Burton 11

Hoy me levanté a las cinco y media. Después de hacer mis abluciones y tomar mi café, me demoré en mi biblioteca. No está mal. Alrededor de 25.000 volúmenes, en español, catalán, inglés y francés, principalmente, con algunos cientos de ejemplares propios de un bibliófilo pobre, una sección de unos mil libros de lógica matemática, otra de unos quinientos o seiscientos de psiquiatría y otros anaqueles surtidos de libros raros y curiosos. Deseé que, ante notario, la heredera fuese alguna entidad (universidad, diócesis, etc…), pero mis gestiones fueron infructuosas. La herederá mi hermana.

«Cuando tengo un poco de dinero, compro libros; y si me sobra algo, entonces compro comida y ropa. Mi alegría es regresar a mi habitación, cerrar la puerta y mirar mis paredes cubiertas de volúmenes. Al contemplarlos, siento que entro en un santuario donde residen los espíritus de los hombres más sabios que han pisado la Tierra. Están ahí, silenciosos, esperando mi llamada, sin juzgarme, sin pedirme nada a cambio, listos para regalarme sus secretos. Mirar mi biblioteca es contemplar la paz en un mundo lleno de caos», Erasmo.

«Entrar en la habitación y ver las paredes cubiertas de libros es como contemplar un paisaje cubierto de árboles en otoño; hay una riqueza de tonos, una promesa de refugio que calma el espíritu al instante. Cada lomo brilla con una luz propia. Al mirarlos juntos, uno siente el inmenso consuelo de la continuidad humana. Están ahí, tan pacientes, tan sólidos. Contemplar la propia biblioteca provoca una felicidad callada; es saber que, sin importar cuán hostil o frío sea el día afuera, allí dentro aguarda un banquete eterno de pensamientos, siempre dispuesto, siempre cálido», Virginia Woolf.

«La biblioteca no es solo el lugar de tu memoria, donde conservas lo que has leído, sino el lugar de tu memoria futura, donde guardas lo que vas a leer cuando lo necesites. Al contemplar mis estanterías, no siento la soberbia del que sabe mucho, sino la deliciosa paz del que se sabe rodeado de posibilidades. Esos miles de libros que aún no he abierto son mis mejores guardianes: me recuerdan lo infinita que es la curiosidad humana. Mirar mi biblioteca por la noche es como mirar un mapa del tesoro donde cada lomo es una ruta hacia lo desconocido; me da la hermosa tranquilidad de saber que nunca, mientras viva, estaré aburrido», Umberto Eco.

«Contemplar la biblioteca de casa es contemplar un bosque que hemos plantado nosotros mismos, árbol a árbol, libro a libro. Hay una alegría íntima y misteriosa en mirar esas hileras donde conviven autores que jamás se conocieron en la vida real, pero que ahora dialogan en nuestras paredes gracias a nuestro capricho de lectores. Cuando me detengo a observarlos, siento que la arquitectura de la casa cambia: las paredes dejan de ser de ladrillo y pasan a ser de ideas, de sueños, de geografías lejanas. Una biblioteca propia es el mapa de nuestras pasiones y de nuestras búsquedas; mirarla es recordar quiénes somos y sentir el inmenso alivio de estar a salvo, arropados por las palabras», Irene Vallejo.

Deja un comentario