Su ilustradísimo artículo -de filiación francesa- revela una familiaridad poco común con Pintard y la historiografía sobre el «libertinage érudit». Su idea de fondo —que la autoridad pública del cristianismo contemporáneo depende más de su capacidad para formular una ética compartible que de imponer una metafísica revelada— constituye un eje argumental coherente y perfectamente defendible; yo coincido plenamente con él.
Existe un libro maravilloso de Naudé (bibliotecario prudente y nada «abrandat»), «Apologie pour tous les grands personnages qui ont esté faussement soupçonnez de magie»(París, François Targa, 1625) La obra no es un tratado estrictamente antirreligioso, sino una demolición racionalista de las acusaciones de magia dirigidas contra filósofos, médicos y sabios. Su tesis es que las supuestas maravillas atribuidas a la magia suelen tener causas naturales o derivan de la ignorancia y la credulidad populares. Una delicia de libro. En cambio en «Considérations politiques sur les coups d’État» (París, 1639), sí aparecen los pasajes que han hecho de Naudé una figura clave para la historia del libertinismo. La lectura de René Pintard es, sencillamente, inexcusable. Para el caso concreto de Naudé la referencia «indefugible» es: Lorenzo Bianchi, «Rinascimento e libertinismo. Studi su Gabriel Naudé», Napoli, Bibliopolis, 1996.
P.S. Temo que me quedó un comentario con propensiones pedantuelas. Al igual que en el «Fedro», sus palabras aladas me inspiraron.
Muchas veces se atribuyen a Naudé frases muy radicales sobre la religión que en realidad pertenecen a otros libertinos o a compilaciones posteriores. Si lo que se busca son citas demoledoras contra el cristianismo, encontramos material mucho más explícito en Giulio Cesare Vanini («De admirandis naturae reginae deaeque mortalium arcanis», 1616), el anónimo «Theophrastus redivivus» (siglo XVII), François La Mothe Le Vayer (aunque con enorme cautela retórica) y Jean Meslier, ya en el siglo XVIII, cuya crítica de la religión es incomparablemente más feroz.
Disfruté mucho de su artículo, profesor. En una época en que el término «libertino» suele reducirse a una caricatura televisiva o a un mero sinónimo de desenfreno sexual, se agradece sobremanera un artículo que recuerde su verdadera genealogía intelectual. Se agradecen, de veras, su extrema cultura y su soberbia inteligencia.
