague la vida en Adagio non tropo, ma divoto,

estudiar los severos astros, mucho leer a la luz de la vela,

acallar la lengua (que abunde mucha conversación

con el cielo y así no obtener dócil habladuría),

convertir en rechifla la farsa y sátira de la época,

sin deuda y poca hacienda, ni avaracia ni deseo.

Contentarse con poco, nada querer de los Grandes,

domar las pasiones, cultivar el juicio inteligente,

no conocer la tormenta y meditar en silencio,

y, solitario como un sabio, escribir con letra clara

y pausada igual al corazón, un libro modesto y veraz

que ampare pálida memoria de tus días o iguales afanes.

Y ya que arden los conventos, o nadie cultiva la tierra,

y se pueblan de salvajes las ciudades, pasar los granos

del Rosario sin devoción: attendre doucement la mort.

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Hoy estuvieron casi tres horas martilleándome las voces, como si las rotativas del aparato psíquico no cesaran de imprimir. Tenían un tono de eremita desdentado con ropa apolillada y acartonada, dialogaban entre ellas con una bestia pobreza de habla y un contenido limosnero de examen de bachiller (respuestas breves, concretas y escasas o bien vagas y poco informativas), todo como en un sainete teatral escrito por un párvulo. A veces eran incomprensibles, otras ilógicas e irrelevantes, de repente se interrumpían, a veces también se asociaban a las palabras de un plano metalingüístico de mi conciencia desde que las observaba y analizaba llegando entonces incluso a empezar a hacer rimas. Su idiocia adherida, la basura mental que exhibían, sus balbucientes espasmos de gramática básica, su mendaz deterioro respecto a un desempeño inteligente, su vasallaje a la infraliteratura, me hacían reír y entristecer. Semejaba todo un show cutre de José Luis Moreno una Nochevieja en la pantalla de la España profunda.

Desconocida es la causa, conocido (y muy penoso) es el efecto. Mi mente se transforma sin yo quererlo en un repetidor de Mediaset. Troyanos, licios y dárdanos con un eructo atufante de ajo. Vuelve con daño la amargura y el espíritu inundado de cochambre. Necesito leer. Tomar unas dalias del paseo engravillado y huir del estúpido garabateo de esos adagios zonzos y papanatas.

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Internet, hoy catacumba catatónica, se convertirá algún día en catedral. No soy optimista. Signo con Voltaire -y me sumo a él-: «Nous laisserons ce monde ci aussi sot et aussi méchant que nous l´avons trové en y arrivant». No hay nada más fácil que acostumbrarse a oler el zurullo del mundo. La vida, vivida, hiede.

……

Los sabios, pocos, los necios, largos y próximos. La Rochefoucauld: «C´est avec qu´on aime qu´on est hereux et non avec ce que les autres trouvent aimable»; maman nous disons non plus, no decimos más, mamá.

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Añadir un rasgo inútil y barroco; destino del arte.

La belleza es un slogan. El arte por el arte se ha convertido en el arte para vender.

La ley del gusto se cifra en la probidad del rendimiento.

Todo estilo de expresión feo tiene custudio en las metamorfosis del futuro.

Esta descripción de Birmingham -gran centro industrial- de Dickens se adecúa al sentimiento de la vida mental de un influencer o general coetáneo mío: «Por doquier, tan lejos como permite ver el plomizo horizonte, las altas chimeneas, apretadas unas a otras, reverberando en el infinito su fea y triste forma, su horror de opresiva pesadilla, llenaban con su pestilencia el aire cargado de tristeza». Sustituyáse «chimeneas» por «links» o «posts». La tecnología es una inútil cesta de estiercol

…..

La vida contemplativa es a menudo miserable. Hay que obrar más y pensar menos.

No adular ni ser adulado. No ser lacayo ni cortesano. Como niño criado en una familia rica la actitud del trepa o cucañista falto de escrúpulos me causa vómito físico.

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Prolijidad de gansos y senil chusma, igual a Roma en sus últimos tiempos. Espectáculos para analfabetos con fetiches gemelos de la víctima y su redentor. La profecía de Auden se ha hecho realidad:

«No hace falta ser un profeta para predecir las consecuencias…

La Razón se verá suplantada por la Revelación. El Saber degenerará en un caos de visiones subjetivas (sentimientos en el plexo solar inducidos por la subalimentación, imágenes angelicales generadas por la fiebre o las drogas, avisos oníricos inspirados por el sonido de una cascada) Se crearán cosmogonías enteras a partir de cualquier olvidado resentimiento personal, se escribirán dramas épicos en lenguajes de ámbito doméstico y los esbozos de los párvulos se impondrán a las grandes obras de arte…

El Idealismo cederá su lugar al Materialismo…Alejada de su habitual salida en torno al patriotismo o al orgullo cívico y familiar, la necesidad de las masas de un Ídolo accesible en el que confiar las llevará a elegir caminos irreconciliables en los que la educación no tendrá nada que hacer. Depresiones superficiales del terreno, animales domésticos, molinos destrozados o tumores malignos serán tratados con rango de divinidades.

La Justicia será reemplazada por la Piedad como virtud humana cardinal, y el miedo al castigo desaparecerá. Cualquier mozalbete se felicitará a sí mismo: «Soy tan pecador, que Dios en persona ha venido a salvarme» Cualquier mangante argumentará: «Me gusta cometer crímenes. A Dios le gusta perdonarlos. Realmente, el mundo está perfectamente organizado» La Nueva Aristocracia se nutrirá exclusivamente de ermitaños, vagabundos e inválidos permanentes. El Diamante en Bruto, la Puta Escrofulosa, el bandido al que su madre adora y la chica epiléptica que se lleva bien con los animales serán los héroes de la Nueva Tragedia, mientras el general, el estadista y el filósofo se habrán convertido en el objeto de rechifla de toda farsa y toda sátira»

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Una cultura de retirada de la palabra sustituida por superficies acústicas, por una iconosfera de bazar y por la Era Gris de la Web. La Luz cesa. Una cáscara rendida se resquebraja y termina. Tan inmersos en la decadencia que ni sabemos cuándo comenzó.

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Ha muerto Almudena Grandes. La idea de gran novelista que tiene un lector mediocre. Literatura vieja y corrompida. El padre Coloma parece un ultraísta punk comparándolo con su estilo literario. Escribía de modo tirante, avulgarado y sacerdotal. La minipimer de la cultura sectaria de izquierdas.

La impagable Almudena se burló de monjas violadas, tuvo visiones históricas idílicas e irreales y apenas leía -lo que se le notaba mucho, claro- «para no contaminar mi propio estilo».Toda muerte nos disminuye. Sinceramente lamento su muerte y expreso mi pésame a sus seres queridos. Pero me resultan incomprensibles estos panegíricos frailunos o masajes laudatorios como si se hubieran muerto Galdós, Valle Inclán y Virginia Woolf juntos. En fin. Fui acerbo con su obra. Demasiado joven para morir. Que el cielo le sea cumplido. D.E.P.

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Me leí esta noche, «Añoranza y necesidad de la tercera España», de Villena, en Athenaica, doce euros muy bien gastados.

Tomito de propósito civil y educativo, divulgativo en la línea de los ideales ilustrados o regeneracionistas. Cela, en su entrevista en The Paris Review, declaraba que le gustaba la España de las moscas, los toreros de pueblo, los curas, la guardia civil con su tricornio, el garrote…La España, a fin de cuentas, negra y tópica y arrebatada, la de la cigarreras andaluzas con su faca en la falda y el boticario y el alcalde yendo de putas.

La primera España es tridentina, conservadora, dogmática, católica, clasista, monárquica, imperial. La segunda España es una contra-aserción o contra-declaración a esa España, heterodoxa, laica, comecuras, incorformista, probablemente -seguro- la enterrada en el corralillo o cementerio civil, verdadero muladar de la época. Una España podría simbolizarse en la adusta e híspida mirada de Niño de Guevara, la otra en el empecinado -ciego y vesánico- Juan Negrín.

¿España? Demasiados retrocesos…; «clara, pobre y cejijunta» (Unamuno), la «espaciosa y triste España» sufriendo llamas, dolores, guerras , muertes, asolamientos, fieros males. «Ciego el ibero / de un furor inhumano /fulmina impío el reluciente acero / contra su propio hermano» (Meléndez) Y sorprendió Machado en nuestra patria «un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín» Y no solo Valente, Bousoño, Hierro, Gil de Biedma, Blas de Otero, Lorca («Oh España, luna muerta sobre la piedra dura»), etc…han expresado líricamente el dolor y drama de España, también los intelectuales han inquirido sobre nuestra naturaleza. Villena da un repaso periodístico somero a vuelapluma (pero ponderado y sagaz) a las ideas de Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, Ganivet, Ramiro de Maeztu, la polémica entre Unamuno y Ortega, Laín Entralgo etc…hasta deternerse en la agria disputa entre Américo Castro y Sánchez-Albornoz (inclinándose matizadamente más por el segundo debido a su mayor empirismo histórico)

En la segunda parte del libro dibuja su idea de la tercera España, es decir, de los desafectos de la primera y segunda que suele acabar en una degollina (real o simbólica). Desea una tolerancia respetuosa y culta, una unidad nacional en la pluralidad cultural, una España con una plenitud nueva fundamentada en nuestra vieja historia. Abomina lo feroz y necio (de aquí o acullá), los dislates gubernamentales de la diestra o la siniestra, quiere una educación global y de calidad y no cuarteada en cada reino de Taifas autonómico.

Avengo con el autor a la busca de esa tercera España. Si Villena es un descontento del lado oficial de la izquierda, yo lo soy del lado de la derecha política ortodoxo, a menudo ultramontano, asilvestrado o chupacirios, poco cosmopolita y abierto y libresco.

¿Alguna vez viveremos sencilla y doctamente, sin decir nada malo, sintiendo el barullo elegante de la vida?¿dejaremos de oír a politicastros graznando con ideas de chusco torrezno, meros gaznápiros encumbrados por la ambición desmedida, cesará ese ricino, tocino, morcilla y pepino de élites deslustradas, de socialistas y comunistas de culo dorado con medidas improvisadas a golpe -y sabor- de pimienta y cayena?¿Será España una nación rica, despejada, clara, libre y feliz, de no «inmemorial mal gobierno? Demasiados retrocesos, nuestra historia se cifra en pocos avances y demasiados retrocesos. Y en división cainita. Pero no es una mística del cielo ni indefectible «vox dei» que esto deba ser siempre así.

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VARIACIONES A UN POEMA DE CAVAFIS

Serían las once u once y media de la mañana.

Con andares ensimismados atravesaba

el barrio proletario.

En las paredes grafiti, el quiosco solitario,

coches de baja gama, a un lado el descampado

con rotas botellas de alcohol, y,

en el vulgar y humilde balcón,

la bellísima mamá joven tendiendo la ropa

con la bata entreabierta.

Asomo del escote,

mayolianos medrosos bultos gemelos,

rápida visión de la carne,

abrasivo calor del fulgor del mediodía

que atraviesa treinta años y viene,

ahora, para permanecer en este poema.

…..

«Mariposa, flor vagabunda» nos recuerda Karmelo C. Iribarren que escribió Jules Renard. A diferencia -enorme- de la soberana vulgaridad de aquel verso de P. A. Lebrun donde se asegura que «Le papillon est une fleur qui vole» (ni en francés se pueden decir estas cosas sin llamar urgentemente a la gendarmería, aunque sea de madrugada) Verso que asocio en mis privadas imaginaciones con aquel de un poeta español del XVIII y que, según F. Rico, era el peor de la historia de nuestra poesía, que declaraba solemne y funerario «Amortajado amor, amor tajado».

…..

Soy demasiado inteligente para ser buen escritor…o español.

Diario

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Esa gansa mochuela tuerta

come garbanzos en la huerta

escribe con pedos de burra

tontiloca, color orina, va por la vida

como un cabro por la prada

monguer de riqueza tan florida

pava latosa recién mocada

inútil para estiercol o casada

que a los cinco ya jubilada.

…..

Y sepan que no hay diferencia

de un poeta joven sin solvencia

a un lechuguino de cuantía,

como en Toledo tienen judería

como en el súper tienen bollería

tienen ellos aguda gilipollería.

…..

Rejuvenezco con su palomita, Lilí poesía

de genia ortopédica que engendra la empanada

con obra que labra un ripio de Abba, una nota pá nada,

con humor de cada mes, con empapada sangría

desembucha su libro cabestro junto a Defreds casada

y asoma tanta, ugs, tan contenta del muso cervicabra

que aquí se caga, o alondra vaca, allá llena Evax y se mea

y a tirios y troyanos, sí o no del Barça, collón y pinga les menea

mientras su novio se enreda con kikos o cable de Amena

cornudo cascaciruelas campanudo que no se entera

de trompa grande como código postal, cual mies en alera,

y no sabe que vive con un coñazo de tía, si petarda. Hiena.

…..

באין תחבולות יפול עם, ותשועה ברוב יוע

«Donde no hay buen consejo, el pueblo cae, pero en la abundancia de consejeros está la victoria» Proverbios 11:14

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Soy demasiado inteligente para ser buen escritor…o español.

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Con quince años se cruzó en mi vida el libro, de Cátedra, «Joven poesía española». Una jodida maldición. Fue un «sotrac» de arriba a abajo. Descubrí -estremecido, afiebrado-la dimensión estética del lenguaje. Recuerdo aquello como una epifanía orgiástica. Pero, aunque nació en mí la creatividad, los dioses no me dieron a su vez el talento suficiente para encauzarla o enhebrarla. Desde entonces la funesta manía de escribir sin ton ni son, a lo dominguillo provinciano. En fin.

…..

PARA LOS POETAS

Poeta, debes ser misterioso y lunar.

Adjetiva de modo abundante y gratuito; la mar calmosa, la rosa preciada, el noble poderío, el rayo impío, el seco estío, el crimen adusto, la ruborosa virgen. Debes pintar el sustantivo para que parezca una rutilante lámina de calendario. El error no radica en aquel que se quema en el ripio o el mero relleno, sino en aquel que no enciende esa hoguera. La agonía del adjetivo tiene que hormiguear bien larga, como la madera verde de alze con la que quemaron a Servet para prolongar su tortura. Adjetiva con la previsibilidad de un locutor deportivo y te aureolarás de una bruma de enigma.

Poeta, debes trufar o crear el poema con una receta. Así:

-escoge palabras bellas, de esas tan frecuentes en los poemas. «Nenúfar», «alborada», «soledad», «alondra», «clamor», «tierno», «susurro», «aleteo», «carmesí», «pesaroso»…La poesía es una flor que vuela como una mariposa. Que bonita, bonita, la poesía -púrpura y blanca- como la Graellsia isabellae ibérica. Si eres poeta joven escoge palabras escatológicas, clínicas, contundentes; «mierda», «puto», «esquizofrenia», «follar», «menstruación», «subnormal»…

-a unas pocas palabras, aquí y allá, dales una terminación adecuada; «blanquecino», «pajarillo», «arroyuelo». Si eres joven impacta con faltas de ortografía y sintaxis, con veloces y puntiagudas coces a la gramática

-Al escribir un poema no cierres una puerta, sino que «cierra el firmamento», no mastiques un entrecot ni un chicle, «yo mastico las sombras», no te mires en el espejo, «miro el secreto», y «bordo un aciago destino», nunca una blusa o los bajos del pantalón.

-Busca un diccionario para emplear ocasionalmente palabras de esas que la mayoría no conoce

-Pero no contravengas el cliché. Te apena algo así como el otoño y la lluvia tras los cristales, el tiempo que corre rápido igual que Usain Bolt, te gustan los niños riendo inocentes en el parque, la primavera locuaz…o bien las drogas y las discotecas de Magaluf, viajar a New York, los colegas de Erasmus, los realitys de Tele 5, la música -oh sí, «¿Cómo te llamas, baby? /Desde que te vi supe que eras pa’ mí / Dile a tus amigas que andamo’ ready /Esto lo seguimo’ en el after party»- la música de modo enfático… Los poetas son los monjes del estereotipo. El paraíso literario se organiza según ellos. La literatura es una auténtica contrautopía del lenguaje.

Mucha suerte. Salud y marwindad.

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Esa solemne frase: educar al pueblo. Con Renan creo que el azar del nacimiento es menor que el azar del escrutinio. La sociedad, con el sufragio, se ha rebajado. La democracia ha ganado la muerte.

*****

Yo siempre he sido devoto de la muerte. Por eso sigo el cortejo fúnebre de nuestra Monarquía. El pueblo es mucho más terrible que en tiempos de Robespierre.

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«Mariposa, flor vagabunda» nos recuerda Karmelo C. Iribarren que escribió Jules Renard. A diferencia -enorme- de la soberana vulgaridad de aquel verso de P. A. Lebrun donde se asegura que «Le papillon est une fleur qui vole» (ni en francés se pueden decir estas cosas sin llamar a la gendarmería, aunque sea de madrugada) Verso que asocio en mis privadas imaginaciones con aquel de un poeta español del XVIII y que, según F. Rico, era el peor de la historia de nuestra poesía, que declaraba solemne y funerario «Amortajado amor, amor tajado».

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Ulula el viento con una estridencia huracanada de rock muy propia de fríos esclavos drogados y sadomasoquistas. Agitamos torpemente, en vano, la esperanza de una jornada fecunda en sol, de una noche sin este cobarde tremar polar. No me inspiran estos escrupulosos ritmos naturales del casi invierno; no me inspiran los movimientos límpidos del pasado verano. El tiempo me aburre, la peste me aburre, la gente me aburre, los libros me aburren, Europa me aburre.

La felicidad, en este universo, radica en jugar a una especie de enclaustramiento doméstico. La felicidad, más allá de este universo, consiste en persistir en él. En casita puedes tomar cannelés, éclairs -mejor si rellenos de chocolate-, un buen tinto (Chateau La Lagune), gustar de los geranios y el trenzado musical de Bach, dormir la siesta de cuatro a cinco y media, buscar el adjetivo siguiendo ensimismado las formas helicoidales del humo de tu cigarrillo, fascinarte al recordar el cabello de las mujeres (oh las nymphettes) y las terrazas de los hoteles de la costa italiana, contemplar aquella foto de mamá (tan guapa) en Vespa, probarte un traje inglés, arrellenarte en un sofá Chesterton, odiar la celulitis, y, al final, feliz y confortado de tu confinamiento hogareño, meterte en la cama sin esfuerzo, y, antes de dormirte, imaginar que dialogas con Fedro y Aristófanes, que eres un noble viviendo en un palacio frente a los jardines de Luxemburgo, o que vives en una ciudad con dos cientos mil habitantes y ochenta mil prostitutas, compartidas por archiduques, obispos, burgueses, campesinos y menestrales. Nunca se malgasta la vida en la errabunda vagancia -¿papillon?- del dolce far niente hogareño. El movimiento es deletéreo (Flaubert) El placer reside en la quietud y no así en el chusco movimiento, esa pasión inútil de las masas. Esclavo es todo aquel que no dispone de nueve décimas partes del tiempo para sí. Esclavo es aquel que recibe cientos de mails en la oficina, y se aboba con el trabajo, y se divierte con hueco ocio fullero. Yo, Christian mi nombre, dispongo de casa decente y limpia, doméstica amable y guapa y, sobre todo, ante todo, lujo en la mente. ¿Oficio? Rentista y propietario rural. Si prefieres el placer aventurero a la prudencia, eres un descoyuntado insensato. El estricto aislamiento voluntario es la forma más inteligente para lograr la felicidad; solo conozco una intoxicación digna, la resumida en la palabra «ataraxia» o tranquilidad del alma. Si en tu vida hay más de uno, si sois como mínimo dos, ya hay traición. Para ello, para la gloria terrestre, se precisa una tropical mente y no una menguada mente liliputiense tan de moda en esta época. El hombre que sueña y piensa su asordada soledad es un Dios; el hombre farfullando en el bar es un mendigo. La sociedad solo causa quebraderos de cabeza, y, además, enseña con instrucción impostada. Todos los problemas del hombre nacen por no saberse estarse quieto en la habitación, declaró exacto el inmortal Pascal.

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Esta semana larga me leí cuatro libros. Los listo; por una parte «Entusiasmo», de Remedios Zafra, y, «Genealogía de la pantalla», de Israel Márquez, ambos en Anagrama. Los llamaré, respectivamente, «A» y «B». A y B comparten una liturgia léxica sui generis, una prosa periodística de zanahoria hervida (B con grumos afilosofados), una inventiva de mentes pizzicato propia de la era de las redes e Internet. A los dos autores les hubiera recomendado que, una vez escrito el libro, lo hubieran dejado reposar en el cajón (o en una carpeta virtual) y que, tiempo después, los volvieran a escribir partiendo de cero. A es un repaso bibliográfico que no arguye su propia visión o conclusión o tesis del asunto que trata. Vomita los datos leídos de modo precipitado; se nota que no maduró en su mente lo que estudiaba. Nunca hace conexiones temáticas a campos adyacentes de la lectura. Si escribo un libro sobre la pintura del Renacimiento debo poseer una abundante erudición teológica, histórica, estética, bíblica, filosófica, científica, etc.. sobre la época. Eso me permitirá hilar mi ensayo con agudas percepciones al sintetizar todos esos conocimientos en la explicación de un cuadro o un pintor. Israel Márquez lee, copia y pega, y lee circunscrito a su especialismo bárbaro. El libro es más un compendio e informe de lecturas que una aportación intelectual al tema que trata. La redacción de un estudiante aplicado e inteligente, poco (nada) más. B es más meditado, se nota que la autora algo se devanó los sesos. Eventualmente sorprende con una prosa elegante y artística (excepción en lugar de norma) Su fallo es que el relleno, el grosor del tubo, engaña respecto a lo pírrico de la pasta. De las 250 páginas le sobran ciento y pico. La autora no estudió matemáticas. Un matemático define las propiedades de un objeto matemático y SABE que son sobrantes hablar de las medidas de ese objeto (puede medir un milímetro o cien kilómetros o decenas de miles de quilómetros), de su color (es improcedente e innecesario que se refiera a, digamos, círculos rojos, blancos o negros), o que solemnice lo autoevidente (la suma de los ángulos de los triángulos es menor de 360 grados) Y no se me contrarazone que la prosa ensayística puede ser como yo no digo si busca propiedades literarias. Precisamente no agregar adjetivos rutinarios, no enumerar con paráfrasis repetitivas la misma idea, no aburrir con flujos de mucho orden o mucha entropía, es típico del rasgo literario. La autora, una vez escrito el libro, debiera haberlo empezado de la nada nuevamente, repensar compulsivamente sus temas y jibarizarlo drásticamente.

Los otros libros que me leí, fueron, respectivamente, «Vida escrita», de Joan Maragall, y «Ni venta ni alquilaje» de José Jiménez Lozano. Los llamaré «X» e «Y». X e Y tienen en común que son libros menores, concretamente artículos periodísticos del gran poeta y el justamente premiado novelista.

Si aúnas A, B, X, e Y en la mente, qué conclusiones infieres. Unas claves brumosas que apuntan a otros mundos subyacentes y otros muy disímiles sentimientos de la vida y anclaje con las cosas. Te asomas a esos libros y, aunque no estén, en unos ves tempo lento y moroso, quinqués, olor a oveja y chova, meditaciones religiosas, nieve calma en un paisaje, ves palabras como «reposadero», «escarapela», asendereada», «portapalomas», «retiñir», ves la sombra del impluvium tan fresca, la calidez del hipocaustum, el fresco de una capilla, el resuello de un tranvía, aromas de hortensias en una verbena, boinas ociosas de viejo, trajes regionales, aires de sierra, en fin, términos y causas precisos y palpables, hombres que se comprenden del todo, y logran incluso más que comprenderse del todo. El mundo que hay detrás de estos libros es sólido, rocas y esos míticos juramentos con un simple apretón de manos. El mundo de A y B que hay detrás es de un plastificado bizantino rosa de Koons; un rumiar banal sobre bibliografía secundaria sin relevancia, tiempo envasado en ideas desencarnadas -el que transcurre en las pantallas, el tiempo sin soporte molecular de la experiencia virtual-, tras estos libros asoman autopistas gigantescas, neones chillones, rascacielos con cubículos como nichos de cementerio, en fin, un cordón umbilical hilado a lo transitorio y una mente engarzada a pasajeros flashes inconsútiles. Las bodas intelectuales de X e Y seguro que se avienen con «Mimesis» de Erich Auerbach; las de A y B con «Cultura Mainstream» de Fréderic Martel. Un universo poblado por la Dulcinea de Cervantes, Dante, cuadritos rococó, el realismo del cheval ombrageux, Napoleón o la Bérénice de Racine; ecos, sí, de ese universo reverberan en X e Y. No así en A y B; un universo donde centellea la MTV -o la reseca de eso-, el K-pop, el estilo informal de las críticas de cine de Pauline Kael donde no tiene sentido, pues lo ha liquidado, la jerarquía high y low, Shakira y la Coca-Cola. Cada galaxia implícita en cada par de libros viene asociada con una ganancia progresiva de medios tecnológicos y una pérdida regresiva de medios intelectuales. Aunque los cuatro autores caben bien bajo la etiqueta de intelectuales, hay más vida intelectual en Maragall y Lozano que en Zafra y Márquez. Solo un cegarnos por las apariencias podría hacernos creer lo contrario, más o menos como si creyéramos que la portada del disco de Supertramp «Crisis? What Crisis?» es más densa conceptualmente que cualquier mediocre pintor académico del XIX.

Dados dos lenguajes de igual categoría, uno del siglo XX y uno del XXI, el primero posee mayor fuerza (estética, cognitiva, sapiencial) El murmullo de fondo de violín bachiano se ha convertido ahora en música de ascensor.

Tomo al azar un pasaje de T. Hardy «No supo cuánto tiempo pasó en aquella duermevela. Abrió los ojos de repente. El leño que sostenía el fuego se había partido por la mitad y había dejado de llamear; la vela que había dejado en la repisa de la chimenea casi se había consumido. Pero persistía sin embargo un resplandor en la estancia, aunque procedía de otra puerta. Darton volvió la cabeza y vio a la mujer de Philip Hall en el umbral, con un candelabro en una mano y un hervidor de té en la otra»

Cito ahora de una novela de R. Wolfe «El calentador hace BLOF y el agua empieza a correr por las cañerías. La puerta del baño está entornada. El tipo debe estar ahí, tarareando en previsión de la follada, que imagina guarra, salvaje y guarra bajo el chorro de agua hirviente y vapor y flujos de animal nervioso en el ambiente, quizá su mayor vicio, su mayor debilidad»

De la sutileza del matiz y la delicadeza de observación moral al desgarro punk nihilista de trazo grueso, de la mampostería elegante de un hervidor de té al cacofónico BLOF, de una mujer en el umbral de la puerta a un sádico estuprador salivando y tarareando como un cerdo, de la suave voz poética «duermevela» y «candelabro» o «vela» al lapo de las palabras «guarra» y «follada», del tono de caballero al tono de lavadero industrial, de la sintaxis que fluye en pensamiento a la abrupta gramática de esquizo, de un leño que paulatina, lentamente, cesa de llamear, a una tubería oxidada rota. Bah, a qué seguir. Wolfe se arquea como una literatura propia de A-B, Hardy serpentea en los modos de una imaginaria literatura de X-Y.

Entre A-B y X-Y también hay toda una urdimbre de alusiones, símbolos, ritmos que separan sus dos energías creativas. Una está familiarizada con la noche estrellada, las sombras de las iglesias y sus himnos rituales, las formas del mundo natural (plantas, flores, pájaros, nubes, árboles), las leyes de un orden moral natural como lo puede ser el granizo. La otra padece una embotada sensibilidad cromada, de flores artificiales, de kitsch decorativo, de una astronomía de videojuego, de un reino donde la palabra es esclava de la imagen, de una época histórica de «retirada de la palabra» (Steiner), en resumidas cuentas, de ilotas de la palabra inmersos en una baraúnda de música enfáticamente coribántica y en una iconosfera martilleándoles gossips y empaquetadándoles ideología prêt-à-porter. Antes la tradición y el estudio te convertía en el que debías ser, ahora el slogan publicitario te recubre con la imagen que engañosamente crees más convincente de ti mismo.

Si se cuestiona el discurso tradicional sobre la verdad o la belleza, y solo existen «dispositivos de verdad» o «arbitrarias bellezas» que, encima, son tácticos, políticos y transitorios, si se impone el evangelismo tecnológico y económico como religiones liberadoras, estos desmontajes a la moda solo horadan la civilización para que ganemos una astronómica amnesia. Seguramente muy pocos leen a Maragall o a Jimenéz Lozano, también pocos -presumo-, pero más, a Zafra y Márquez (al fin y al cabo tienen el hándicap de ser scholars en un cosmos donde se impone como cultural el mismo desprecio a la cultura y la academia) Dentro de poco, si no ya, se generalizará la lectura de los productos que escriban (o les escriban) las celebridades activistas (periodistas, actores, deportistas, influencers de Tik Tok, Instagram o Youtube, etc…) Mi profecía apocalíptica la vivo como una hipótesis alucinatoria y sin prueba alguna susceptible de no corroboración. Porque sí, yo también soy ahora un bárbaro, crucé la frontera y solo sé pensar con mazas.

Diario

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Cuando contemplo mi prosa o poesía, casi siempre siento la humillación ante un espíritu que funciona no con objetos valiosos, sino con cosas que me insultan. Para vencer en literatura, enfrentándote a un ejército con iguales efectivos, debes aniquilarlos a todos y, a la vez, no puedes permitirte el lujo de perder ningún hombre. Esta idea de Seferis es tan exacta como feliz. Un poema, un fragmento brillante de prosa, mantiene en movimiento muchos platos sobre distintas varillas. Entonces, logrado ese efecto, dejas de pulir. Un escritor elemental pero correcto mantiene en equilibrio solo dos platillos, un virtuoso más de una docena. Me siento humillado al releerme y ver fragmentos de algún/os plato/s rotos por el suelo. Escribo para alimentar esta hidra estúpida de las redes. La faena seria la pospongo o aplazo. Sé que puedo mejorar (abrumadoramente), aunque tanto mediocre material como ofrezco aquí parece una especie de autosabotaje. El espíritu, alimentado con sederías o vilezas, siempre funciona. Yo -y no todos podrían afirmarlo- al menos distingo sus momentos.

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TERAPIA ARTÍSTICA

A Marta Cots Lledó (1971-1993)

A veces pienso que el territorio del amor

es indiscernible del territorio de la muerte

y que gatos demoníacos y lobos hambrientos

lo marcan infaustos con sus ácidos orines.

A veces pienso, valga la hipérbole,

que el amor es una gaviota atrapada en la turbina de un avión.

Que no se distingue del desplome de las Torres Gemelas.

Pero después vienes tú, aurora en las regiones del éter,

vestida de cuca Marilyn o arlequín rosa, dandy

con foulards amarillos, sutil y onduyant,

extravagante, desnuda y arrolladora y tierna, y entonces,

de alguna rara manera, por una suerte de racionalismo mágico,

el “yo” no arde quieto más en los infiernos,

nos extasiamos ante nubes o pintura paisajística,

nunca dejamos de ser compinches, jamás,

de inundar de rosas los pasillos de los hospitales,

o blandir la espada en justas del medioevo,

o bien disfrazarnos de espantapájaros (ahora que lo pienso,

eso sí; de espantapájaros dialogaríamos con el exclusivo

poder de la mente)y, entonces, de alguna exacta manera,

tú te desintegras en las letras arial narrow

de cada una de las palabras que te dirijo,

perfumada, como un bouquet de flores, al pie de unas olas,

emergiendo del Mar Muerto nuestro géiser de besos.

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RIEN N´ÉGALE EN LONGUEUR LES BOITEUSES JOURNÉES

Un buen pudín triturado disfrutarán de cena

los gusanos con mi cuerpo; después de esa

liturgia bioquímica el bolo se convertirá en ánima

cabalgando hasta las luminosas aguas de Dios.

«Señorito -le oigo ya- advierto su reprimida inclinación

al sentimiento y una excesiva tristeza áspera

de hueso de cereza raspando el cuello. ¿Por qué tan infeliz?

Descanse. Se le abre la puerta del futuro.

Ah, sí, también me gusta a mí Shakespeare.

¿Sabe? Aquí lo mejor dura tanto que solo podemos

decir «Esto es lo mejor». Su noche sin ciencia cesó.

Esto es lo mejor. Esto es lo mejor. Esto es lo mejor.

Le Club Méditerranée: la plus belle idée

depuis l´invention du bonheur. Bienvenido a casa.

Verá como galopan de placer sus labios.

Tenemos mucho tiempo para charlar».

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VOICES

Comenzó a ver en la poesía a una «puttana»

en la razón un quiebre cadavérico

-la razón está dañada por el pecado original-,

y en su vida un termitero criminal

con cielo viejo y oráculos mudos.

Le aburría la tabarrosa retórica de la cultura,

su corazón de azufre, su carne de estopa.

Por eso no cesaba de oír voces:

«cupio dissolvi et esse cum Christo»,

deseo la disolución de mi carne y estar con Cristo.

Monologaban en bucle. El mismo mensaje

con ligeras y torturantes variaciones.

Solo soy un niño dormido y pensativo

que escupe la antipática tempestad.

Tengo fe. Tengo miedo.

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PRIMER AMOR

La primera mujer que besé y me tocó

fue una delgada pajillera de cine porno.

Olía fuerte a desinfectante Zotal y lefa.

Recuerdo su larga melena amarilla de medusa,

los pliegues sabios de la nalga,

el barato (pero embrujado) vestido corto negro.

Para mí era una mujer llamada Música

con perfecto ritmo sonante en mi corazón y el paraíso.

Era una mujer para mí llamada Pájaro

posada en estatua o picoteando en las algas.

Querida, hagamos más el amor en lugar de hacer dinero;

quememos cartillas y tarjetas bancarias,

no evangelicemos la ganga de gadgets tecnológicos,

odiemos las ilegítimos usos cotidianos,

los trabajos y afanes, el escalafón, la familia,

y encerrémonos en una buhardilla con quinqués,

naipes, alcohol, cuadros y viejos grimorios,

sin levantarnos nunca del jergón.

Que las lenguas vagabundeen por ociosos veranos.

Sea nuestro Amor un haragán plácido

y culto estirado en la tumbona y tomando

el sol bajo palmeras tropicales y daiquiris.

Y mañana conversemos en le salon de Madame de Geoffrin.

Como últimos romanos ante el declinante imperio

que arcángeles envidiosos o burgueses gurruminos

murmuren sobre un Placer incapaces de comprender.

Al salir ya olía a perfume de eucalipto que oxigenaban los vientos.

Cesaban los homicidios en la ciudad populosa,

Catalina II, con excelente prosa, escribe sus inteligentes memorias,

y corrían carrozas dieciochescas por las autopistas.

A partir de ahí ya podía contar a mis pocos amigos

que al fin era un hombre enamorado.

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Lo nuevo en verdad serio debe basarse en las grandes obras del pasado. Sin el estudio de los grandes pensadores y artistas de antaño cercenamos o mutilamos la conciencia de las más grandes posibilidades. El pasado glorioso debe conservarse y transmitirse en cada generación de la civilización. De lo contrario nos convertimos en chatos hombres necesariamente presos en el horizonte de nuestro tiempo y lugar, y, en una democracia, eso significa no poder sacarse los grilletes de las premisas y prejuicios de la opinión pública. Observo con pesadumbre como muchos hombres ponen murallas al pasado y muchos jóvenes viven encerrados en las coordenadas de sus puntillistas «moments of being», es decir, del mero arco temporal de sus existencias. Hombres y jóvenes que elaboran su alma con los impulsos del instante y que, al final, acaban teniendo unas almas cuya altura no levanta dos palmos del suelo.

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La augustas plegarias de la mente, son la atención y el entendimiento. Mirar en lugar de ver, analizar y estructurar experiencias en lugar de meramente tenerlas. Caer en la cuenta y sopesar, dos propiedades del espíritu que yo creo ya exiliadas definitivamente de la mayoría de los hombres.

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Mi soledad farfulla ociosa e inepta como la «p» en la palabra «psique».

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Me acuerdo de aquello de Rubén Darío: muy bonitos, muy bonitos, los versitos.

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«At tibi fortassis, si -quod mens sperat et optat-

es post me victura diu, meliora supersunt

secula: non omnes veniet Letheus in annos

iste sopor…»

Petrarca

A ti quizá, si, como mi alma espera y pide, has de sobrevivirme largamente, te aguardan mejores siglos: no ha de durar para siempre este sopor letal…

Para Christian

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El mundo ha mutado, mudado,

como un paisaje tras la granizada.

No es un plumaje sucio de légamo una noche de niebla

ni el sueño turbio de sombras diabólicas.

Y lo que crees panfletos, barbarie, banalidades,

pacotillas, bagatelas, son nuestra nueva religión.

Tu alma se adensó en foscas bibliotecas

y no comprendes nuestros afanes y vagabundeos,

la alegría honda de la liviandad y el olvido.

Regalaste con generosidad una aventura no mía,

cosechaste fracasos y burlas,

conociste el desdén y la tristeza,

envejeciste pero todavía no desmayaste.

Pero tu reloj perdió las horas.

Frente a la barandilla de la playa creciste en soledad.

¿Dónde vivir, sino en los días? La melancolía es

un trapo innoble, un ejemplo de subliteratura.

Mis centellas son rutilantes radiaciones televisivas,

la superficie es mi profundidad,

en lugar de la frase alambicada prefiero la sinceridad,

mi único esfuerzo (y Dios) es el placer,

la tecnología tornea mi mente a la manera del pizzicato,

mi motor de experiencias es el movimiento perpetuo.

Y no pido perdón al cielo por el impulso

de sangre de potro joven que me empuja.

Creo que la noche y el día no son vetustos libros,

me gusta el alba metálica al salir de la discoteca,

y me disgustan las verduras de la naturaleza,

y, más que a una capilla, mi fe se ciñe al supermercado.

No, querido tío, el futuro no es un país lleno de monstruos

y la nieve brilla en mis manos.

Traduce tú las sátiras de Luciano, príncipe del apocalipsis,

disípate en tu negro laberinto.

Y no te irrites si a mis amigas y a mí

nos chifla más la música de Vodafone

que el pestiño aburrido de Bach.

Demasiadas veces viviste como un ermitaño:

tus murallas te aislaron.

Yo soy la bárbara de tu sobrina que no puede sino quererte.

Hay que mirar el futuro con optimismo, querido.

Debes ver los bonitos fuegos artificiales

de mastines seráficos corriendo por otros bosques.

Mira, toca, saborea, entiende, soba, palpa,

huye de una maldita vez del congelado invierno.