Burton 13

El fútbol es la cháchara elevada al cuadrado. El ciudadano ya no discute sobre la gestión de la educación (urge un debate público al respecto) o la política fiscal o las condiciones necesarias de la democracia, sino sobre lo que el árbitro debería haber visto o lo que el entrenador debería haber decidido. El discurso deportivo es la parodia de la discusión política; ofrece la ilusión de la participación democrática y del debate apasionado, pero sobre un objeto completamente inane e irrelevante. Es el mecanismo perfecto de los sistemas de poder: mantener a la población ocupada e indignada por un fuera de juego para que no miren hacia donde se toman las decisiones reales. Pan y circo.

Pero yo no quiero ser adulto y racional. Deseo recuperar mi infancia (con papá siempre íbamos al Camp Nou a ver el Barça, y papá, un hombre frío y nada empático, se mostraba inusualmente calido), ser otra vez un niño en la cancha soñando con marcar el gol decisivo en el último minuto. Vivir bajo la certeza trágica de que podemos perder, bajo la euforia apasionada de que podemos ganar. Gozar con un astro que gambetea a medio equipo rival, con un gol de volea que se incrusta perfecto en la escuadra. La inteligencia es recta y directa, algo cartesiana. Me quedo con las parábolas calientes del balón.

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