Cornaro 177

(Senectus mundi)

«Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome / Et rien de Rome en Rome n’aperçois, / Ces vieux palais, ces vieux arcs que tu vois, / Et ces vieux murs, c’est ce que Rome on nomme. / Vois quel orgueil, quelle ruine: et comme / Celle qui mit le monde sous ses lois, / Pour dompter tout, se dompta quelquefois, / Et devint proie au temps, qui tout consomme. / Rome de Rome est le seul monument, / Et Rome seule a vaincu Rome en fin…», Joachim du Bellay.

«Recién llegado que buscas a Roma en Roma, y nada de Roma en Roma percibes: estos viejos palacios, estos viejos arcos que ves, y estos viejos muros, es lo que llaman Roma. Mira qué orgullo, qué ruina; y cómo aquella que puso al mundo bajo sus leyes, para domarlo todo, se domó a sí misma alguna vez, y fue presa del tiempo, que todo lo consume. Roma es de Roma el único monumento, y solo Roma venció a Roma al fin..», Les Antiquités de Rome, Soneto III.

En España vemos por doquier la extensión metastásica de la corrupción, algo que arrastra inevitablemente a la ruina de las instituciones. Así se comprenderá la miseria de nuestros tiempos. La grisalla es atroz. El tufo a m… pestífero. España ha sido saqueada por Sánchez el felón, convertida en su botín, violentada y ultrajada por el PSOE. Hemos abrazado la ambición ociosa y la debilidad de carácter. Todo el mundo busca su propio provecho y nadie el bien común; por esto vemos la viscosa decadencia, las divisiones y una falta general de justicia. Una babosa o una tenia es nuestro mejor símbolo. Si miramos a nuestro alrededor, parece que el mundo está exhausto de virtud y que los hombres solo compiten en astucia, en putas, en engaño y ostentación de riquezas ilícitamente adquiridas.

«Hora novissima, tempora pessima sunt, vigilemus. / Ecce minaciter imminet arbiter ille supremus… / corrupta opinio, ius sine iustitia, lex sine lege, / cuncta retrogreda, cuncta decrepita, rege sine rege. / (…) Roma fuit potens, Roma ruit, et ruit illa superba, / non est quod fuit, est quasi flos, quasi fumus, ut herba», Bernardo de Cluny.

«Estos son los últimos tiempos, las peores horas; mantengámonos alerta. He aquí que el Juez Supremo se acerca amenazante… La opinión está corrompida, el derecho carece de justicia, la ley carece de ley; todo retrocede, todo está decrépito, el reino está sin rey. (…) Roma fue poderosa, Roma cayó, y cayó aquella soberbia; ya no es lo que fue, es casi como una flor, como el humo, como la hierba».

Daremos una posteridad agudamente asquerosa.

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