Así me siento ( y lo padezco hace como un año y pico): «He perdido mis alegrías y abandonado toda costumbre de ejercicio; y, en verdad, me pesa tanto el ánimo que esta hermosa estructura, la tierra, me parece un promontorio estéril; este dosel magnífico, este techo majestuoso, esta braveza del aire tachonada de fuego de oro… no me parece sino una reunión fétida y pestilente de vapores». De «Hamlet», una de las mejores representaciones del dolor oculto tras la ironía y el aislamiento social.
Mi gran producción literaria esconde un demonio dentro de mí, un demonio todos los días y a todas horas. Incapaz de sentir y desear, mi cuerpo sigue vivo, pero el alma languidece hasta la anulación.
«La melancolía es como un laberinto en el que el viajero se pierde irremediablemente (…) Sus síntomas son tan numerosos que apenas pueden enumerarse, tomando la forma de miedos vanos, pasiones inexplicables, dolores físicos errantes y una tristeza que no conoce causa». Burton.
«Hoy en día la depresión enmascarada se viste de traje. Nos levantamos, rendimos en el trabajo, asistimos a reuniones sociales y sonreímos en las fotos. El dolor no se manifiesta con lágrimas, sino con un cansancio crónico, insomnio, contracturas y una sensación constante de vacío que intentamos llenar con actividad frenética. La máscara es nuestra coraza para no defraudar a los demás, pero el precio es la desconexión total con uno mismo», usuaria anónima en un blog de salud mental.
Atrapado en un edificio en llamas. El horror no es que te vayas a quemar, sino que te ves obligado a saltar. Algunos de ustedes me comprenderán.
No tengo ganas de ir mañana a Cataluña a pasar unos días con mi hermana y mi sobrina. Mi patria es el suplicio y una inexplicable infelicidad. Un peso secreto me inclina hacia abajo. «La noia è in qualche modo il più sublime dei sentimenti umani. […] Il non poter essere soddisfatto da alcuna cosa terrena, […] pare a me il maggior segno di grandezza e nobiltà, che si veggia nella natura umana», Giacomo Leopardi, Zibaldone di pensieri, pensamiento LXVIII (escrito hacia 1820-1821). Edición recomendada: Zibaldone, a cura di Giuseppe Pacella, Garzanti, Milano, 1991. La traducción sería: «El tedio es, en cierto modo, el más sublime de los sentimientos humanos. […] El no poder ser satisfecho por ninguna cosa terrenal […] me parece el mayor signo de grandeza y nobleza que puede verse en la naturaleza humana». No sé.
La tristeza es una condena convincente.
