Cornaro 121

(La casita de Bad Bunny)

De Platón a los decadentistas del siglo XIX, la historia de la estética demuestra que el arte nunca ha tenido como fin reflejar al pulcro ser espeso y municipal, sino atrapar el relámpago dionisíaco del deseo y la desmesura de la carne. El culamen o posaderas o asentaderas melómanos de unas muchachas sigue siendo el único dios. Cuando Peter Paul Rubens pintaba, la delicadeza mística pasaba a un segundo plano. La obra cumbre de Gian Lorenzo Bernini en la capilla Cornaro esencialmente es carnal. Y Tiziano y la Venus de Urbino. O las nalgas rosadas entre cojines de seda y pastoras idealizadas que jamás pisaron un barrizal de Boucher. Jamás perdamos el placer de rodearnos de criaturas hermosas.

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(Política. Café, copa y puro)

(i) En la retórica de Podemos, la mentira o el «engaño estratégico» no se perciben como un déficit democrático, sino como una astucia legítima contra una «derecha golpista» o un «régimen corrupto». Nihil novum sub sole. Mutatis mutandis, y soy consciente que no se puede quebrar la visión mesiánica de un zurdo, se proyecta la idea de que los demás son tramposos para justificar la trampa propia. Viejo, viejo. Al final a quien engañó es a sus votantes, como el relato goebbelsiano que transmuta el engaño en «hazaña de resistencia». Ese genio maligno cojo fue un inteligentísimo tipejo.

Podemos perfeccionó el «principio del enemigo único» (otra de las aportaciones del don juán de Renania) desde su nacimiento; recordemos la machacona repetición de conceptos bulldozer como «la casta», «la trama» o, más recientemente, «el ‘lawfare’ judicial y mediático». Al igual que hacía el aparato de propaganda nazi, el truquito es dibujar a un enemigo macrocefálico que justifica cualquier maniobra interna de «la banda» en nombre -líbranos Señor de esa troupe- de un bien mayor.

Palabras como «público», «escudo social» o «antifascismo» se rezan como mantras religiosos en los medios (incluida la radio y televisión pública) No importa el contenido real de la gestión, importa la repetición del gesto. Es la victoria de la grasa sobre el filete: el fetiche de la palabra vacía para apelar a la emoción pura. Como en Juego de tronos.

(ii) Nixon creía sinceramente que la supervivencia de su proyecto justificaba saltarse la ley. Nixon, un tipo malvado y mentiroso compulso ¿Es el antepasado directo de Sánchez? Sí, probablemente sí, sin duda. Ah ese cinismo narciso final que afirma que el líder ya no niega la podredumbre, sino que la legitima en nombre de una «causa superior». Si el jefe dice que es por el bien del proyecto, la hueste lo acepta.

En 1977, en una entrevista famosa con David Frost, Nixon pronunció su frase más perturbadora: «Cuando el presidente lo hace, eso significa que no es ilegal». En una reunión privada en el Despacho Oval, le dijo a Henry Kissinger: «Los medios son el enemigo. Los medios son el enemigo. Los medios son el enemigo. ¿Lo tienes claro en la cabeza? Los intelectuales son el enemigo. Los profesores son el enemigo». Fango de Ferraz pisado en Galapagar.

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