Cornaro 96

La actualidad se ha convertido en la más perfecta tiranía. Cada afán, cada bagatela, exige su cuota de atención, sus voceados escándalos, sus titulares llamativos, sus opiniones tan urgentes como imprescindibles. El resultado es una humanidad informada hasta la extenuación, pero incapaz de comprender nada. Se sabe todo lo que ha ocurrido esta mañana y se ignora casi todo lo que ha ocurrido en la historia, desde los griegos a anteayer. La actualidad devora la memoria y anula la inteligencia. Los periódicos, la radio, la televisión y las redes proveen de su caudal infinito de distracción para que no cese el circo de las naderías.

Los periódicos me interesan poco, o, mejor, me interesan con una sensación de culpabilidad. Ahora nunca cuentan nada importante. Registran movimientos superficiales, agitación, reguetón noticioso. Son como el parte meteorológico de una tempestad de porquería permanente. Lo esencial de la condición humana sigue estando en Tucídides, en Shakespeare, en Cervantes, en Aristóteles, en Descartes, en Tácito o en Stendhal. Lo demás son melancólicas variaciones menores. Uno abre el periódico y encuentra una multitud de nombres destinados a desaparecer al instante. Abre a Tácito o Joubert y encuentra los mismos vicios, las mismas ambiciones, las mismas miserias que seguirán existiendo dentro de quinientos años.

Como apuntó Gómez Dávila: «La actualidad es el procedimiento mediante el cual lo insignificante adquiere apariencia de importancia».

Deja un comentario