Fe de vida

Es ingrato negar las felicidades del mundo,
porque mamá se acaba poniendo su pañuelo de siempre,
y el mar también siempre vuelve.
Hay una línea de Montaigne para que la leas solitario en la sombra y ramas de palmas datileras que parecen escofinas.
Hay margaritas gruesas por el suelo.
Hay polillas con su última canción.
Esta mañana sencillamente quieres decir que te gusta la vida, que le das un Sí sabroso, rojo y de caramelo, fresco y de sandía, un Sí grotesco y musical, sátiro y azul.
Es difícil cavar agujeros en mi corazón. Lo tengo fortificado frente a ataques sioux.
Es ingrato negar las dichas del mundo, si amas y te aman, si tu corazón propende a amar a borbotones. Queda una línea de Lucrecio, el sabor del café por la mañana, los zigurat que aguantan los templos del mundo.
Es una irreligiosidad no creer en la fe verdadera del mundo.
Una irreligiosidad no creer en la alegría.

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