
Permítanme hacer un elogio o panegírico de la historia por parte de un mero diletante.
Gusta la historia, padre y madre del hombre, porque es una mina de problemas filosóficos; así podríamos preguntarnos ¿es la historia, la colección de eventos en el tiempo, un sistema no lineal?
Matemáticamente un sistema no lineal es aquel muy sensible a pequeñas variaciones en las condiciones iniciales, variaciones que afectan de modo y manera no determinista el resultado final del sistema.
Yo creo que la historia no es modelable en un sistema lineal por lo que las líneas de fuerza histórica, las propensiones o tendencias históricas, creo pertenecen más a las quimeras y la literatura fantástica que a lo real. Pues no creo en la existencia de una ley histórica con características afines a una ley natural. La ley de la gravedad o la del volumen de los gases respecto a su presión, tienen una clara y precisa inteligibilidad, objetiva y necesaria, la ley de la lucha de clases o de los regímenes feudales, por decir algo, pecan, a mi ver, de miopía y grosera simplificación, de arbitrariedad y limitación, como el imposible de meter el mar en un hoyo.
Otro interesante problema es saber si existen lo que yo llamaría PARADIGMAS CIVILIZATORIOS, explicables como n-tuplas con n-condiciones.
Por ejemplo una tupla pudiese ser A=<f, m,e,o> donde f equivale a creencias filosóficas, m a creencias morales, e creencias estéticas, y o a organización social. Otra tupla podría ser B=<t, e, h> donde t son ideas teológicas, e sistema económico, y h grandes hombres históricos.
Sí creo en la organización histórica en “paradigmas civilizatorios” y cómo cambian o mutan por cambios tecnológicos, sistema de valores morales-filosóficos, relaciones de propiedad o por el corpus de conocimiento científico disponible hasta el momento (seguramente existirán otros agentes que, insensiblemente, van modificando la historia)
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¿Qué dicen los grandes historiadores sobre la esencia de la historia, sobre la filosofía de la historia?
Maquiavelo: “No se me oculta que muchos creyeron y creen que la fortuna, es decir, Dios, gobierna de tal modo las cosas de este mundo que los hombres con su prudencia no pueden corregir lo que ellas tienen de adverso, y aún que no hay remedio alguno que oponerles. Con arreglo a esto podrían juzgar que es en balde fatigarse mucho en semejantes ocasiones, y que conviene entonces dejarse gobernar por la suerte. Esta opinión no está acreditada en nuestro tiempo, a causa de las grandes mudanzas que, fuera de toda conjetura humana, se vieron y se ven cada día. Reflexionándolo yo mismo, de cuando en cuando me incliné en cierto modo hacia esta opinión; sin embargo, no estando anonadado nuestro libre albedrío, juzgo que puede ser verdad que la fortuna sea el árbitro de la mitad de nuestras acciones; pero también es cierto que ellas nos dejan gobernar la otra, o a lo menos siempre algunas partes”, El Príncipe, Madrid, Espasa-Calpe, 1964, pág. 121.
Vico: “que el mundo de las naciones gentiles fue ciertamente hecho por los hombres, por lo cual ante tal inmenso océano de dudas aparecía solo esta tierra pequeñita, en que se puede detener el pie; que sus principios deberán ser hallados en la naturaleza de nuestra mente humana y en la fuerza de nuestro entender”, Principios de una Ciencia Nueva en torno a la naturaleza común de las naciones, México, F.C.E., 1978, pág. 36. Y en la página 95 deja claro que la naturaleza humana constituye la materia central del análisis histórico, en la medida que la historia pretende “demostrar rigurosamente cómo con el mayor descogimiento de las ideas humanas, los derechos y razones fueron devastándose, en primer lugar, de la escrupulosidad de las supersticiones, después de la solemnidad de los actos legítimos y de la angostura de las palabras, y finalmente de toda corporeidad”.
Y curioso el caso del poco conocido Augustin Thierry, que en “Recueil des Monuments inédits de l´histoire du Tiers État” dice (y traduzco): “La historia de Francia, tal como la han hecho los escritores modernos, no es la verdadera historia del país, la historia nacional, la historia popular: esta historia yace todavía sepultada bajo el polvo de las crónicas, de donde nuestros elegantes académicos no han cuidado de sacarla. La mejor parte de nuestros anales, la más seria e instructiva, está por escribir; nos falta la historia de los ciudadanos, de los súbditos, la historia del pueblo. En vano se busca la serie de pequeños personajes que ocupan la escena histórica. El progreso de las masas populares es más embriagador que la retahíla de reyes destronados”. Thierry coloca al pueblo en el primer plano de la historia.
Y termino con Jules Michelet, precedente más cercano de la concepción de la “historia total”:
“Creo haber encontrado, por concentración y reverberación, una llama lo suficientemente intensa como para fundir todas las diferencias aparentes y devolverles en la historia la unidad que tuvieron en vida…Para interpretar el más insignificante hecho social me ha resultado imprescindible la ayuda de todo el conjunto…Nunca hasta ahora al escribir sobre el Renacimiento había movido una masa tan grande, combinado en una unidad viva tantos elementos aparentemente discordantes…Estoy tratando de entrelazar aquellos hilos que nunca habían sido entretejidos en la ciencia: el derecho, el arte, la industria, la religión, la ciencia, la corte, etc… Fundar científicamente una tarea tan nueva no es esfuerzo pequeño”.
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MARCO TULIO CICERÓN PRESIENTE SU MUERTE
Estas horas sobran a mi historia.
Os he retratado y me he conocido.
El Cielo y el Infierno, allí, donde habitarán
el Padre y la Madre del Hombre.
En la ciega voluptuosidad de vuestra
ignominia no se encuentra la luz de
mi antorcha. Conque adiós.
Que los Dioses esparzan espumarajos
de sangre sobre vuestras túnicas.
Leal y obediente, criado y vasallo,
pero solo de la Filosofía. Conque adiós.
