El gusto por la soledad es, en el fondo, una forma de orgullo: la negativa a rebajarse. El hombre verdaderamente libre es aquel que puede prescindir de los otros sin resentimiento. La cultura —cuando lo es— actúa como una defensa: una muralla levantada contra la vulgaridad del mundo.
Nada es más peligroso que una sociedad satisfecha de su mediocridad. La vulgaridad no necesita imponerse: le basta con no ser discutida para convertirse en norma. Entonces, todo lo excelente empieza a parecer excesivo.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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