Variaciones a un poema de Miguel D´Ors

Ellos que tienen una vida cinco estrellas,

paraguas de seda y sexo a gogó,

turquesas piscinas californianas, acuarios con peces amarillos,

editio princeps de las pieles más jóvenes,

que van a Samarcanda en Rolls-Royce,

y les hablan solo las hadas y hechiceras

de los barrocos más lujosos y últimos del mundo,

y su vida son focos y pasarelas internacionales,

viajes en first-class y baúles con flejes dorados

y no son felices,

y yo que tengo una pequeña aldea gallega,

una techumbre de estrellas lívidas,

una lluvia y pocas y humildes palabras verdaderas,

una ociosidad vagabunda,

un cementerio y, cerca, tres castaños,

el sueño tranquilo, perros y gatos silvestres,

yo que tengo una soledad unánime

como el puro caer de la nieve,

y el murmurar para mí de nubes y vientos,

la belleza suavísima de la niebla,

que sueño un largo camino con la mente,

yo que saboreo una luz que sabe a monte

y tampoco soy feliz.

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