Libro dos desabafos 64

«Sin cultura, corremos el peligro de tomarnos a la gente cultivada en serio«, Chesterton.

«Ser estúpido es creer que se puede fotografiar el sitio que cantó un poeta«, N. Gómez Dávila.

«Life is no brief candle to me, it is a sort of splendid torch which I’ve got hold of for the moment and I want to make it burn as brightly as possible before handing it on to future generations«, George Bernard Shaw.

«Para ese famoso psicólogo y pedagogo «la empresa ha descubierto que invertir en mejorar nuestra vida socioafectiva es rentable» Yo no sé si se refería a la empresa como Ser Supremo o a una empresa en concreto que olvidó citar, pero encuentro muy penoso hablar de rentabilidad en relación con la vida socioafectiva. Semejante sometimiento a la rentabilidad resulta ya no incómodo, sino directamente opresivo. Hablaba también el autor de «la necesidad de ser feliz para trabajar con eficacia«

«Esto es una invasión en toda regla y no se sabe cuánto tiempo resistiremos antes de ser estupidizados definitivamente. Ya sabemos que la Ilustración pasó de puntillas en nuestro país, pero lo que está ocurriendo en los últimos tiempos tiene visos de catástrofe. Involucionamos de manera imparable. Nos dirigimos de forma desbocada hacia tiempos oscuros, medievales, en los que la superchería campará, si no campa ya, a sus anchas, amenazando con eliminar cualquier atisbo de sensatez o racionalidad«

Citas ambas de Alberto Royo, músico, pensador y profesor. En la Resistencia siempre le espero, compañero.

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«…es difícil imaginar que pueda marchitarse sin más un negocio con una premisa tan maravillosamente simple: captar la atención de la gente a cambio de un poco de diversión y luego revenderla a las empresas que patrocinan el entretenimiento«

«…pero en una época en la que ya no existe esa clase de limitaciones formulemos algunas preguntas fundamentales: ¿trazamos alguna línea entre lo privado y lo comercial? En caso afirmativo, ¿qué momentos y qué espacios consideramos lo suficientemente valiosos, personales o sacrosantos como para salvaguardarlos del violento ataque habitual?»

«Hasta en la sala del dentista tenemos el mundo al alcance de los dedos; podemos echar un vistazo al correo electrónico, navegar por nuestras páginas favoritas, jugar a algún juego y ver películas, cuando antes teníamos que contertarnos con un montón de revistas viejos. Sin embargo, este nuevo abanico de posibilidades también ha provocado que se eriosone el perímetro de la vida privada. Terminamos siendo menos nosotros mismos y más esclavos de nuestras redes y dispositivos«, Tim Wu.

«En tres cosas se revela un hombre: en su copa de vino, en su bolsa y en su cólera«, Talmud babilónico.

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CERO MÁS CERO

Por el sumidero,
por el desaguadero,
la sonrisa
pazguata
del tuitero.

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Si escribe de faunos, se convierten en cirujanos ortopédicos, si cita a Leibniz, suena a coscorrón estridente, si emociona, es con cursi movimiento de pompones.

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Los médicos le decían al viejísimo (y enfermo) cardenal Richelieu -el mayor estadista de su época; ojalá lo hubiéramos tenido nosotros en lugar de Olivares- que su vida interesaba sobremanera al cielo y que el Altísimo obraría un milagro para curarle. Richelieu llamó a Chicot, médico del rey.

-¿Viviré o espero y me preparo para la muerte? Deseo una respuesta de amigo.

-Dentro de veinticuatro horas Vuestra Eminencia estará muerto o curado.

El cardenal sonrió satisfecho (había entendido inmediatamente), pero poco emocionado.

Murió a las veinticuatro horas.

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«Trabó amistad con los conejos, los erizos, los ratones de campo y los pececillos del mismo modo que un recluso solitario la habría trabado con un ratón«

Margaret Lane sobre Beatrix Potter, escritora inglesa clásica de literatura infantil que pasó la mayor parte de su adolescencia sin compañía humana, pero que se las arregló para tener multitud de mascotas: un conejo, un par de ratones, algunos murciélagos y una familia de caracoles.

Nunca fue a la escuela (la educaron institutrices), no compartió la vida de sus padres de modo íntimo u ordinario, no tuvo oportunidad de mezclarse con otros niños, sus padres no recibían visitas en casa, el ambiente era sofocante y serio, y no se hizo nunca ningún esfuerzo en ese gélido hogar por satisfacer sus necesidades infantiles.

Lean «El cuento de la ardilla Nogalina«, o «El cuento de la oca Carlota«, libros mágicos (mis favoritos), y, si puede ser, ilustrados por la misma escritora, excepcionalmente dotada para el dibujo.

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¡OH, ES JAMES!

Por desgracia o fortuna,
Rhodes besó a España;
el piano delinea bella voz
y tu oído tremenda coz.
¿Un máquina, un grillo?
¿Un fiera? ¿otro canutillo?
Joderos con mi organillo.

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Cuando Marco Polo en el siglo XIII llegó, tras atravesar el desierto, a Kanbalu -la actual Beijing- quedó fascinado; escribió: «es más grande de lo que la mente puede imaginar, no menos de dos mil carruajes y caballos de carga entran en ella diariamente cargados con seda cruda; brocados y sedas de distintos tipos se fabrican aquí en enormes cantidades«.

España, negado e imposible país de la seda.

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