Cornaro 181

En la sección «Quadern» escribía ayer el traductor, ensayista y sabio profesor Llovet: «Lleó XIV no ha insistit gaire a dir a la gent que havia de tenir fe, que havia de creure en la divinitat de Jesucrist i en la virginitat de Maria o adorar la Santíssima Trinitat —els que no creien en aquestes matèries de fe van ser cremats de viu en viu durant uns quants segles, però ja no passa—, i s’ha limitat a divulgar entre els seus espectadors i auditoris una sèrie de conceptes d’ordre moral que per a ell tenen una base evangèlica, però per als llecs tenen a veure simplement amb el dret natural i la ius gentium: temes molt apropiats quan es parla en un país no confessional».

Llovet responde, complementa y da la clave sociológica al misterio que planteaba Juan José Millás en su columna sobre el «Papa algorítmico». Mientras Millás se asombra de la consecuencia (un Papa que agrada a todos como un espejo digital), Llovet nos revela la causa: León XIV agrada a todos porque ha sustituido los dogmas teológicos conflictivos por una ética universal e institucional. Ha bajado de los altares de la metafísica al terreno común del civismo internacional.

El Derecho Natural es una doctrina ética y jurídica que postula la existencia de derechos humanos fundados en la naturaleza humana. Afirma que existen principios morales universales (como el derecho a la vida, a la libertad, a no ser torturado o el deber de ayudar al prófugo) que son anteriores y superiores a cualquier ley escrita por los gobiernos o las iglesias. ¿Por qué une? Porque no necesitas creer en Dios, en la Virgen María o en el Corán para defender que un ser humano merece dignidad. Al apelar al derecho natural, el Papa habla un idioma que un ateo ilustrado, un budista o un católico pueden firmar por igual. El Ius gentium es un concepto nacido en el Derecho Romano para regular las relaciones entre los ciudadanos romanos y los extranjeros (peregrini), o entre los diferentes pueblos. Con los siglos (gracias a la Escuela de Salamanca con Francisco de Vitoria), evolucionó hacia el Derecho Internacional. Es el conjunto de reglas y principios que las distintas naciones y comunidades políticas aceptan para poder convivir pacíficamente, comerciar y resolver conflictos sin destruirse. Tiene que ver con la justicia global, la diplomacia y el respeto mutuo entre sociedades diversas. Cuando el Papa habla de la paz mundial, de la justicia social internacional o del cuidado de los refugiados, está usando la gramática del ius gentium, la misma que utiliza la ONU.

La metáfora tan original de Millás tiende algo (o bastante) al misticismo explicativo. Llovet aporta una explicación política y pragmática mucho más convincente. El Papa no es un espejo mágico, sino un diplomático astuto.

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