Yo, Petrus Sánchez, no escribo solo la historia. La hago. La diseño. La modelo. Yo puedo rehacer el orden natural de los hechos, si así me lo exige la salud de España. El Supremo Dictador no es un hombre. Soy un principio, una idea, el eje sobre el cual gira el destino de este pueblo. Para gobernar un pueblo de ciegos no se necesita luz, sino una mano que nunca tiemble al cortar la mano del que intenta palpar las sombras. Mi mayor victoria no ha sido vencer a mis enemigos, sino extinguirlos, falsificarlos, trocearlos, expulsarlos de la memoria colectiva.
Yo, Sánchez Castejón, miento según mi arbitrio, manipulo a un ganado lelo, convierto este país en un nido de ladrones, de analfabetos y de cobardes. Un hombre de Estado no puede permitirse debilidades físicas ni morales. El día que un subordinado te ve pestañear o nota el olor de tu sudor, ese día dejas de ser un dios para convertirte en una presa. A los hombres no se les domina con discursos de libertad o prosperidad; se les domina conociendo sus vicios, sus deudas y sus ambiciones, participando de las corruptelas, haciéndoles saber que sus haciendas enteras penden de un hilo que yo sostengo con dos dedos. El día que yo falte, este país volverá a ser el muladar de donde lo saqué.
La chusma solo entiende la razón del fútbol y las tabernas. Los soñadores, los estudiantes, los intelectuales… todos sueñan con un país decente porque confunden la libertad con el desorden. Pero aquí, mientras Pedro Sánchez respire, la ley de la felonía se cumplirá a rajatabla. No me conmueven los llantos de los pobres ni las arengas de los poetas. La satrapía tiene un precio, y yo soy el encargado de cobrarla.
La verdad no es lo que ocurrió, sino lo que yo decido que aparezca en el boletín oficial. Si yo digo que la tierra es plana, la corte entera debe modificar la geografía y la ciencia. Qué hostias me importa a mí el juicio de la historia, si la historia la escribo yo a mi antojo y conveniencia, yo que he visto pasar más de diez generaciones de Ábalos, Leires, Koldos y Cerdanes, mientras sigo aquí firme en mi silla de mando oyendo el rumor de la UCO en los corredores del palacio, gobernando este mar de mierda donde nadie se atreve a decirme que el sol no brilla si yo digo que es de noche. Se gobierna como a mí me da la puta gana.
