
Acíbar, tedio y hastío no más
es la vida, y fango el mundo.
Queda la página leída al anochecer,
el busto visto en el museo,
la belleza frágil de la hierba,
la leyenda amante de la luna.
Pero todo, en el fondo, todo es vanidad, liviandad, cera y humo,
vanidad de vanidades, ciega y rota escarcha helada.
En puridad mejor fuera no haber nacido.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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Es difícil trazar la línea que divide a la vanidad de la banalidad. Pues no todo lo vanidoso es banal. Existen esos actos de vanidad que dejan una huella indeleble en la historia y cambian nuestra forma de percibir el mundo. Así como los actos altruistas más desinteresados suelen pasar desapercibidos. ¿Alguien recuerda al inventor de la vacuna contra la polio?
A final de cuentas lo vanidoso tiene más posibilidades de trascender. Lo que no quita que sea una cagada que, a pesar de los esfuerzos que se hagan, la mayoría de veces tanta vanidad termine siendo una banalidad más.
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