
No tengo talento para la escritura. Es una fatiga mental… Siento que lo que escribo es ilegible, plúmbeo, deslavazado, numeroso, sin valor. Me pregunto por qué sigo torturándome con este deseo de expresar algo que, claramente -sin asomo de duda- no sé cómo decir. Paso de la euforia al vacío más absoluto, convencido de que soy un fracaso o fraude o impostor total como artista.
Algunos de ustedes me halagan dada su generosidad, pero yo no soy un escritor. Me he estado engañando a mí mismo y a ustedes. Ojalá fuera bueno; no, no lo soy, estoy a años de luz de ser siquiera la sombra de la sombra de uno bueno. A veces, debido a esas fugas irreales de la mente y a la propia dramaturgia de la creación en crudo, creo que tengo un poquito de talento, pero luego, más reposado, apaciguado y enfriado el juicio, leo lo escrito y me doy cuenta de que es mediocre (soy una pulga en la espalda de los gigantes) Pero no sé callar, aunque el resultado, como es obvio, nunca está a la altura de lo que soñé.
Un escritor es alguien que tiene que ser muchas personas, lo que equivale a decir que no es nadie. Existe ese vacío en el centro, esa sensación de que uno es un impostor que simplemente ha aprendido a imitar las voces de los demás (o de los demás escritores) que el mundo ha terminado por creer que tiene una voz propia. A veces me siento frente al ordenador y siento que no tengo nada que decir, que todo lo anterior fue un truco de magia que ya no sé cómo hacer.
