El Papa nos incita a evitar palabras hirientes, el juicio inmediato, la murmuración, las calumnias, el odio. Concretamente afirmó en su discurso: «Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz». Inteligentemente pide desmantelar la falacia del Hombre de Paja y el Ad Hominem.
Aunque su discurso es pastoral y espiritual, el trasfondo ético y lógico coincide plenamente con la necesidad de adecentar el lenguaje público.
En su obra clásica «Introducción a la Lógica», Irving Copi analiza cómo el lenguaje emotivo se utiliza deliberadamente para distraer a la mente de la estructura lógica del razonamiento, sustituyendo la evidencia por el sentimiento: «El lenguaje tiene diferentes funciones. Cuando el lenguaje se usa de manera expresiva o emotiva, su propósito es evocar sentimientos, no comunicar información o formular argumentos racionales. El peligro radica en que el lenguaje fuertemente emotivo se introduce con frecuencia en el discurso argumentativo para nublar el juicio crítico».
Las citas o tren de citas que expongo pueden resultar tediosas, pero es un tema capital. La democracia se desnaturaliza por el abuso del argot tabernario. El diálogo en la res publica no es ya un intercambio razonado de ideas, sino cornamentas que embisten hasta herir. Los fanáticos triunfan y el templado es visto como un traidor.
Para Russell, la lógica era un escudo contra el fanatismo y los impulsos destructivos: «El hábito de razonar abstractamente y con pureza lógica es uno de los medios más eficaces para purificar la mente de prejuicios personales y colectivos. La mayoría de los seres humanos son incapaces de mantener una discusión sin que sus pasiones se vean afectadas; confunden la refutación de una idea con un ataque a su persona y la fuerza de su convicción con la fuerza de su evidencia. El pensamiento lógico nos enseña a tratar las proposiciones con una especie de desapego científico, a sopesar los datos sin considerar si la conclusión final nos agradará o nos causará dolor».
Concluyamos con la gran lógica L. Susan Stebbing, que escribió extensamente sobre cómo el público en general es manipulado a través de falacias debido a su falta de rigor lógico: «Pensar de manera efectiva requiere, antes que nada, una mente libre de distorsiones emocionales irrelevantes. Muy pocos de nosotros podemos pensar lógicamente cuando nuestras emociones están profundamente involucradas, y los manipuladores lo saben perfectamente. Cuando usamos palabras cargadas de afecto, estamos introduciendo un elemento de confusión que hace casi imposible evaluar la validez de una inferencia. El pensamiento sesgado por la emoción es un pensamiento descuidado. Nos lleva a saltar a conclusiones que deseamos que sean verdaderas, o a rechazar con violencia aquellas que tememos que lo sean. Lograr la pureza en el pensar requiere disciplina: exige que detengamos el flujo de nuestra indignación, de nuestro entusiasmo o de nuestra simpatía cuando estamos en el proceso de evaluar si una conclusión se sigue de sus premisas. La interferencia de respuestas emotivas inadecuadas es el mayor obstáculo para el pensamiento democrático y racional; nos convierte en esclavos de los prejuicios del momento y destruye la posibilidad de una comprensión mutua basada en la razón compartida».
No hay argumentos, sino sucesiones de tipos airados. No hay control racional, sino bestias que creen que gritar es lo mismo que tener razón. Bienvenidas sean las palabras del Papa.
