Tentativas 26

Barcelona. Ratas grandes como perros jóvenes salen disparadas de las sombras y cruzan el puerto; el agua negra parece hervir de ellas, y en los almacenes abandonados su correr era un continuo rumor de vida baja y obstinada. Se adivinan antes de verse; y esa latencia, ese casi-ruido, produce una incomodidad más fina que el miedo. Sí, una vaga aprensión, como si algo pequeño, ignorado y persistente, se moviera en los márgenes de la percepción.

Las ratas corren por los rincones con un sigilo casi cortesano, como si conocieran mejor que los hombres los pasadizos de nuestra España ruin y nocturna.

Tentativas 25

«Nada revela tanto la decadencia como la alegría colectiva en lugares inadecuados. La playa es una conspiración de cuerpos que han renunciado a toda dignidad. Se amontonan, se exhiben, se abrasan, y llaman a eso descanso», observó mi maestro Bernhard.

Semana Santa de sol abundante. Broncearse militarmente y girarse cada cierto tiempo como pollos bien entrenados. Hacer todos lo mismo que los demás, pero en bañador. El sol brilla y el mar es azul como en las fotos de las agencias de viajes. Hacinamiento, comida mediocre y precios obscenos.

Yo tengo mi ciceroniana biblioteca y mi jardín. Viajo por mi habitación, pasando páginas. En la biblioteca, el espíritu aprende a demorarse, y esa demora es ya una forma de conocimiento. Yo nunca imaginé el paraíso bajo la especie de una discoteca.

Hoy leeré «The Private Library», de Conan Doyle; hojearé «A Gentle Madness», de Basbanes; y tendré entre mis manos «Algebraic Logic», de Halmos, elegante y severo, como ciertas verdades que no admiten consuelo. Releeré a Valle-Inclán, esa perla verbal donde el idioma parece recordar de pronto su propia grandeza.

No me verán entre la multitud.

Tentativas 24

Desde mis estudios de Exactas (como oyente) desarrollé una especie bastante ortodoxa de platonismo matemático, una visión de las matemáticas de las que discrepaba amablemente mi maestro Josep Pla i Carrera.

Creía que los objetos matemáticos formaban una realidad objetiva, independiente de nuestras construcciones mentales. No eran creaciones arbitrarias del espíritu humano, sino entidades descubiertas, de modo análogo a como los objetos físicos son descubiertos en la experiencia. Asimismo sostuve que la intuición matemática no era algo místico en un sentido peyorativo, sino una forma de percepción racional que nos permitía acceder a una realidad no empírica.

El conocimiento matemático, en este sentido, implica una especie de percepción intelectual. No es una percepción sensorial, sino una captación directa de estructuras que no dependen de nosotros. Cuando comprendemos un concepto matemático —por ejemplo, el de número natural o conjunto— no lo estamos inventando, sino que nos ponemos en relación con algo que ya está ahí, aunque no en el espacio ni en el tiempo, insisto.

***

A. Gillies hizo una defensa crítica del realismo matemático:

«El platonismo matemático sostiene que las entidades matemáticas existen independientemente del pensamiento humano. Esta tesis, aunque metafísicamente exigente, parece estar respaldada por la práctica matemática misma. Los matemáticos no actúan como inventores libres, sino como exploradores de un dominio que ofrece resistencia, que impone restricciones, que revela verdades inesperadas. Si las matemáticas fueran una construcción arbitraria, no se explicaría la profunda sensación de descubrimiento ni la objetividad intersubjetiva de sus resultados».

Y añade:

«El éxito de las matemáticas en la ciencia —su capacidad para describir estructuras del mundo físico con una precisión extraordinaria— constituye un argumento indirecto a favor del realismo. No es necesario adoptar un platonismo ingenuo; pero negar toda forma de existencia independiente a los objetos matemáticos parece empobrecer nuestra comprensión tanto de la matemática como de su eficacia». (An Aristotelian approach to mathematical ontology. In Ernest Davis and Philip J. Davis (Eds.) Mathematics, Substance and Surmise. Views on the Meaning and Ontology of Mathematics, Springer, pp. 147-176)

Luca Incurvati ofrece un platonismo analítico, semánticamente sofisticado:

«La objetividad de las matemáticas no puede reducirse a convenciones ni a reglas inferenciales. Cuando afirmamos que un enunciado matemático es verdadero, no estamos simplemente siguiendo una regla, sino describiendo una realidad abstracta. El desafío principal para el platonismo no es su ontología, sino su integración en una teoría general del significado y del conocimiento. Sin embargo, cualquier alternativa que renuncie a la referencia a objetos abstractos enfrenta dificultades aún mayores para explicar la verdad matemática», Conceptions of Set and the Foundations of Mathematics. 2020, Cambridge University Press, xvi + 238 pp. pág. 133.

Sin olvidar a Donald A. Gillies:

«El matemático, en su práctica cotidiana, se comporta como si estuviera investigando una realidad independiente. No decide arbitrariamente qué es verdadero, sino que busca descubrirlo. Esta actitud no es una ilusión metodológica, sino una indicación de la naturaleza misma de la matemática. El platonismo proporciona una explicación natural de esta práctica: los objetos matemáticos existen, y las teorías matemáticas son intentos de describir sus propiedades».

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Mis propias especulaciones al respecto sobre la naturaleza de las matemáticas se han ido modificado a lo largo del tiempo desde un realismo a cierto formalismo matizado. Creo que una teoría matemática es un sistema formal constituido por signos, axiomas y reglas de inferencia; la verdad matemática se reduce a la derivabilidad sintáctica dentro de ese sistema. Los números, los conjuntos, son ficciones útiles, marcas en un papel.

Esta nueva filosofía matemática aniquiló mi teísmo, modificó mi ontología. Grosso modo, hoy tiendo a pensar que una teoría matemática no es sino un sistema formal: signos, axiomas, reglas de inferencia. En ese marco, la verdad no es una adecuación a un dominio abstracto, sino la consecuencia de una derivación correcta. Los números, los conjuntos —aquellas entidades que antaño me parecían casi tan reales como los cuerpos— han quedado reducidos a ficciones útiles, a inscripciones gobernadas por reglas.

Y, sin embargo, algo persiste. Porque incluso ahora, cuando reduzco las matemáticas a manipulación simbólica, no logro disipar del todo la impresión —tenaz, casi obstinada— de que, bajo esa sintaxis, hay una necesidad que no hemos inventado. No sé.

Tentativas 23

Los hay, seres alados (Dios nos los conserve en su invernadero) que estudian los Manuscritos de las cuevas de Qumrán, textos que arrojan nueva luz sobre el surgimiento del cristianismo y del judaísmo rabínico. Otros no se apean de Bruckner y Xenakis, con lo que demuestran concentración y atención intelectual intensa (el primer caso) y una resistencia al tedio hercúlea (caso segundo)

Yo tuve pujos intelectuales, ínfulas de erudito (en el fondo no fui más allá del diletantismo) y, cada Semana Santa, me entrometía en una relectura de «La muerte de Virgilio», la kakania sin centro de Musil, o me devanaba los sesos sobre la orquestación del acto final de la «Norma» de Vincenzo Bellini.

Abdico de la delicadeza de gusto y opinión, y de la lectura. Mis píos propósitos a partir de ahora serán ver fútbol ataviado con una camiseta imperio mientras chuperreteo por el gollete una fría cerveza. ¿Por qué no transformarme en un filisteo sin vida interior?De reacciones prefabricadas, con emociones de segunda mano. Y sin ver las cosas: solo reconocer etiquetas. Y, si siento la bilis negra por la literatura, no ir más allá de «Lo gayter del Llobregat», Núñez de Arce o Defreds. La cultura es tortura y, como una marca de Caín, te prohíbe y expulsa el acceso a novias pneumáticas.

¡Se acabó mi impostura! A guardar los libros de Teoría de Conjuntos y sustituirlos por prensa deportiva, y, liberado, rascarme los pliegues del estómago con blockbusters. Se acabó el hablar sin decir nada, el escribir para no pensar.

Permanecer opaco al refinamiento. Ni por asomo ver ni sentir lo elevado.

No descarto apuntarme a la telerrealidad.

Señor, hazme un merluzo… ¡pero no todavía!

Tentativas 22

Thomas Bernhard

«Toda esta Europa que se jacta de su cultura no es más que una escenografía cuidadosamente mantenida. Museos, conciertos, festivales… todo perfectamente organizado para simular una continuidad que en realidad ya no existe. La cultura europea ha sido convertida en un decorado, en una representación para turistas y burgueses satisfechos. Nadie piensa ya, nadie arriesga nada: se repite, se conserva, se exhibe. Lo que llaman cultura es, en realidad, la administración de un cadáver».

Y en su tono obsesivo característico:

«Europa es un continente que vive de su pasado como un inválido de sus recuerdos. No produce nada esencial, pero lo conserva todo, lo cataloga todo, lo exhibe todo. Y en esa conservación hay algo profundamente enfermizo».

Louis-Ferdinand Céline

«Europa… un viejo teatro lleno de decorados magníficos y actores agotados. Mucha cultura, sí, muchos libros, muchas palabras… pero detrás, nada: fatiga, miedo, mentira. Se habla de civilización, de progreso, de espíritu… pero lo que hay es miedo a la vida, miedo a la verdad. Todo está podrido de palabras. Europa se ahoga en su propia literatura».

Y en su vena más despiadada:

«La cultura europea es un barniz. Debajo no hay más que miseria, cobardía y una necesidad constante de fingir que todo tiene sentido. Se lee, se escribe, se discute… pero nadie cree en nada».

Emil Cioran

«Europa ha dado todo lo que podía dar. Ha agotado sus posibilidades. Después de siglos de intensidad, de creación, de pensamiento, no le queda más que administrar su herencia. Vive de su pasado como un heredero incapaz de producir nada nuevo. La lucidez europea consiste en saber que su edad de grandeza ha terminado».

Y aún más concentrado:

«Europa es un espíritu que se ha cansado de sí mismo. Ha llegado a un punto en que ya no cree en lo que ha creado».

Michel Houellebecq

«Europa es hoy un espacio de confort, de seguridad, de bienestar… y de aburrimiento. Ha eliminado el riesgo, el conflicto, la trascendencia. Pero en ese proceso ha eliminado también el deseo, la intensidad, la vida. Es una civilización que ya no sabe por qué existe».

Y en su línea más característica:

«Todo está permitido, todo es posible, pero nada importa realmente. Europa ha sustituido el sentido por la comodidad».

Peter Handke

«Lo que se pierde en Europa no es solo la cultura, sino la capacidad de experiencia. Las palabras ya no nombran nada, las cosas ya no tienen peso. Todo se vuelve superficial, intercambiable, sin densidad. Una Europa sin lenguaje verdadero es una Europa sin mundo».

Jean Baudrillard

«Vivimos en una Europa donde la cultura ya no es producción, sino simulación. Se multiplican los signos de cultura —museos, exposiciones, eventos—, pero esa proliferación oculta su desaparición real. La cultura se convierte en un sistema de signos sin referente. Europa es el lugar donde la cultura sobrevive como espectáculo de sí misma».

Roger Scruton

«Europa posee una herencia cultural extraordinaria, pero parece avergonzarse de ella. En lugar de transmitirla, la relativiza; en lugar de defenderla, la diluye. Una civilización que no cree en sí misma no puede sobrevivir. Europa corre el riesgo de destruir aquello que la hizo posible».

Tentativas 21

Ernst Robert Curtius

«La literatura europea no es una suma de literaturas nacionales, sino un sistema de relaciones históricas que atraviesa los siglos. Desde la Antigüedad tardía hasta la Edad Media y más allá, se conserva una continuidad que no puede explicarse por factores políticos ni económicos, sino por la persistencia de formas, de temas y de estructuras del pensamiento. Europa es, ante todo, una comunidad de tradición literaria. Su unidad no reside en instituciones, sino en la transmisión de modelos, en la memoria de textos, en la permanencia de una educación retórica. Olvidar esta continuidad es condenarse a la fragmentación y a la barbarie cultural».

Paul Valéry

«Europa es una pequeña península del Asia, pero ha producido una cantidad extraordinaria de pensamiento, de arte y de ciencia. Lo que llamamos Europa es, en realidad, un sistema de tensiones intelectuales, una máquina de producir espíritu. Toda esa construcción es frágil. Basta con que se interrumpa la transmisión del saber, con que se debilite la exigencia intelectual, para que el edificio entero se tambalee. Europa puede morir, no por falta de recursos, sino por fatiga de su espíritu».

Y en otro registro, aún más incisivo:

«Nosotros, civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales. […]

Una cultura puede desaparecer no solo por la violencia exterior, sino por el agotamiento interior, por la pérdida de su capacidad de pensar y de exigirse a sí misma».

T. S. Eliot

«La cultura de Europa es una unidad que no puede comprenderse a partir de sus partes aisladas. Existe una tradición común que abarca la literatura, la filosofía y la religión, y que da a Europa su carácter distintivo. Esa tradición está profundamente vinculada al cristianismo, no solo como sistema de creencias, sino como forma de sensibilidad y de pensamiento. Si esa base desaparece, si Europa intenta definirse únicamente en términos seculares, económicos o políticos, pierde su coherencia interna. Una Europa que renuncia a su herencia cultural se convierte en un agregado sin forma».

Charles Maurras

«La civilización no es una invención reciente ni una construcción artificial: es una obra lenta, acumulada, orgánica, que se transmite de generación en generación. Europa no es el resultado de un contrato, sino de una historia, de una tradición, de una disciplina del espíritu. Pretender reconstruirla sobre bases puramente racionales, económicas o técnicas es desconocer su naturaleza profunda. La verdadera Europa no se funda: se hereda. Y lo que se hereda no puede ser sustituido por sistemas».

Tentativas 20

Félix de Azúa

«Europa se ha convertido en un parque temático de su propio pasado. Conserva sus monumentos, sus museos, sus tradiciones, pero los ofrece como espectáculo, como mercancía turística. Lo que fue cultura viva se convierte en decoración. Lo que fue pensamiento se convierte en información. El europeo contemporáneo consume su propia historia como quien consume un producto más, sin exigencia, sin profundidad, sin conciencia».

Fernando Savater

«Europa no puede sostenerse solo como un mercado común o una alianza de intereses. Su verdadera fuerza ha sido siempre su tradición educativa, su capacidad para formar ciudadanos críticos, conscientes de su herencia cultural. Si la educación se degrada, si se convierte en mera instrucción técnica o en entretenimiento pedagógico, Europa pierde su fundamento. No hay ciudadanía europea sin cultura europea».

José María Álvarez

«La cultura no es un derecho universal entendido como consumo, sino una conquista personal que exige disciplina, gusto y dedicación. La democratización mal entendida ha confundido acceso con nivelación, y ha producido una sociedad donde todo se iguala por abajo. Europa, que fue una civilización de alta exigencia estética e intelectual, corre el riesgo de diluirse en la mediocridad generalizada. El verdadero europeo es aquel que se sabe heredero de una tradición y que está dispuesto a estar a su altura».

Guillermo Carnero

«La cultura literaria ha sido sustituida por un simulacro: se habla de libros, pero no se leen; se citan autores, pero no se comprenden. La industria cultural produce una ilusión de actividad intelectual que encubre una profunda ignorancia. Europa fue una civilización de lectores; hoy corre el riesgo de convertirse en una civilización de consumidores de textos. Y entre leer y consumir hay una diferencia esencial».

Manuel Vicent

«Vivimos en una sociedad donde todo se convierte en espectáculo, incluso la cultura. Los libros, las ideas, los debates, todo se somete a la lógica de la visibilidad, del impacto inmediato, del entretenimiento. La profundidad resulta incómoda; la lentitud, sospechosa; la dificultad, inaceptable. En este contexto, la cultura deja de ser una forma de conocimiento para convertirse en una forma de distracción».

Antonio Muñoz Molina

«Europa es, en gran medida, una construcción de memoria. Sus ciudades, sus libros, sus instituciones están atravesados por una conciencia del pasado que no puede ser sustituida por el presente inmediato. Cuando esa memoria se debilita, cuando el presente lo ocupa todo, la cultura se empobrece. Recordar no es un ejercicio nostálgico, sino una forma de responsabilidad».

Rafael Argullol

«La cultura necesita tiempo, lentitud, profundidad. La aceleración contemporánea, la saturación de estímulos, la obsesión por la novedad permanente, son incompatibles con la verdadera experiencia cultural. Europa, que fue una civilización de contemplación y de elaboración, corre el riesgo de convertirse en una civilización de consumo instantáneo. Sin tiempo no hay cultura, solo información».

Javier Gomá

«Europa no es solo un espacio político o económico, sino un proyecto moral basado en la dignidad, la educación y la ejemplaridad. Su tradición cultural ha sido una escuela de ciudadanía, de formación del carácter, de aspiración a lo mejor. Cuando esa dimensión se pierde, cuando la cultura deja de ser normativa y se convierte en mera oferta, Europa se debilita. No basta con organizar la convivencia: hay que darle sentido».

Tentativas 19

Zygmunt Bauman

«La Europa contemporánea corre el riesgo de convertirse en una sociedad de consumidores antes que en una comunidad de ciudadanos. Cuando el espacio público es colonizado por la lógica del mercado, la cultura deja de ser un ámbito de formación y se convierte en un producto más. Una Europa que olvida su vocación cultural, que sustituye la educación por el entretenimiento y el pensamiento por la satisfacción inmediata, pierde la capacidad de sostener una identidad común. La unión económica puede funcionar sin alma durante un tiempo; pero sin cultura compartida, sin memoria, sin responsabilidad intelectual, esa unión carece de profundidad y de futuro».

Jürgen Habermas

«El proyecto europeo no puede limitarse a la integración de mercados ni a la coordinación de políticas económicas. Lo que está en juego es la formación de una esfera pública europea, un espacio en el que los ciudadanos puedan reconocerse mutuamente a través de una cultura política y discursiva compartida. Sin esa dimensión cultural y comunicativa, Europa seguirá siendo una construcción tecnocrática, distante de la vida de sus ciudadanos. La legitimidad de Europa depende no solo de su eficacia económica, sino de su capacidad para generar sentido».

George Steiner

«Europa puede convertirse en un museo o en un parque temático: un lugar donde el pasado se exhibe, pero ya no se vive. Si la tradición se reduce a decoración, si la cultura se convierte en turismo, Europa pierde su sustancia. La verdadera Europa no es la de los aeropuertos y los centros comerciales, sino la de las bibliotecas, las lenguas, las traducciones, los textos que dialogan a través de los siglos. Olvidar eso es suicidarse culturalmente».

Rémi Brague

«Europa no se define por lo que produce, sino por lo que recibe. Su identidad no es la de una creación ex nihilo, sino la de una civilización que se reconoce heredera: de Grecia, de Roma, del cristianismo. Cuando Europa se concibe únicamente como una estructura económica o técnica, olvida que su esencia es cultural. No es una máquina que funcione, sino una tradición que se transmite».

Alain Finkielkraut

«Europa está en peligro no por falta de riqueza, sino por falta de exigencia cultural. La cultura ha sido sustituida progresivamente por el entretenimiento, la educación por la diversión, el esfuerzo por la facilidad. Se quiere una Europa ligera, accesible, agradable, pero esa ligereza tiene un precio: la pérdida de profundidad. Una civilización que ya no exige nada de sí misma está condenada a la trivialidad».

Peter Sloterdijk

«Europa fue durante siglos un experimento espiritual: una red de tensiones creativas entre filosofía, religión, arte y ciencia. Hoy corre el riesgo de reducirse a un sistema de confort, a una zona de bienestar regulado. Cuando el objetivo principal de una sociedad es la comodidad, el pensamiento se debilita. Europa debe decidir si quiere ser un espacio de intensidad cultural o un espacio de mera administración de la vida».

Tony Judt

«Lo que distingue a Europa no es solo su prosperidad, sino su relación con el pasado. Europa es una comunidad de memoria, marcada por la conciencia de sus tragedias y de sus logros. Si pierde esa memoria, si se convierte en una mera zona de intercambio económico, deja de ser algo singular. La identidad europea no puede sostenerse sin historia».

Nuccio Ordine

«En una sociedad dominada por la lógica del beneficio, todo lo que no produce utilidad inmediata parece superfluo. Pero son precisamente las disciplinas consideradas inútiles —la literatura, la filosofía, el arte— las que forman al ser humano. Una Europa que sacrifica estas dimensiones en nombre de la eficiencia económica se empobrece espiritualmente. No todo lo que cuenta puede medirse, ni todo lo que se mide cuenta».

Marc Fumaroli

«La cultura europea ha sido progresivamente sustituida por una “política cultural” que la administra, la organiza y la transforma en espectáculo. Se pasa de la cultura vivida a la cultura gestionada, de la creación a la animación cultural. Esta transformación convierte la cultura en un instrumento de comunicación y de consumo, perdiendo su dimensión crítica y formativa. Europa corre el riesgo de institucionalizar su propia superficialidad».

Tentativas 18

T. S. Eliot

«Si consideramos la cultura de Europa como un todo, encontramos que sus partes no pueden entenderse aisladamente. La literatura de cada nación europea no es autosuficiente: forma parte de un conjunto más amplio, y ese conjunto es la cultura europea. Europa es una unidad de cultura antes que de política o de economía. Su unidad no depende de tratados ni de fronteras, sino de una tradición compartida, de una herencia común que se manifiesta en las letras, en la religión y en las formas del pensamiento. Destruir esa unidad cultural, o reducirla a una suma de intereses materiales, sería empobrecer irremediablemente el espíritu europeo».

George Steiner

«Europa está hecha de cafés, de calles caminables, de bibliotecas, de lenguas que se responden unas a otras. Ser europeo es saber que una gran parte de lo que uno es proviene de otras lenguas, de otros libros, de otras tradiciones. Si Europa se convierte únicamente en un mercado común, en una zona de libre intercambio de bienes y de entretenimiento, habrá traicionado su esencia. Porque su verdadera unidad no es económica: es una comunidad de memoria, de textos, de música, de pensamiento. Europa es, ante todo, una civilización de lectura».

Milan Kundera

«Europa no es un territorio, sino una noción cultural. Lo que define a Europa no son sus fronteras geográficas, sino su historia espiritual: la continuidad de una tradición que va de Grecia al cristianismo, de la novela moderna a la música clásica. Si Europa deja de reconocerse en esa tradición, si se reduce a un espacio económico o a una civilización del consumo, entonces deja de ser Europa. La verdadera amenaza para Europa no es la división política, sino el olvido de sí misma».

Denis de Rougemont

«Europa no se hará de una vez, ni en una construcción de conjunto: se hará por realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho. Pero esa solidaridad no puede ser solo económica. Sin una conciencia cultural europea, sin el reconocimiento de una herencia común, la unión de Europa será frágil, superficial, y finalmente ilusoria. Europa debe reconocerse como una comunidad de espíritu antes de organizarse como una comunidad de intereses».

José Ortega y Gasset

«Europa es, ante todo, una idea. Y lo es en un sentido preciso: una cierta manera de entender la vida, una forma de razón histórica que se ha ido constituyendo a lo largo de siglos. Cuando Europa olvida su vocación intelectual, cuando se abandona a lo puramente técnico o económico, se desfigura. No es suficiente con organizar mercados o industrias: es necesario mantener viva la continuidad de su pensamiento, de su cultura, de su estilo».

Claudio Magris

«Europa es una pluralidad de voces que dialogan entre sí. Su riqueza no reside en la uniformidad, sino en la tensión entre sus diferencias. El peligro no es la diversidad, sino la homologación: una Europa reducida a consumo, a turismo, a espectáculo, donde las diferencias culturales se convierten en folclore para visitantes. Una Europa sin conciencia de su literatura, de su historia, de sus lenguas, es una Europa vacía».

Hermann Hesse

«Europa ha sido, durante siglos, una comunidad espiritual. No la definían sus ejércitos ni sus riquezas, sino sus pensadores, sus artistas, sus poetas. Cuando Europa se reduce a poder, a técnica, a organización material, pierde aquello que la hizo grande. La verdadera tarea no es construir máquinas más eficaces, sino conservar y renovar el espíritu que dio origen a nuestra civilización».

Edgar Morin

«Europa es una realidad compleja, una unidad en la diversidad. No puede reducirse a una lógica de mercado ni a una estructura administrativa. Necesita una conciencia de sí misma, una cultura compartida que permita a sus ciudadanos reconocerse en una historia común. Sin esa dimensión cultural, la construcción europea corre el riesgo de ser percibida como un aparato frío, técnico, sin alma».

Tentativas 17

Cohecho, tráfico de influencias, fraude fiscal, blanqueo de capitales, estafa, apropiación indebida, alzamiento de bienes… meros vicios privados que se transforman en beneficios públicos. Estamos contaminados de rigores evangélicos y no comprendemos (al criticar como frailes medievales esas conductas) el mecanismo económico.

Los comportamientos que la moral tradicional condena -lujo, egoísmo, vanidad, ambición, robo, deseo de riqueza- no son anomalías que corrompen la sociedad, sino el motor real que la hace prosperar. En otras palabras: aquello que parece moralmente reprobable a nivel individual genera dinamismo económico, empleo, comercio y riqueza colectiva.

«El lujo, que tanto se censura, es un gran sostén de la sociedad; sin él, muchas artes, oficios y ocupaciones desaparecerían. Lo que llamamos gasto superfluo mantiene a miles de pobres. Si cada uno se contentara con lo necesario, no habría comercio, ni riqueza, ni progreso», Mandeville. O también: «Lo que hace florecer a una nación no es la virtud de sus habitantes, sino la actividad de sus deseos. El fraude, el lujo y el orgullo deben vivir; mientras los empleemos, son necesarios. Una sociedad compuesta únicamente de hombres virtuosos sería pobre y miserable».

No lo olviden señoras y señores: «La gran virtud del sistema de mercado es que permite la cooperación sin coerción. No depende de que las personas sean virtuosas; funciona precisamente porque los individuos buscan su propio interés. En el proceso de intentar mejorar su situación, contribuyen —aunque no sea su intención— al bienestar de otros. El panadero no nos da pan por benevolencia, sino por su propio beneficio, y sin embargo, el resultado es que todos comemos.», Milton Friedman.

«No es la bondad de las personas lo que mantiene en funcionamiento una economía compleja, sino los incentivos. Un sistema que depende de la virtud es inherentemente frágil; uno que canaliza el interés propio puede ser robusto. La historia económica muestra que cuando las instituciones alinean el beneficio individual con resultados productivos, incluso personas ordinarias producen resultados extraordinarios», Thomas Sowell.

¿Los mejores? Políticos que meten la mano en la caja. Solidarios con los pobres y encima les meten en la cárcel. Ver -deus meus- para creer.

NOTA BENE: Fui deliberadamente provocador e irónico. La sociedad prospera no a pesar del egoísmo, sino gracias a él. Pero no gracias a cualquier forma de egoísmo; bienvenido sea el egoísmo competitivo, y sancionemos el egoísmo extractivo. No es la virtud lo que sostiene la sociedad, sino la canalización eficaz de pasiones imperfectas; pero cuando esas pasiones destruyen las reglas del juego, dejan de ser productivas y se vuelven parasitarias.