Cornaro 168

Defendí durante décadas una especie de platonismo matemático, o sea, la idea de que las verdades matemáticas tienen una existencia objetiva propia, independiente de nosotros y que hay un Libro, en el que Dios conserva las demostraciones perfectas de todos los teoremas. El matemático descubre páginas de ese libro; no las crea. Eso me convirtió en un creyente sui generis. Posteriores reflexiones me inclinaron al formalismo, filosofía que niega que sea necesario admitir una existencia independiente de los objetos matemáticos. Las matemáticas son, ante todo, un sistema de símbolos manipulados según reglas precisas. Como lo expresó Haskell Curry: «La matemática formal es el estudio de sistemas formales.» Hoy entiendo las matemáticas como la manipulación rigurosa de símbolos conforme a reglas sintácticas; los números, conjuntos y demás entidades no necesitan poseer una existencia independiente, sino que funcionan como elementos de un cálculo formal. Así no necesité postular entidades o mentes que habitaran fuera del espacio-tiempo. De un teísmo particular, concluí en un agnosticismo algo tenso.

Mi regiosidad se aviene con un escepticismo empírico y costumbrista. Mi aproximación a ella es fundamentalmente sociológica, cultural y ligada al orden tradicional. Para mí, el catolicismo es el paisaje de mi infancia y la estructura que da sentido a la civilización (minorías intelectuales y artísticas encuentran otras formas de sentido) Desacuerdo literalmente con estas citas de Pla, pero concuerdo con su espíritu:

«El catolicisme és la religió de la meva infantesa, la que m’ha donat la forma de veure el món i de comprendre els homes. No soc un místic, soc un home de la terra, però comprenc que sense la religió el món seria un caos inhabitable», Notes del capvesprol.

«Jo no sé si Déu existeix, però el que és segur és que l’Església Catòlica ha estat l’única institució capaç de posar una mica d’ordre en aquest desgavell que som els humans», El quadern gris.

La religión es la raíz que sostiene la identidad, el consuelo ante la muerte y la estructura que evita el caos moral. No se cuestiona; se hereda y se vive como parte del paisaje vital. La religión es el gran motor de la geografía y de la historia. Es lo que da sentido a los pueblos y los mantiene unidos en el tiempo. Las oraciones de la infancia tienen un eco que resuena durante toda la vida, incluso cuando la razón intenta acallarlas (algo parecido recuerdo que dijo Chateaubriand)

Creo en estas palabras de Borges: «Yo no tengo fe, soy un hombre resignado a la duda y a los caprichos de la memoria. Sin embargo, reconozco que la literatura del mundo sería inexplicablemente pobre sin la teología. Para mí, las discusiones sobre la Santísima Trinidad, los atributos de Dios o la naturaleza de los ángeles no son verdades de fe, sino las piezas de una maravillosa literatura fantástica. Cuando leo los evangelios o las páginas de San Agustín, no busco una guía moral para mi alma, busco la belleza de las metáforas, el orden de los ritos y esa extraña poesía que los hombres inventaron para poblar la noche y el tiempo. Dios es, acaso, la obra de ficción más perfecta y duradera de la humanidad».

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