Tentativas 119

“Quien vive entre hombres debe aprender a soportarlos: pero el que no necesita de ellos, ese es ya superior. La soledad no es una elección del débil, sino el destino del fuerte. Allí donde la multitud se siente en casa, el espíritu elevado se siente extranjero. El refinamiento del gusto separa más que cualquier doctrina: porque el gusto es instinto de jerarquía. Y allí donde hay jerarquía, hay distancia. Y donde hay distancia, hay incomprensión”, Nietzsche.

“Cuanto más sobresale un hombre por su inteligencia, tanto menos encuentra en los demás lo que le satisfaga. La vulgaridad del mundo le resulta insoportable, no por orgullo, sino por necesidad de respiración. Así, el hombre superior se ve forzado a la soledad, como el águila a las alturas: no porque desprecie la llanura, sino porque en ella no puede vivir”, Schopenhauer.

“Las personas verdaderamente refinadas no encuentran fácilmente su lugar en la sociedad, porque su sensibilidad les revela matices que los demás ignoran. Allí donde otros ven relaciones simples, ellos perciben tensiones, equívocos, falsedades delicadas. Esa lucidez los aparta, no por voluntad de singularidad, sino por incapacidad de aceptar lo que se presenta como natural y no lo es”, Proust.

“No es que uno quiera apartarse, es que la conversación común se vuelve imposible. Cuando el lenguaje se empobrece, cuando todo se simplifica hasta la caricatura, quien intenta mantener cierta precisión queda como un extravagante. Y entonces uno calla. No por prudencia, sino por hastío. Y ese silencio —que es una forma de dignidad— acaba siendo interpretado como desdén”, Javier Marías.

“Uno no se aparta del mundo: es el mundo el que se vuelve insoportable hasta el punto de expulsarlo a uno de sí mismo. Todo lo que se dice en sociedad es una deformación grosera de lo que podría decirse; todo pensamiento, reducido a consigna; toda conversación, una pantomima. El hombre que exige precisión, que no tolera la mentira cotidiana, acaba siendo considerado un enemigo público. Y entonces aprende que la soledad no es un retiro, sino la única forma de higiene”, Thomas Bernhard.

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“La inteligencia —cuando no se somete— es siempre sospechosa. No tanto por lo que dice, sino por la forma en que lo dice: por ese rodeo, por esa lentitud, por ese rechazo a la evidencia inmediata que tanto tranquiliza a los demás. El lector refinado vive en una perpetua minoría, incluso dentro de sí mismo, y esa minoría es su única patria”, Juan Benet.

“El hombre dotado de sentido para las posibilidades no se adapta fácilmente a la realidad existente, porque la percibe como una entre muchas. Esta multiplicidad interior lo separa de quienes necesitan certezas. Y así, lo que en él es riqueza aparece ante los otros como indecisión o rareza, cuando no como una forma de inutilidad social”, Robert Musil.

“La cultura no es un ornamento, sino una forma de vida que exige disciplina y continuidad. En una época que no cree en la tradición, el hombre cultivado se convierte inevitablemente en una figura marginal: no por elección estética, sino porque su misma forma de atención resulta incomprensible para los demás”, Eliot.

“Ser fino es, en el fondo, no encajar. El hombre verdaderamente delicado no puede aceptar la grosería como norma, ni la banalidad como destino. Pero esa negativa —que es una forma de dignidad— lo condena a una especie de exilio interior: vive entre los otros, pero no con ellos”, José Bergamín.

“La cultura exige lentitud, silencio, repetición: tres virtudes que la sociedad contemporánea no solo desprecia, sino que combate activamente. Quien persevera en ellas acaba siendo visto como un anacronismo viviente, una figura excéntrica que, sin embargo, guarda —sin saberlo— la última forma de resistencia”, Jordi Llovet.

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