Cornaro 24

El «Filobiblión» de Bury ha tenido relativamente pocas traducciones contemporáneas al español. La de José María de Cossío en Ediciones Ibéricas circuló sobre todo en ambientes bibliófilos.

La edición de Olañeta es una preciosidad. El volumen suele presentarse en formato manejable, pero digno, lejos tanto del libro de bolsillo efímero como del «coffee table book». La encuadernación —normalmente rústica con solapas en las tiradas corrientes de Olañeta— posee esa flexibilidad agradable del libro pensado para ser realmente leído y anotado. El papel, de tono ahuesado o marfileño suave, evita deliberadamente el blanco agresivo y clínico de la edición industrial moderna; absorbe la luz con discreción y favorece una lectura reposada, casi conventual. Hay en ello algo profundamente filológico: la conciencia de que el ojo lector necesita penumbra tipográfica y no estridencia óptica.

La tipografía responde igualmente a la vieja escuela humanística de Olañeta. Se advierte una preferencia por caracteres clásicos, sobrios, de buena respiración interlineal y márgenes razonablemente generosos. No hay aquí obsesión experimental ni diseño invasivo: el texto conserva prioridad absoluta. El lector tiene la impresión —cada vez más rara— de hallarse ante un libro compuesto para durar intelectualmente y no sólo comercialmente.

Especialmente agradable resulta la relación entre caja tipográfica y margen. La página “respira”. Esa respiración material es fundamental en libros de meditación y excerpta como el Philobiblon: el margen invita casi espontáneamente a la glosa, al lápiz, al subrayado tenue, a la conversación silenciosa con el texto. Un ejemplar muy leído termina adquiriendo la dignidad de los antiguos volúmenes personales humanistas.

Pero yo recomiendo la traducción Federico Carlos Sainz de Robles (hijo) Federico Carlos Sainz de Robles (trad.) Filobiblión. Madrid: Espasa-Calpe, Colección Austral, varias ediciones desde mediados del siglo XX. Elegante y muy legible. Una gozada.

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