Tentativas 118

El gusto por la soledad es, en el fondo, una forma de orgullo: la negativa a rebajarse. El hombre verdaderamente libre es aquel que puede prescindir de los otros sin resentimiento. La cultura —cuando lo es— actúa como una defensa: una muralla levantada contra la vulgaridad del mundo.

Nada es más peligroso que una sociedad satisfecha de su mediocridad. La vulgaridad no necesita imponerse: le basta con no ser discutida para convertirse en norma. Entonces, todo lo excelente empieza a parecer excesivo.

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