Samuel Johnson describía su depresión como una «horrible hipocondría» y una «miseria» que paralizaba su mente. Para rehuirla, predicaba la importancia de mantener la mente ocupada para evitar el aislamiento y el desespero:
«Acumuló tal fuerza [su depresión] en mi vigésimo año, como para afligirme de una manera espantosa. Me sentí abrumado por una horrible hipocondría, con irritación perpetua… y con un abatimiento, pesadumbre y desesperación que hacían de la existencia una miseria».
Su principal antídoto era la actividad constante y la socialización. Creía firmemente en la escritura continua y en forzarse a participar activamente en la vida pública y literaria. En su diccionario y ensayos, enfatizó cómo la disciplina, el trabajo arduo y la compañía de otros logran dispersar la niebla de los pensamientos oscuros. Boswell, J. (1791). The Life of Samuel Johnson, LL.D. (Edición de G.B. Hill, 1887, reeditada). Oxford: Clarendon Press. (Sección correspondiente al año 1729 / Aetatis 20)
Leopardi:
«He llegado a perder todo sentimiento… Y lo que es peor, he perdido la esperanza. Ya no me atrevo a esperar nada… Este estado es mil veces más doloroso que las lágrimas, el dolor, la desesperación»
«He pasado años tan llenos de amargura que parece imposible que cosas peores me sucedan; sin embargo, no me desesperaré incluso si mis sufrimientos aumentan… He nacido para la resistencia.»
«A todo esto se añade la obstinada, negra y bárbara melancolía que me devora y me destruye, que se nutre del estudio y, sin embargo, aumenta cuando lo abandono. Mi mala salud me hace infeliz, porque no soy un filósofo que desprecie la vida… Otra cosa que me hace infeliz es el pensamiento», Leopardi, G. (1898). Zibaldone di pensieri (Edición crítica de F. Flora, 1947). Milán: Arnoldo Mondadori Editore.
Darwin:»Pero me siento muy mal hoy, y muy estúpido, y odio a todos y a todo. Uno vive sólo para cometer errores», Carta a Charles Lyell, 1861.
Van Gogh: «Querido hermano, como siento la necesidad de hablar con franqueza, no puedo ocultarte que estoy embargado por un sentimiento de gran ansiedad, depresión… y si no puedo encontrar consuelo, será demasiado abrumador», Carta a Theo, 1883.
«Ningún hombre puede hacer otra cosa que lo que le dicta su instinto más íntimo, su más íntimo anhelo. Pero ¡qué camino tan largo, qué confuso y lleno de errores es el que va desde la ignorancia y el sufrimiento de esa oscura aspiración hasta el reconocimiento de la propia voluntad! […] Y la verdadera desdicha del hombre estriba cabalmente en el terror ante sí mismo, en el camino que conduce a su propia interioridad», Hesse, H. (1919). Demian (trad. J. J. Solar). Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial.
