Cornaro 167

(El discurso de León XIV en el Congreso)

Discurso construido con arquitectura, con dispositio y con voluntad de permanencia. Aprecio ante todo el rasgo muy ciceroniano de la abundancia de periodos largos perfectamente equilibrados, con subordinaciones que conducen al oyente sin violencia. «Vir bonus dicendi peritus», es decir, un hombre bueno que sabe hablar. El castellano empleado es deliberadamente clásico. Erasmo admiraría sobre todo la civilitas: un discurso que intenta persuadir sin humillar. Discurso que recuerda a la polifonía de Giovanni Pierluigi da Palestrina.

Para apuntalar mis observaciones desearía citar al enorme Pinciano: «El decoro no es otra cosa sino una templanza y concierto de las cosas con las personas y las palabras. El hablar bien y con períodos templados ablanda el ánimo del enemigo y convida a la paz; mas el lenguaje que es descompuesto, que carece de orden y va lleno de injurias y descalificaciones, no pertenece a la humana condición, sino al salvajismo de las fieras, que mudas de razón, solo saben herir con el sonido de su voz».

En el habla de los orangutanescos políticos actuales desaparece el decorum y aparece la burda descalificación.

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