Burton 12

Ayer fui a la Biblioteca Pública de Ourense Nós. Tomé en préstamo una edición y selección de los «Diarios» de André Gide por parte de Laura Freixas, los tres volúmenes de Tusquets de la autobiografía de Baroja, «Desde la última vuelta del camino», los Diarios 2018-2020 (los últimos que escribió), «Evocaciones y presencias», de Jiménez Lozano (libro que me «cruspí» ya por la tarde-noche), dos dietarios de Miguel Sánchez-Ostiz, «Idas y venidas» y «Vivir de buena gana», y, por último, «Hitch-22», la lúcida autobiografía del gran polemista e intelectual Christopher Hitchens. Me apenó ver que en la biblioteca prácticamente ningún estudiante consultaba o leía libros, sino que todos estaban embebidos con sus «gyns» tecnológicos. Fue una mañana bonita, un día feliz de luz zodiacal.

A veces pienso que el cielo debe ser una biblioteca continua e interminable, donde el tiempo no corre y las luces nunca se apagan. Hay una complacencia profunda, un deleite casi físico, en caminar entre los pasillos, pasar los dedos por los lomos gastados y sentir el olor a papel viejo y sabiduría acumulada. Estar en una biblioteca es la forma más pura de libertad: nadie te interrumpe, nadie te exige nada; estás a solas con el universo entero condensado en estanterías de madera. Un día feliz de luz zodiacal y oxigenada.

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