Diario de un esquizofrénico IX

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Hace tiempo, pensando en por dónde va España, me han venido a la cabeza aquellas palabras de la Duquesa de York : Accursèd and unquiet wrangling days. Y recordad como termina Ricardo III.

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Les recuerdo a Platón “Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos.”

Y sobre la turbamulta acémila y cerril, anegada en su propia carencia abrumadora de talento, recuerdo a Jünger «Cuando no compartimos un error generalizado, se nos considera un estorbo».

El género de la invectiva contra la necedad popular y el no poder asimismo soportarla tiene una larga historia. El vulgo espeso y municipal jamás resplandece con luz propia. «Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia», decía Cicerón. No hay dentro de este vasto cuerpo popular suficiente luz nativa con que puedan discernir lo verdadero de lo falso.

También Feijoo: «Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación».

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Y no olviden a Huizinga, que escribió -profético y lúcido- en 1943: «entre las principales amenazas a la Cultura se encuentran la debilitación general del juicio, la disminución del sentido crítico, la negación del ideal del conocimiento y la decadencia de las normas morales”. Sumemos: «Bêtise humaine. «Humaine» est de trop : il n’y a que les hommes qui soient bêtes» Jules Renard.

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Vivimos tiempos abismáticos de ignorancia, sumisión a poderes viles, y vulgaridad sideral. No negaré el mérito que tiene el que la Civilización lograse alcanzar semejante excedente de estupidez. El mayor error que puede cometer un ser humano es apuntar bajo y tener éxito. Como en este Tiempo hosco, agraz, bobo, tenebroso, fútil y espantoso. Ut sementem feceris, ita metes, «Así como siembras, así cosecharás». Las chucherías que vomitan la cultura (cultura que no es cultura) indican desorganización de la vida intelectual. Parecen ideas de casa estilo ranch o máximas de Martin Tupper («No te cases sin medios, porque de tal forma desafiarías a la Providencia») El mecanismo aceitado y pompier de los best-sellers y peliculitas de super-héroes repiten un tiernísimo «tremoli» y «glissando» de cancioncilla sentimental oriental, es decir, grandes redundancias a la mediocridad. Usurpamos a la retórica sus peores tropos y a partir de ahí edificamos nuestra mente y nuestra sociedad. La amigable locuacidad de la mesita del té se sustituye por el griterío y la nada elevada a espectáculo.

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Un bar con olor a refrito y pringoso, donde se reúnen ex legionarios, curas pederastas, y una charanga y esperpento de viejos ociosos jugando a las tragaperras. A veces pienso que eso es España. Y deseo exiliarme e ir al Sur, con un sombrero panamá y traje de rayadillo. En mi gabinete cuadros de Alma Tadema y Scott Tuke, hexámetros y nobles sentimientos. Y en la mente la cita de Chesterton que procede como sigue :»Todo el mundo moderno se divide en progresistas y conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean corregidos».

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Esa atmósfera, ay…como estar en un barucho caluroso y rancio de pueblo de postguerra, con morcillas y chorizos grasientos colgados del techo, y una de esas tiras adhesivas atrapamoscas pendiendo encima, mientras temes que una de ellas te caiga al plato. Siento así el cochambroso presente.

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Ante la atmósfera emponzoñada de la televisión o las redes, recordemos a Arnold Becker, vicepresidente de la CBS:

«No me interesa la cultura. Solo me interesa una cosa: si el público ve el programa. Ésa es mi definición de lo que es bueno, y, también, de lo que es malo»

Retener el máximo de tiempo la atención o la audiencia, aunque emitamos entrevistas a un chimpancé que come plátanos, o demos voz a una legión abrumadora de idiotas.

Vázquez Montalbán definió vivir bajo el franquismo como «vivir como con los calcetines sucios siempre puestos». Esta Era Medieval Tecnológica es como vivir con los suspensorios blancos con huellas de heces sin posibilidad de cambiarlos. Políticos o directivos de televisión solo pretenden estupidizarnos.

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Todavía se oye en calles y plazas:

«España vaya nación,

vaya pendón de verbena,

que muera la Ilustración

y que vivan las cadenas».

Seguro que habrá en un futuro un tiempo mejor. El historiar hablaría de lo nuestro como de una época bárbara. La grisalla es atroz. La gente feliz en su adocenamiento. Yo solo vivo aislado y entre mis quimeras. La Realidad -obscena, hiriente, vírica- me da sarpullidos.

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