Diario

Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

Pongo la tele. Tele 5. Una choni cantamañanas, vestida con una blusa de seda garbancera, con pinta de alcohólica de arrabal o actriz de porno alemán de los setenta, pregunta si el rey Juan Carlos se deja llevar por el instinto puro y duro, y, comenta, jocunda y dentuda, “pero él no toma Viagra, ya que ningún Borbón sufre impotencia”. Ughs. Poto y cambio de canal. Antena 3. Una especie de play boy otoñal ovino que uno juraría que fue incapaz de aprobar la EGB, presenta un concurso que encanta a jubilados de Benidorm con Alzheimer, o a boxeadores sonados en la sala de un psiquiátrico. Poto. Zapping. La Sexta. Noticiero. Sesgado, superficial, sensacionalista, manipulador, mal redactado, mal realizado, mal presentado; píldoras de información que caerán en las cabezas de los espectadores creyéndose éstos que conocen la realidad infusa. Borbotear o farfullar inane; mero llenatiempo para que quepan los anuncios. Ilustración audiovisual de una conversación mundial chocha y tartaja. De la escuela pública y de los periodistas fluye el desconocimiento total. Es devastador el papel de la televisión en la vida pública y política. Evita el razonamiento y el discurso como si fuese una plaga de Egipto. Prosiga el show. Demenciados del mundo, ¡United! Cambio de canal. Cuatro. Me parece que estoy viendo una suerte de “Informe Semanal” de mercadillo gitano; textura emocional y verdad efectista y espectacularizada. Siguen comentando no sé qué de la gritona subdesarrollada (en todos los sentidos; icono sin seso ni tetas la pobre) de Greta Thunberg. Dios mío. Mmm. La 1. “Españoles por el mundo”. Turismo de calceta. Mejor sería un mundo sin españoles, o España sin españoles. Cambio. La 2. Arsuaga dando una master class. Esto sí tiene buena pinta por lo menos. Ahora Steven Pinker perora convencido y mesiánico cual Candide volteriano. Advierto que los intelectuales viven en la pomada mediática como Shakira cimbrea las caderas. Las estrellas del campus no se diferencian de las estrellas del espectáculo o de la telerrealidad. Entretienen con ingenio mediano y masticado a un público con ingenio enano. Los verdaderos sabios no salen en la tele. Évidemment se ocultan. Arsuaga, por cierto, está constantemente en un segundo plano, con intervenciones muy secundarias; la parte del león son los comentarios pueriles de su alumnado (que ciertamente sí “conectan” con la audiencia) Parece una clase magistral –je, je- impartida por esos suaves Bollycaos, tiernos y contundentes, parapetados en su ingenuidad mayúscula, en su abisal Alicia en el país de las maravillas. Los necios cándidos en la mesa de los sabios. Se acabó el programa. Lástima, no estaba mal. Acaso (seguro) protagonizaron el programa los borriquitos en chándal y no los profesores con corbata, pero, en fin, es el signo televisivo (causa formal y eficiente) de los tiempos.   

Pongo la radio. La SER. Fútbol. La fealdad histérica entrando por el oído. Lo basto y sudado y analfabeto, reina grande y gigante como montaña asiática. Cambio el dial. La COPE. Fútbol. Negación de las cantidades espirituales. Patadas al diccionario. Abolladura o hundimiento de las luces. “Jo, puede ser penalti. Delantero por delantero. Enseguida presentamos el Valencia- Atlético. Mata entra con amarilla. ¡Hola Paco González! Las alienaciones confirmadas” Ughs. La mísera muchedumbre huyendo de la colina del gusto. Onda Cero. Fútbol. Todo tiene una naturaleza tan vulgar, que la incomprensión se juzga insana o antinatural, como la astucia artística rigurosa y fulgente del genio. RNE. Un afamado periodista llamado “García” hace honor a los García del mundo. Un ser García. Si fuera un ser Lucrecio o un ser Llorenç Villalonga no conmovería. Pero es un ser García. ¡Viva el alpiste García! El pintor entrevistado, por cierto, parece (apariencias muy confirmadas) especialmente locuaz y lerdo. RNE 3. Peliculitas. Musiquita. La cultura como rancio –cutre- bibelot kitsch. La cultura Reader´s Digest (rock enfático y fotogramas convencionales) entronizada como emblema de la cultura. Cambio el dial. Radio Clásica. Aquí me quedo al fin. Como en mí es hábito.

Estúdiese si existe una conspiración radio-televisiva para abobarnos e idiotizarnos del todo.

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