
Entro en mi gabinete y tomo entre mis manos el «Steganographia» de Johannes Trithemius. Erudición monástica, ocultismo renacentista y proto-criptografía: un libro de una fascinación legendaria. La luz, guijarros de zafiro, se mueve al desgaire. Volumen estampado en oro apagado sobre cuero fatigado, produce esa impresión tan querida por el verdadero bibliófilo: la de un libro que parece guardar todavía un secreto. Rareza, rareza: el filólogo, el monje, el matemático y el nigromante todavía no se han separado del todo.
Las nubes propalan su perfidia soporosa. Cautivo de mi soledad crepitante veo brillar las hojas del jardín. Champán y violetas.
Mi vida es extravagante.
