La gente más peligrosa no suele ser la que odia abiertamente, sino la que sonríe mientras calcula, la que contamina con la maledicencia, la que destruye la dignidad ajena, la que humilla al menos capaz y sin posibilidad de defenderse. Gentuza que siente la necesidad irresistible de rebajar, ridiculizar o contaminar la belleza, cuya única actividad consiste en fiscalizar las vidas ajenas para descubrir en ellas algún defecto que las tranquilice respecto de sí mismas.
Gentuza abyecta y deplorable. Resentidos incapaces de crear nada. Toleran el talento mientras permanezca oculto; cuando se manifiesta, organizan inmediatamente su hostilidad. Existen individuos cuya principal ocupación consiste en comentar las vidas de los demás. No desean ser felices, sino constatar que los demás son menos felices que ellos.
La maledicencia es la forma de conversación favorita de quienes no tienen nada interesante que decir. J.J.V. es un completo hideputa.
