De Prada asume la vieja falacia de la apologética católica: que el pensamiento moderno, desde Descartes hasta el posmodernismo, es una masa homogénea de subjetivismo demente que odia la realidad. Olvida que la filosofía analítica nació precisamente para dinamitar el idealismo. Filósofos como G.E. Moore y Bertrand Russell demostraron que el mundo físico existe independientemente de la mente que lo piensa. No hace falta ser católico para afirmar que la realidad está ahí fuera; solo hace falta lógica.
Frente a la tiranía de las «narrativas», el primer Wittgenstein y Alfred Tarski blindaron los hechos con la teoría de la verdad como correspondencia. Si una ideología afirma que el lodo es oro, la semántica analítica no la trata como una ‘interpretación respetable’: demuestra de forma directa y MATEMÁTICA que es una proposición falsa. El realismo no es un monopolio de la fe. El acceso a lo real es una propiedad cognitiva que compartimos creyentes y ateos a través de la percepción y la memoria. Vincular la cordura de aceptar los hechos exclusivamente al catolicismo es una burda petición de principio que intenta borrar, de un plumazo, todo el realismo científico.
