
«La dialéctica de la otredad no es sino una deconstrucción fenomenológica de la praxis hiperespacial, donde el sujeto se disuelve en una amalgama de significantes vacíos que desafían la hegemonía del logos cartesiano en una danza de inmanencia pura», es decir, y traduciendo esta farfolla de nada adornada y sibilante y reptante como babosa, «»No estoy diciendo nada, pero suena a que leí mucho a Foucault (o al menos sus resúmenes)».
«Al sintonizar tu frecuencia vibratoria con la matriz energética del multiverso, colapsas la función de onda de la carencia, permitiendo que la entrelazación cuántica de tus pensamientos manifieste una realidad holística donde el observador y lo observado son una singularidad de abundancia», es decir, «Si piensas positivo, te irán bien las cosas, pero quiero que pienses que entiendo la física de partículas».
Yo, cuando escribo, no uso una jerga de chiflados bellacos, aclaro y aclaro para que ustedes perciban, como ánfora iluminada por un foco de luz, el imperativo recalibrado de los paradigmas socio-cognitivos mediante una reevaluación ontológica de las estructuras lingüísticas subyacentes.
El estilo académico no es solo una cuestión de mal gusto; es una forma de ocultar el hecho de que no se tiene nada que decir. Cuando el autor no tiene nada claro en la mente, utiliza un lenguaje pomposo, hermético y embarullado para crear una ilusión de profundidad, como una nube de tinta que lanza un calamar para evitar ser capturado.
Se cree que si un hombre es fácil de entender, es porque es superficial; y que si es difícil de entender, es porque es profundo. La verdad es casi siempre lo contrario. Los hombres que escriben de manera oscura lo hacen porque no son lo suficientemente inteligentes como para hacerse entender. La oscuridad no solo es penosa, sino que es la fuente principal de la incertidumbre y el error que han infectado a la metafísica durante siglos.
No todo lenguaje complejo, empero, es una «estafa». Existe una diferencia fundamental entre la oscuridad gratuita (usada para inflar el ego) y la dificultad estética (usada para expandir los límites del pensamiento o del arte) En Lezama Lima o en el «Ulises», entre muchos otros, encontramos un «trobar clus» plenamente justificado. A veces la investigación estética debe transgredir la planicie lógica y adentrarse en selvas oscuras.
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Marqués de Santillana:
Si mi baxo estilo aún non es tan plano
bien commo querrían los que non leyeron,
culpen sus ingenios que jamás se dieron
a ver las ystorias que non les explano.
«Demás que honra me ha causado hacerme escuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos, hablar de manera que a ellos les parezca griego; pues no se han de dar las piedras preciosas a animales de cerda», Góngora.
«… en su mayor parte los escritos de los teólogos escolásticos no son más que sartas de extrañas palabras y barbarismos sin significado, o palabras que se usan de un modo diferente del que tienen en el uso común de la lengua latina, y que confundirían a Cicerón, a Varrón y a todos los gramáticos de la antigua Roma. Si alguno quisiera tener la prueba de esto, dejadle (como ya dije una vez anterior-mente) que intente traducir a algún teólogo escolástico a algunas de las lenguas modernas, como el francés, el inglés o cualquier otro idioma abundante de recursos; pues lo que no pueda hacerse inteligible en la mayoría de estas lenguas, es que no será tampoco inteligible en latín. Este lenguaje sin significado, aunque no puedo clasificarlo como falsa filosofía tiene, sin embargo, la cualidad, no solo de encubrir la verdad, sino también la de hacer que los hombres crean que la poseen, y que desistan de seguir buscándola», Hobbes.
«Hace poco tuve una experiencia extraña sobre la que quisiera decir unas palabras. Un inspector de policía vino a visitarme para hablar de un proyecto. Durante nuestra conversación le di algo que yo había escrito. Le echó un vistazo y me dijo: “Pero esto es fácil: puedo entenderlo. ¡Supongo que cuando habla usted con sus estudiantes dice cosas mucho más profundas!”. Muy a menudo se imagina —y quizá algunos de ustedes compartan también ese sentimiento— que una aproximación científica a los problemas de la psicología debe ser oscura y bastante complicada. Pero no es así, ¿ven ustedes? En realidad nos enfrentamos a algo muy simple en sí mismo», Norbert Elias (Le Monde, 23 de septiembre de 2010, p. 6)
«Ya sé que «pregressa sussistenza» es una expresión horrible. Muchas de las que usamos los abogados lo son. Yo intento limitarme, pero a menudo es inevitable. Hay jueces —o colegas— con los que no puedes evitar hablar de un modo horrible. Si en un alegato o en un escrito de acusación hablas un italiano correcto, no te reconocen como alguien del oficio. Eres alguien al que no hay que conceder crédito. La jerga de los juristas es la lengua extranjera que aprenden —que aprendemos— desde la universidad para ser admitidos en la corporación. Una lengua tanto más apreciada cuanto más capaz es de excluir a los no iniciados de la comprensión de lo que sucede en las salas de justicia y de lo que se escribe en los documentos judiciales. Una lengua sacerdotal y harapienta al mismo tiempo, en la que fórmulas misteriosas y ridículas se acompañan de violaciones sistemáticas de la gramática y de la sintaxis», Gianrico Carofiglio.
